El peso de la derrota ¿a dónde van los ex-candidatos presidenciales?

Los sistemas presidenciales se caracterizan por tener elecciones de suma cero, es decir, el que gana se lleva todo. Es natural porque los sistemas son de mayoría (relativa o absoluta con segunda vuelta), donde los restos no cuentan, no tienen representación, se desperdician. En las campañas electorales por alcanzar la presidencia, partidos y candidatos invierten esfuerzos políticos, monetarios, humanos, etc., pero al final solo uno ganará. Perder una elección presidencial puede significar para muchos políticos el fin de su carrera, en cambio, otros utilizan la exposición pública para mantener viva su carrera. Empero pesará sobre ellos la imagen de candidato perdedor. No es lo mismo ser el perdedor que quedó en segundo lugar ó el tercer lugar, o un perdedor que por el simple hecho de competir en la elección presidencial pasará a la historia como uno de los candidatos.

Perdedores 1

En México (1994-2018) el número de candidatos no ha sido muy elevado, salvo el caso de la elección de 1994. Dominan los hombres como candidatos, pero se ha mantenido la presencia de al menos una candidata, con excepción del año 2000. Cabe recordar que en el año 1994, se presentaron dos candidatas mujeres, una de ellas con una amplio historia familiar en la política. Los partidos han optado por participar en coalición, lo que implica que el impacto de la la derrota se centra en el candidato. Lo cual es mayormente significativo cuando el partido pierde el registro, como sucedió con el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), el Partido de Centro Democrático (PCD) y el Partido Democracia Social (DS) en el año 2000. Pero mientras para los dos primeros significó su desaparición, para el tercero supuso el lanzamiento de la socialdemocracia en el país, apareciendo como un partido nuevo en el 2003. Para las elecciones de 2012 y 2018 dejan de aparecer los “partidos plataforma”, como el PCD en el 2000 o el Socialdemócrata en el 2006, centrados en el candidato presidencial. La novedad del 2018 el es “partido movimiento”, centrado en el candidato presidencial (líder carismático en el sentido weberiano) pero con una amplitud que permea otros cargos: gobernadores, legisladores y presidentes municipales, pero la estructura gira en torno del líder-candidato-presidencial, sin posibilidad de que los seguidores sobresalgan si no es por la gracia del dirigente carismático.

Un número importante de ex-candidatos se mantienen en la política partidista y se postulan para otros puestos de elección: Cárdenas perdió en 1994, pero en 1997 ganó la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México; Diego Fernández perdió en 1994 pero se convirtió en Senador en el año 2000; Francisco Labastida perdió en el año 2000, pero en el 2006 fue elegido senador. Manuel Camacho perdió en el año 2000 y fue postulado a diputado en 2003, y fue senador en 2012.

Otros candidatos perdedores se mantienen en la política sin optar de nuevo por cargos de elección, Muñoz Ledo renunció a su candidatura a favor de Vicente Fox en el año 2000 y hoy es cercano a López Obrador, Rincón Gallardo se mantuvo activo en la política hasta su muerte, y Cecilia Soto ha trabajado en los medios y como funcionaria. Josefina Vázquez Mota, a pesar de haber perdido, en parte por las pugnas al interior de su partido y el nulo apoyo del grupo del entonces Presidente en turno, Felipe Calderón, se ha mantenido en la política pero volvió a acumular otra derrota en 2017 al quedar en cuarto lugar en la elección de gobernador del Estado de México.

El caso quizá más interesante es el del candidato que una vez derrotado es exiliado de la política por sus propios correligionarios. Roberto Madrazo tiene una historia similar a la del actual (2018) candidato del PAN Ricardo Anaya. Logró imponerse como presidente de su partido y luego como candidato del PRI. Pero en su ambición por ser candidato polarizó a los miembros del partido, que se mantuvieron unidos mientras fue candidato, pero una vez que perdió, desapareció prácticamente de la política.

Perder una elección presidencial no es el fin de una carrera política, pero es claro que las cosas no volverán a ser iguales, ni mejores. La derrota pesará como una loza durante el resto de su carrera.

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¿Para que sirve un debate?

