La Ciencia Política en México, a pesar de ser una disciplina que adquirió un status importante prácticamente en los mismos años en que ésta iniciaba a nivel mundial a consolidarse como una verdadera y propia Ciencia, es todavía poco valorada. México es uno de los grandes países de América Latina que no cuenta con una Asociación de Ciencia Política. Existió, y quien sabe si existe todavía, un denominado Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública, pero que como muchas otras organizaciones, coptada por estudiosos afines al PRI, sólo era un trampolín para ingresar a la alta burocracia en el país. Bajo ciertas presidencias tuvo una relevancia académica, pero dependió en mucho de las personas que encabezaron la organización y no tanto por el gremio en sí.
En 1950 se fundó en la UNAM la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, y un año después la Licenciatura en Ciencia Política propiamente. Pero la época impulsaba ciertas tendencias, y la Universidad en México se veía, y hoy se considera más, como una institución que debe crear recursos humanos para el mercado laboral. La Ciencia en sí misma sólo ha sido, dentro de la instituciones universitarias, una labor de una élite -utilizando el término en sentido positivo. Es por ello que a la carrera de Ciencia Política (CP) se le agregó el plus de ‘Administración Pública’. Éste modelo de programa de Licenciatura fué copiado casi literalmente por otras universidades públicas y privadas, como en la Autónoma de Nuevo León y en la Iberoamericana. Si bien el estudio de la Administración Pública (AP) es una subdisciplina de la CP, en México se ha tratado de afirmar, con poco éxito, que “es una ciencia en sí misma”. Quizá esta tendencia tuvo su origen en tratar de emular la tradición de estudios de ésta disciplina que se creó en escuelas como la École Nationale d’Administration en Francia. En síntesis, la CP se desarrolló arrastrando un apéndice disciplinario. Si a eso le sumamos que a pesar de existir ya desde los años 50’s una clara diferenciación entre Ciencia Política, Teoría Política y Filosofía Política, esta no fué siempre bien delimitada, incluso los trabajos empíricos no eran bien apreciados -y en muchos casos lo siguen siendo. Ello se debió en mucho a la fuerte influencia que ejercía el marxismo como ‘paradigma’ dominante en la Universidad. Sólo basta echar un ojo a los programas de Licenciatura entre los años 60’s y finales de los 80’s: Seminario del Capital I, II,…VI ! (era como estudiar Teología Marxista), materias como Historia de México se llamaban Formación Social Mexicana, o en las materias de Economía la base eran los textos marxistas (algunos profesores incluso hoy todavía se resisten a la pluralidad de otras perspectivas).
La CP no se concebía como una ciencia independiente, por ello en muchos estudios y trabajos de la época no se distinguía entre sociología, historia y filosofía. Si bien ello no era exclusivo de la CP mexicana, si era muy marcado seguir las ideas de sociólogos antes que de los politólogos, y estudiar más a los sociólogos y filósofos franceses que a los teóricos y cientistas americanos. -Guste o no, la CP contemporánea se consolidó por el impulso que se generó en EUA, ya sea por los mismos estadounidenses o europeos que laboraban y laboran en universidades americanas-.
Los pocos trabajos realmente politológicos eran pocos, a pesar de que desde 1955 se fundó la Revista de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales (hoy Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales), por ello un libro como “La Democracia en México” de González Casanova (1963) se convirtió en un clásico, y hoy su lectura es indispensable para comprender el sistema político de la época, (no obstante se considera un estudio sociológico), la misma suerte tuvo “El sistema político mexicano” de Daniel Cosío Villegas -más un ensayo que una análisis empírico-.
No hay duda que la Ciencia Política al inclinarse hacia la Democracia como objeto de estudio, y dejar el estudio del Poder en la Teoría y Filosofía políticas (haciendo caso a Weber, quizá) desarrolló instrumentos analíticos centrados en dicha forma de gobierno. Si México no era una democracia en el sentido estricto, difícilmente se podía desarrollar una ciencia que en otros países había creado instrumentos analíticos centrados en la dinámica de ésta forma de gobierno. Pero quizá el obstáculo más importante era la ideologización de la disciplina, por ello la CP que se hacía -quienes se atrevían hacerla fuera de los cánones ideólogicos eran pocos- era poco conocida.
Hoy la situación es diferente. En 1975 apenas dos universidades públicas ofrecían el programa de Licenciatura en Ciencia Política, para 2007 eran 21 universidades entre públicas y privadas. Es una Ciencia que poco a poco se ha ido ganando su lugar, pero se enfrente a otro dilema. Ya no son las posturas ideológicas profundas las que se dirimen a su interior, hoy, al igual que en casi todo el mundo, la CP en México se encuentra en el debate metodológico -que en estricto sentido no existe- entre cuantitativistas y cualitativistas. Si bien es un debate absurdo, porque algunos fenómenos se prestan mejor a cierto tipo de análisis que otros, y la mayoría de los “buenos” estudios politológicos son eclécticos, el ‘debate’ tiene un impacto en la academia. Se han creado centros de CP al -mal- estilo americano, dónde se tiende a hacer CP ‘a la americana’ y sus profesores se jactan con arrogancia de haber estudiado en las “mejores” universidades estadounidenses, como si eso fuera garantía para ser un buen científico. La CP en México se hace así en diversas ‘islas’ ideológico-metodológicas: si no se comparte la ideo-metodología, es imposible acercarse a esos centros, o publicar en sus revistas.

Un ejemplo de ello es la revista Política y Gobierno del CIDE , que inicialmente tendía a publicar artículos de diversa naturaleza metodológica. Pero en los últimos años, con el afán de hacerse más ‘científica’ (?) ha tendido a publicar más artículos de carácter cuantitativo que cualitativo, entrando en el absurdo camino tendencial de preferir sólo cierto tipo de artículos sobre otros sólo porque utilizan métodos estadísticos y rechazar aquellos que no. Seguramente los editores no lo reconocerían pero es una tendencia que se observa por sí misma.
Los textos más interesantes que últimamente han tratado el desarrollo de la Ciencia Política en México son:
José Antonio Aguilar Rivera, El enclave y el incendio, Nexos, Enero, 2009.
Soledad Loaeza, La ciencia política. El pulso del cambio mexicano, Revista de Ciencia Política, 25 (1), 2005.
Alejandro Villagomez y Jennifer Farías, Análisis de la evolución de la matrícula de las licenciaturas en ciencia política y administración pública en México: 1974-2007, Política y Gobierno, XVI (2), 2009.
Así como en la revista Andamios, 6 (11) de la UACM, Agosto 2009.