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Decía Cicerón en De la Invención retórica, que la habilidad de la retórica o elocuencia, es un oficio que tiene por objeto decir las palabras adecuadas para persuadir, sin olvidar que puede ser tanto para un bien como para un mal. Cicerón señalaba que la sabiduría sin elocuencia estorba igual a los hombres como a las ciudades. La elocuencia trata de persuadir a los hombres a que cambien su naturaleza o sus costumbres. Pero en las grandes ciudades, pueden aparecer hombres incultos que mienten en sus discursos, y pueden aparecer como superiores a los veraces. Así las repúblicas se han corrompido por aquellos que perversamente violaron el don de la elocuencia. Pero también su estudio y práctica debiera ser una actividad honrosa porque los malos por mucha elocuencia que tengan nunca podrán superar a los buenos.

Max Weber por su parte, consideró que en las sociedades modernas más que nunca la política se hace cada vez de cara al público, y con los medios de comunicación actuales -la radio, la televisión y la internet- el público se desdobla en el espacio y en el tiempo. El medio del político es entonces la palabra, y su buen uso político con la lucha y la pasión. Pero la demagogia siempre está presente, pues es una fuente de convencimiento de los políticos, pero también es la raíz de la degradación de la democracia.

Técnicamente un debate político entre quienes desean alcanzar un cargo público debería permitir a los electores observar en los políticos su capacidad de persuadir, de tratar de cambiar nuestra percepción sobre la política, sobre el gobierno y los problemas públicos. Pero un político que solo habla frente a una cámara sin confrontación, sin contraste de ideas, sin comparación, es simplemente un demagogo. ¿Es posible distinguir la calidad de un político respecto de otro si todos se someten a un formato que los homogeneiza? La retórica del buen político debería imponerse sobre aquella del mal político si las palabras fluyen ¿Cómo podemos distinguir esa capacidad oratoria cuando se permite que el peso de las inercias burocráticas se impongan sobre aquello que debería?

Estos son los problemas de la organización de debates entre candidatos en las elecciones de 2018 que prácticamente todas las instituciones electorales (nacional y locales) de México han repetido como si fuera un acuerdo general: estandarizar, homogeneizar, burocratizar, limitar, imponer temas y sometimiento de la capacidad oratoria. El diseño de los debates electorales en México pondría a Max Weber contento (o triste, depende) por ver cumplida su profecía de la tendencia burocratizadora de las actividades humanas, y más aún, del autosometimiento a la estandarización en pro de la democracia. Algo tremendamente inaudito y sobrecogedor.

La posibilidad de observar y evaluar en su hábitat a los políticos que desean el voto de los ciudadanos deberían ser precisamente los debates. La solución por supuesto que no es burocrática no estandarizadora, sino que podría estar inspirada en la lógica de los Hermanos Marx o si desean de la pluma de Jorge Ibargüengoitia: lanzarlos a un ruedo, y que libremente hablen, se confronten, se comparen. Que se muestren como son a los ciudadanos. Un debate no es para proponer ideas y soluciones, eso se hace en el programa del partido ó el candidato y se promueve en las campañas. Un debate no es declarar buenas ideas, sino de desenmascarar las malas. Ojalá y reaccionemos pronto.

Incertidumbre y democracia

La democracia es un régimen que se caracteriza entre otras cosas por la libertad de los ciudadanos para elegir a sus gobernantes y el control de éstos por las leyes. Pero a la democracia se le exige mucho: además de las libertades, también se le exige mejores condiciones sociales, crecimiento económico, seguridad, educación, etc. Cumplir esas exigencias no es cosa fácil, y las democracias que lo han conseguido en cierto grado, lo han hecho a partir de procesos de larga duración. Ninguna democracia ha logrado satisfacer las exigencias de los ciudadanos de la noche a la mañana. Y tampoco ninguna democracia ha logrado satisfacer todas las exigencias. Siempre hay nuevas exigencias, y las que se creían superadas vuelven a aparecer.

México no es un país que se caracterice por ser una democracia estable. Cuando lo está logrando las exigencias se profundizan, nacen nuevos problemas a la par de los ya existentes, algunos más graves que otros. Es quizá esta necesidad que tienen los ciudadanos de ver cumplidas sus exigencias de manera casi inmediata, que durante los procesos electorales sobre todo lo relacionado con la presidencia, que una gran parte de los mexicanos vuelcan sus expectativas en una persona. El candidato presidencial se convierte en una especie de tótem salvador. Se le perdona todo mientras está en campaña y se cree ciegamente en sus propuestas.

Pero así como se le alaba en campaña, así  cuando gana y apenas toma el poder, en poco tiempo se desmorona ese idealismo. Lo más interesante de la sociedad mexicana es que no discierne o lo hace poco, y los que transmiten las ideas, opinólogos, comentócratas y demás, poco revisan la historia, y cuando la hacen la interpretan a modo. Siendo que una gran parte de los nuevos electores gustan de guiarse por las imágenes, he aquí algunos ejemplos de los antes y después, que nos enseñan que el futuro siempre es incierto, y lo es más en las democracias:

En Noviembre de 1993, es “destapado” Luis Donaldo Colosio como candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de México. La inercia del régimen era tal, que una publicación ya lo señalaba como el seguro Presidente para el periodo 1994-2000. Así lo presentaba en primera plana en un tiraje casi inmediato apenas conocida su postulación.1994 Colosio

Nadie imaginaba que sería asesinado en 1994, apenas cuatro meses después, su campaña no “levantaba”, pero también con tal de acercarse del voto de los inconformes, su discurso se alejó de la versión gubernamental del triunfalismo.

1994_2 Colosio

En 1998, dos años antes de las elecciones de julio del 2000, Manuel Bartlett Díaz, priísta de larga carrera, acusado de orquestar el fraude de 1988 cuando fue Secretario de Gobernación con Carlos Salinas de Gortari, se presentaba como el futuro candidato del PRI a la presidencia, con una postura contra los neoliberales dentro de su partido, cosa que nunca renegó mientras estuvo con Salinas. No fue 1998candidato, y en pocos años se integró al Partido del Trabajo (PT), el cual se dice fue creado en 1990 por el presidente Carlos Salinas con los recursos que le daba la famosa “partida secreta” un recurso económico con el cual los presidentes podrían contar sin necesidad de rendir cuentas a nadie; el PT fue creado con el objetivo de fragmentar el voto de la izquierda, y en específico para “golpear” al Partido de la Revolución Democrática (PRD) que en ese entonces contaba entre sus líderes a Cuauhtémoc Cárdenas. Hoy Manuel Bartlett es un aliado de Andrés Manuel López Obrador. Y el PT es un partido que estuvo a punto de desaparecer, sobrevivió gracias al apoyo de la estructura del PRD, pero no tardó nada en traicionarlo.

 

 

En el año 2000, Vicente Fox atrapó el voto de todos los inconformes con el sistema priísta. 2000_FoxEn la noche del 2 de julio del 2000, el grito que sus seguidores coreaban en el Ángel de la Independencia frente a él fue “¡No nos falles!”. Hoy ya sabemos que si les falló. Fox. al igual que Andrés Manuel López Obrador dividía a los electores entre buenos y malos. Buenos si estaban con él, malos si no.

 

2000 Fox_2

En esos años, un gran número de opinólogos daban por “muerto al PRI”, empero, doce años después regresó. Nada está escrito en las democracias. 2012_PRI

Durante el primer año de gobierno, Enrique Peña Nieto gozaba de amplia popularidad, pero terminó siendo el presidente que más repudio genera según las encuestas de percepción del desempeño presidencial, 2014_Peñaincluso con menor apoyo que Felipe Calderón en su último año de gobierno.

 

 

 

 

En 2005, Hugo Chávez gozaba de salud, y era un líder en la región latinoamericana, no se vislumbraba que se reelegiría por dos periodos más, pero tampoco nadie imaginaba que moriría legando la presidencia a un líder incompetente y autoritario. 2005_Chavez

 

 

 

 

 

Barak H. Obama llegó a la presidencia de los Estados Unidos en 2008; significó romper la barrera racial en una de las democracias de más larga data en el mundo, solo después de Inglaterra. Nadie imaginaba que 8 años después su partido perdiera la presidencia frente a un candidato racista. 2008_Obama

 

 

Incertidumbre y democracia

La democracia es un régimen que se caracteriza entre otras cosas por la libertad de los ciudadanos para elegir a sus gobernantes y el control de éstos por las leyes. Pero a la democracia se le exige mucho: además de las libertades, también se le exige mejores condiciones sociales, crecimiento económico, seguridad, educación, etc. Cumplir esas exigencias no es cosa fácil, y las democracias que lo han conseguido en cierto grado, lo han hecho a partir de procesos de larga duración. Ninguna democracia ha logrado satisfacer las exigencias de los ciudadanos de la noche a la mañana. Y tampoco ninguna democracia ha logrado satisfacer todas las exigencias. Siempre hay nuevas exigencias, y las que se creían superadas vuelven a aparecer.

México no es un país que se caracterice por ser una democracia estable. Cuando lo está logrando las exigencias se profundizan, nacen nuevos problemas a la par de los ya existentes, algunos más graves que otros. Es quizá esta necesidad que tienen los ciudadanos de ver cumplidas sus exigencias de manera casi inmediata, que durante los procesos electorales sobre todo lo relacionado con la presidencia, que una gran parte de los mexicanos vuelcan sus expectativas en una persona. El candidato presidencial se convierte en una especie de tótem salvador. Se le perdona todo mientras está en campaña y se cree ciegamente en sus propuestas.

Pero así como se le alaba en campaña, así  cuando gana y apenas toma el poder, en poco tiempo se desmorona ese idealismo. Lo más interesante de la sociedad mexicana es que no discierne o lo hace poco, y los que transmiten las ideas, opinólogos, comentócratas y demás, poco revisan la historia, y cuando la hacen la interpretan a modo. Siendo que una gran parte de los nuevos electores gustan de guiarse por las imágenes, he aquí algunos ejemplos de los antes y después, que nos enseñan que el futuro siempre es incierto, y lo es más en las democracias:

En Noviembre de 1993, es “destapado” Luis Donaldo Colosio como candidato del PRI a la presidencia. La inercia era tal, que ésta publicación ya lo señalaba como el seguro presidente para el periodo 1994-2000. 1994 Colosio

Nadie imaginaba que sería asesinado en 1994.

1994_2 Colosio

En 1998, dos años antes de las elecciones del 2000, Manuel Bartlett, priísta de larga carrera, acusado de orquestar el fraude de 1988, se presentaba como el candidato del PRI a la presidencia con una postura contra los neoliberales dentro de su partido. No fue 1998candidato, y en pocos años se integró al Partido del Trabajo, un partido que se dice fue creado por el presidente Salinas con los recursos que le daba la famosa “partida secreta” con la cual contaban los presidentes, y con el objetivo de fragmentar el voto de la izquierda. Hoy Bartlett es un aliado de Andrés Manuel López Obrador. Y el PT es un partido que estuvo a punto de desaparecer, sobrevivió gracias al apoyo de la estructura del PRD, pero no tardó nada en traicionarlo.

 

 

En el año 2000, Vicente Fox atrapó el voto de todos los inconformes con el sistema priísta. 2000_FoxEn la noche del 2 de julio del 2000, el grito que sus seguidores coreaban en el Ángel de la Independencia frente a él fue “¡No nos falles!”. Hoy ya sabemos que si les falló. Fox. al igual que Andrés Manuel López Obrador dividía a los electores entre buenos y malos. Buenos si estaban con él, malos si no.

 

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En esos años, un gran número de opinólogos daban por “muerto al PRI”, empero, doce años después regresó. Nada está escrito en las democracias. 2012_PRI

Durante el primer año de gobierno, Enrique Peña Nieto gozaba de amplia popularidad, pero terminó siendo el presidente que más repudio genera según las encuestas de percepción del desempeño presidencial, 2014_Peñaincluso con menor apoyo que Felipe Calderón en su último año de gobierno.

 

 

 

 

En 2005, Hugo Chávez gozaba de salud, y era un líder en la región latinoamericana, no se vislumbraba que se reelegiría por dos periodos más, pero tampoco nadie imaginaba que moriría legando la presidencia a un líder incompetente y autoritario. 2005_Chavez

 

 

 

 

 

Barak H. Obama llegó a la presidencia de los Estados Unidos en 2008; significó romper la barrera racial en una de las democracias de más larga data en el mundo, solo después de Inglaterra. Nadie imaginaba que 8 años después su partido perdiera la presidencia frente a un candidato racista. 2008_Obama

 

 

En defensa de la tesis y en contra de la universidad como expendedora de títulos

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Existe una tendencia en las universidades a eliminar la tesis como requisito para obtener el grado de licenciatura, y en algunos casos también para obtener la maestría. Esta lógica está convirtiendo a las universidades en meras expendedoras de títulos, pues se ha instalado la práctica de favorecer la “eficiencia terminal”, es decir, si ingresan 100 que egresen 100, no importa cómo. Por lo tanto se reblandecen los criterios de evaluación, a los alumnos ya no se les trata de enseñar a que desarrollen conocimiento, sino que adquieran competencias (se les enseña la técnica, pero no los porqués de la técnica ni de dónde deriva, si es buena o mala, etc.).

Los profesores ya no imparten cátedra (tratar ideas, cuestionar criterios, construir teorías), son meros facilitadores, un mero enlace entre lo que debe saber el alumno. De allí que las universidades se estén llenando de profesores por pasatiempo, es decir, que se ven en la docencia porque les da prestigio, no porque sepan algo realmente importante; enseñan la práctica, pero no se cuestionan si lo que practican es importante, correcto, relevante y trascendente. No se debe olvidar que las ideas preceden a la acción, nunca al revés.

Se considera que los conocimientos universitarios se pueden reducir a responder a un examen estandarizado (matemáticamente implica que se trata de un promedio a la baja, no de exigencia a la “alta”), por lo que ahora las universidades están constreñidas a que sus egresados se titulen –en el caso mexicano- por medio del examen CENEVAL. Los efectos inmediatos han sido precisamente que ahora las universidades tienen muchos egresados, pero son efectos artificiales y por lo tanto a futuro tendrán efectos sobre la calidad de la educación (en las universidades) y en el desempeño (en las profesiones). Se trata de crear “licenciados” para el mercado laboral, no para la ciencia.

Silenciosamente ha ganado el neoliberalismo. Éstas prácticas no han nacido per se dentro de las universidades, sino que los gobiernos las han obligado aprovechando la masa acrítica que existe en muchos países. Esta es la lógica del subdesarrollo, que desprecia la creación de conocimiento –que por esencia nace en las universidades- para convertir a los egresados en técnicos con título universitario.

¿Porqué titularse con un trabajo escrito, con una tesis, es mejor?, además de lo ya dicho implícitamente, existen más ventajas, sobre todo para los alumnos:

  1. Pasar por las aulas universitarias no debe reducirse a salir de ella abriendo simplemente una puerta. Elaborar una tesis demuestra que se adquirió conocimiento, que se sabe plantear una pregunta, que se sabe investigar y que se sabe escribir, eso es lo que se aprende en las universidades. Estas competencias, no son simples como parecen.
  2. Una tesis obliga a tener un criterio propio, un símbolo de madurez intelectual. Al escribir, al expresar nuestras ideas de manera clara, precisa, con método y teoría, desarrollamos la capacidad de análisis y consecuentemente de resolver problemas. Un examen estandarizado, por el contrario, apela a boicotear la capacidad de sobresalir, un miedo que está presente en todos los seres humanos. (Véase:El síndrome de Solomon )
  3. Se me dirá que el promedio universitario, derivado de las buenas calificaciones a lo largo de los años en las aulas universitarias es suficiente para evaluar la ideoneidad para obtener un título. Nada más falso, un buen promedio bien puede reflejar la buena calidad de un estudiante, pero no sabemos si fue solo por “cumplir” o por desarrollar criterio propio. Además en cuatro o cinco años el alumno pudo obtener buenas notas con profesores exigentes pero también con los mediocres. Un alumno que obtuvo buenas notas en las aulas, desarrollará con mejor éxito entonces una tesis, y ese conocimiento tendrá mayor valor que un simple promedio. Un buen alumno que mantuvo un promedio a lo largo de su carrera, querrá sobresalir mucho más, y elaborar una tesis lo pondrá por encima de los otros muchos que también tuvieron buen promedio, pues habrá de desarrollar sus propias ideas, demostrar que sabe y puede escribir sobre las materias que supone reflejan el título al que aspira.
  4. Si la educación básica (primaria y secundaria) y media superior (bachillerato) fuera de calidad, quizá en México y en Latinoamérica las universidades pudieran señalar como una opción la tesis. Empero, sabemos que los esfuerzos por mejorar la educación en esos niveles son recientes, y aún se arrastran muchos déficits. Y ello se nota en el nivel de muchos alumnos que llegan a las universidades. Se ha favorecido el aprendizaje por competencias por encima del saber por el saber. Los alumnos son buenos ahora para obedecer, no para cambiar al mundo. Al elaborar una tesis, los alumnos pueden demostrar que han superado las carencias de la educación que recibieron, y que además pueden proponer, que saben analizar, que saben sintetizar ideas, entre otras posibilidades.
  5. Para ingresar a un buen posgrado que mejor carta de presentación que una tesis. No es suficiente por supuesto, pero es más que las simples recomendaciones y las buenas calificaciones. Sobre todo, para quien desee hacer un buen Doctorado, es imprescindible tener una tesis. De otra manera pueden frustrarse, pues el doctorado no es un simple grado, es una habilitación para la investigación, y el gusto por ésta actividad intelectual nace precisamente del hacer una tesis (o por el contrario, haciendo una tesis uno se da cuenta que no es lo suyo).
  6. Finalmente, una tesis permite generar conocimiento, por muy pequeño que sea, siempre será una muestra de la existencia de que las ideas (lo que nos diferencia del resto de los animales) son las que nos hace humanos.

Universitario, universitaria: preocuparse de si alguien leerá tu tesis es irrelevante, con que sepas que son tus ideas, que tu la escribiste, que es una muestra que pasaste por la universidad, que nadie te regaló el título, es una satisfacción que nadie te va a quitar.

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La burocratización de la ciencia ó como hacer que la actividad científica se atrofie

La actividad científica es una tarea que pocos anhelan; dedicarse profesionalmente al desarrollo de la ciencia es una vocación. Ni los incentivos ni los beneficios personales para dedicarse a éstas tareas son materiales; pero, si hay ganancias, son las únicas que se distribuyen de manera amplia e impersonal, pues benefician a sociedades enteras. Es una verdad que los países más desarrollados, pero sobre todo aquellos que tienen mejor calidad de vida, son dónde la actividad científica es socialmente reconocida, por lo que la inversión social (pública y privada) en tales actividades es sustancialmente mayor que en aquellos países dónde la ciencia es menospreciada, incomprendida y/o subvalorada.

En México, según la “Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología” (Enpecyt) de 2015: poco más del 70% de los encuestados señalaron que los mexicanos creen más en la fe que en la ciencia; casi el 50% cree que el desarrollo tecnológico origina una manera de vivir artificial y deshumanizada; más del 75% cree que la homeopatía, la acupuntura y la quiropráctica son medios adecuados para el tratamiento de enfermedades; el 40% cree que algunas personas tienen poderes psíquicos; y casi el 50% cree que los científicos son peligrosos debido al conocimiento que poseen. A pesar de éstos datos, casi el 80% confía en los científicos que trabajan en las universidades y centros de investigación públicos y privados, y casi en la misma medida confían en los médicos, en los escritores e intelectuales; muy por arriba de los líderes religiosos y políticos que tienen más del 70% de desconfianza.

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La información de la “Enpecyt” muestra que en México existe un desconocimiento de lo que hacen los científicos, a pesar de que son bien valorados. Unas de las tareas que deberían ampliarse son las actividades de divulgación. Si la sociedad paga de manera indirecta a través de sus impuestos las actividades científicas, igualmente debería estar más informada de tales actividades y sus resultados. Empero vivimos en un mundo al revés: el gasto público federal para la ciencia, tecnología e innovación que se distribuye en diversas instituciones, incluido el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), se ha reducido aproximadamente un 3% cada año desde 2010; empero el presupuesto para partidos políticos y las instituciones electorales no ha dejado de crecer a pesar del descrédito que padecen, por no hablar de su ineficiencia en una tarea que debería ser menos compleja.

En éste contexto, el Conacyt decidió modificar la plataforma electrónica del Currículum Vitae Único (CVU) que deben llenar año con año todos los investigadores y alumnos de posgrado que reciben recursos gestionados por dicha institución. En su mensaje institucional, el Conacyt se jacta de facilitar la captura de información porque elimina la captura libre. Es sorprendente el nivel de ignorancia de la actividad científica de quienes elaboraron y aprobaron el funcionamiento de ésta nueva plataforma: supone de manera acrítica que los índices Thompson y Scopus son los únicos referentes de la buena ciencia, y en su afán de “seguir estándares internacionales” borraron con un teclado un número significativo de instituciones científicas importantes en las cuáles muchos científicos se han formado pero que los burócratas del Conacyt desconocen. El 10 de julio un grupo de investigadores del CIESAS envió una carta al director del Conacyt señalando las inconsistencias de esa nueva plataforma que no hace más que aumentar el burocratismo al que está sometida la comunidad científica del país, en resumen, los investigadores del CIESAS señalan que esos criterios no son idóneos para dar cuenta de la actividad científica al rigidizar y homogeneizar una actividad que es precisamente heterogénea y abierta para obtener buenos resultados.

Para quienes no están familiarizados con la actividad científica quizá sea un nimiedad “quejarse” por el cambio de una plataforma, empero no lo es. Más aún, en las universidades públicas estatales las tareas científicas están hiperburocratizadas al grado que es factible afirmar que un profesor-investigador pasa igual tiempo o más llenando formatos que investigando ó dedicándose a las actividades de docencia y divulgación: oficios para solicitar un aula para una conferencia, para pedir apoyos para asistir a un congreso, para recursos para publicar un libro, etc., y por lo regular a una ó dos instancias dentro de la misma institución. Casi todos los investigadores deben dedicar tiempo y esfuerzo a llenar al menos tres plataformas que no son compatibles y que tienen estándares diferentes entre una y otra, en las cuáles deben capturar sus actividades de docencia, investigación, divulgación y actividades administrativas, si las tienen.

I) El CVU del Conacyt, que ha sido objeto de varias críticas ya desde su creación, por la rigidez con la que está conformado. Ésta plataforma funciona esencialmente para tres objetivos: para evaluar a los investigadores que desean ingresar al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), a los alumnos que desean estudiar un posgrado con financiamiento del Conacyt y, a los investigadores o grupos de investigación que participan para obtener fondos para financiar proyectos de investigación básica o aplicada. Pero el SNI es como la cárcel, muchos de los que están no deberían estar, y viceversa, muchos no están y deberían de estar. ¿Porqué? La hiperburocratización del CVU del Conacyt y del proceso de evaluación abre muchas ventanas de oportunidad para la deshonestidad intelectual. Con tal de no perder la membresía y el estímulo, se han generado prácticas para engañar al sistema: libros coordinados sin verdadera coordinación, duplicación de publicaciones sin mejoras entre una y otra, constancias ad hoc para aumentar el curriculum, titulación de alumnos de posgrado con bajos estándares con tal de mantener los índices de titulación, etc. Lo más patético son los casos de seudoinvestigadores que han llegado a las instancias judiciales porque no logran la membresía en el SNI. La razón: la evaluación a través del CVU se ha convertido en una especie de álbum de colección, suponiendo que el que tiene más “estampitas” es mejor investigador, lo cual es falso. La homogeneización puede fortalecer este tipo de prácticas porque sigue fomentando el número sobre la calidad, y confunde la calidad con los indicadores bibliométricos. Un libro o artículo también puede ser citado porque es malo, para alertar a la comunidad científica a no leerlo o seguirlo por sus malos resultados, pero el indicador no valora ello.

II) La plataforma del Currículum del Programa para el Desarrollo Profesional Docente, para el Tipo Superior (PRODEP, antes PROMEP), que apoya a los profesores de tiempo completo en su integración a las universidades, para desarrollar proyectos de investigación, para solicitar recursos para hacer un posgrado entre otras a nivel individual, pero también para registrar las actividades de los Cuerpos Académicos (CA). El problema de ésta plataforma es que no es compatible con aquella del CONACYT, lo que implica duplicar el tiempo de un investigador. Al igual que con el SNI, en el PRODEP aparecen diversas prácticas que a los ojos de muchos quizá no sean deshonestas pero poco o nada aportan al desarrollo científico.

III) Finalmente, la plataforma que cada Universidad pública estatal tiene para capturar la productividad de sus profesores a lo largo de cada año para acceder a los estímulos o becas académicas. Los salarios de los profesores-investigadores son bajos y los estímulos son un incentivo para mantenerse en esta carrera. A diferencia de la UNAM dónde la evaluación tiene una temporalidad más amplia, en prácticamente todas las universidades estatales cada año los investigadores deben presentar documentación que demuestre que trabajaron durante ese año para ser evaluados en una plataforma que no es compatible ni con el CVU del Conacyt ni con aquella del PRODEP. En algunas universidades la asignación de los estímulos está sujeta a los vaivenes de la política universitaria interna (cómo sucedió por la corrupción de las últimas administraciones en la Universidad Autónoma de Nayarit ó el caso de la Universidad de Sinaloa, que uno de sus ex-rectores la convirtió en una universidad-partido), pero en general las administraciones universitarias están sujetas a los presupuestos federales y por tanto a someter cada año a sus investigadores a ésta evaluación. Los criterios entre universidades y centros de investigación son diferenciados, derivado de que las burocracias son anticientíficas; solo por poner un ejemplo: mientras en unas universidades y centros de investigación publicar un artículo en una revista indexada en Thomson y Scopus posibilita alcanzar prácticamente la mitad de los estímulos a los que se accederá, en otras un artículo de las mismas características apenas vale lo mismo que presentar tres constancias por asistir a unas conferencias como oyente.

En la mayoría de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a la cuál pertenece México y por lo tanto es comparable, el salario de los científicos en las universidades y centros de investigación es alto y por lo tanto no está sometido a evaluaciones anuales absurdas. Se reconoce que un buen científico requiere tiempo para producir, que un buen resultado científico no se logra “año con año” y que un buen artículo académico puede tardar más de tres años en ser publicado. Se aplican reglas académicas, no burocráticas. Obtener el Doctorado es un proceso académico, en el cuál se debe demostrar capacidad para investigar, y por lo tanto es una habilitación para dedicarse a la vida científica. En México la creación de programas de doctorado sin rigurosidad, peor aún, sin verdadera investigación, la falsa idea del escalafón: licenciatura-maestría-doctorado, ha creado “recursos humanos” que deberán dedicarse a la ciencia pero no tienen la vocación, doctores que cuando se integran a la vida académica se sienten cómodos con la política del papel, del documento, de la constancia de asistencia, y del capítulo en el libro homenaje. Nada de eso sirve a la ciencia, pero sí a las plataformas que capturan la “productividad” académica. A la carta de los investigadores del CIESAS, con argumentos válidos y que deberían tomarse en serio, el Conacyt se limitó a responder burocráticamente [https://goo.gl/sEYKCs] . No es una paradoja sino una pena.

La burocratización implica crear más reglas y modificar y ampliar las existentes, y a más reglas más corrupción. Son tantos los requisitos que se piden para acreditarse como científico que hay personas que, sabiendo el prestigio que da la etiqueta de presentarse como Doctor, profesor o investigador, aprenden a burlarse del sistema precisamente por el amplísimo número de requisitos que antes que ser un mecanismo de evaluación se convierten en una especie de escalafón. Someter la actividad investigadora a procesos de burocratización es contraproducente: la ciencia requiere tiempo y espacio para la reflexión, la actividad investigadora es contraria al sometimiento de llenar formatos en línea que matan el tiempo y no son más que tareas repetitivas que sofocan la inspiración y la capacidad analítica.

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