En defensa de la tesis y en contra de la universidad como expendedora de títulos

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Existe una tendencia en las universidades a eliminar la tesis como requisito para obtener el grado de licenciatura, y en algunos casos también para obtener la maestría. Esta lógica está convirtiendo a las universidades en meras expendedoras de títulos, pues se ha instalado la práctica de favorecer la “eficiencia terminal”, es decir, si ingresan 100 que egresen 100, no importa cómo. Por lo tanto se reblandecen los criterios de evaluación, a los alumnos ya no se les trata de enseñar a que desarrollen conocimiento, sino que adquieran competencias (se les enseña la técnica, pero no los porqués de la técnica ni de dónde deriva, si es buena o mala, etc.).

Los profesores ya no imparten cátedra (tratar ideas, cuestionar criterios, construir teorías), son meros facilitadores, un mero enlace entre lo que debe saber el alumno. De allí que las universidades se estén llenando de profesores por pasatiempo, es decir, que se ven en la docencia porque les da prestigio, no porque sepan algo realmente importante; enseñan la práctica, pero no se cuestionan si lo que practican es importante, correcto, relevante y trascendente. No se debe olvidar que las ideas preceden a la acción, nunca al revés.

Se considera que los conocimientos universitarios se pueden reducir a responder a un examen estandarizado (matemáticamente implica que se trata de un promedio a la baja, no de exigencia a la “alta”), por lo que ahora las universidades están constreñidas a que sus egresados se titulen –en el caso mexicano- por medio del examen CENEVAL. Los efectos inmediatos han sido precisamente que ahora las universidades tienen muchos egresados, pero son efectos artificiales y por lo tanto a futuro tendrán efectos sobre la calidad de la educación (en las universidades) y en el desempeño (en las profesiones). Se trata de crear “licenciados” para el mercado laboral, no para la ciencia.

Silenciosamente ha ganado el neoliberalismo. Éstas prácticas no han nacido per se dentro de las universidades, sino que los gobiernos las han obligado aprovechando la masa acrítica que existe en muchos países. Esta es la lógica del subdesarrollo, que desprecia la creación de conocimiento –que por esencia nace en las universidades- para convertir a los egresados en técnicos con título universitario.

¿Porqué titularse con un trabajo escrito, con una tesis, es mejor?, además de lo ya dicho implícitamente, existen más ventajas, sobre todo para los alumnos:

  1. Pasar por las aulas universitarias no debe reducirse a salir de ella abriendo simplemente una puerta. Elaborar una tesis demuestra que se adquirió conocimiento, que se sabe plantear una pregunta, que se sabe investigar y que se sabe escribir, eso es lo que se aprende en las universidades. Estas competencias, no son simples como parecen.
  2. Una tesis obliga a tener un criterio propio, un símbolo de madurez intelectual. Al escribir, al expresar nuestras ideas de manera clara, precisa, con método y teoría, desarrollamos la capacidad de análisis y consecuentemente de resolver problemas. Un examen estandarizado, por el contrario, apela a boicotear la capacidad de sobresalir, un miedo que está presente en todos los seres humanos. (Véase:El síndrome de Solomon )
  3. Se me dirá que el promedio universitario, derivado de las buenas calificaciones a lo largo de los años en las aulas universitarias es suficiente para evaluar la ideoneidad para obtener un título. Nada más falso, un buen promedio bien puede reflejar la buena calidad de un estudiante, pero no sabemos si fue solo por “cumplir” o por desarrollar criterio propio. Además en cuatro o cinco años el alumno pudo obtener buenas notas con profesores exigentes pero también con los mediocres. Un alumno que obtuvo buenas notas en las aulas, desarrollará con mejor éxito entonces una tesis, y ese conocimiento tendrá mayor valor que un simple promedio. Un buen alumno que mantuvo un promedio a lo largo de su carrera, querrá sobresalir mucho más, y elaborar una tesis lo pondrá por encima de los otros muchos que también tuvieron buen promedio, pues habrá de desarrollar sus propias ideas, demostrar que sabe y puede escribir sobre las materias que supone reflejan el título al que aspira.
  4. Si la educación básica (primaria y secundaria) y media superior (bachillerato) fuera de calidad, quizá en México y en Latinoamérica las universidades pudieran señalar como una opción la tesis. Empero, sabemos que los esfuerzos por mejorar la educación en esos niveles son recientes, y aún se arrastran muchos déficits. Y ello se nota en el nivel de muchos alumnos que llegan a las universidades. Se ha favorecido el aprendizaje por competencias por encima del saber por el saber. Los alumnos son buenos ahora para obedecer, no para cambiar al mundo. Al elaborar una tesis, los alumnos pueden demostrar que han superado las carencias de la educación que recibieron, y que además pueden proponer, que saben analizar, que saben sintetizar ideas, entre otras posibilidades.
  5. Para ingresar a un buen posgrado que mejor carta de presentación que una tesis. No es suficiente por supuesto, pero es más que las simples recomendaciones y las buenas calificaciones. Sobre todo, para quien desee hacer un buen Doctorado, es imprescindible tener una tesis. De otra manera pueden frustrarse, pues el doctorado no es un simple grado, es una habilitación para la investigación, y el gusto por ésta actividad intelectual nace precisamente del hacer una tesis (o por el contrario, haciendo una tesis uno se da cuenta que no es lo suyo).
  6. Finalmente, una tesis permite generar conocimiento, por muy pequeño que sea, siempre será una muestra de la existencia de que las ideas (lo que nos diferencia del resto de los animales) son las que nos hace humanos.

Universitario, universitaria: preocuparse de si alguien leerá tu tesis es irrelevante, con que sepas que son tus ideas, que tu la escribiste, que es una muestra que pasaste por la universidad, que nadie te regaló el título, es una satisfacción que nadie te va a quitar.

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La burocratización de la ciencia ó como hacer que la actividad científica se atrofie

La actividad científica es una tarea que pocos anhelan; dedicarse profesionalmente al desarrollo de la ciencia es una vocación. Ni los incentivos ni los beneficios personales para dedicarse a éstas tareas son materiales; pero, si hay ganancias, son las únicas que se distribuyen de manera amplia e impersonal, pues benefician a sociedades enteras. Es una verdad que los países más desarrollados, pero sobre todo aquellos que tienen mejor calidad de vida, son dónde la actividad científica es socialmente reconocida, por lo que la inversión social (pública y privada) en tales actividades es sustancialmente mayor que en aquellos países dónde la ciencia es menospreciada, incomprendida y/o subvalorada.

En México, según la “Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología” (Enpecyt) de 2015: poco más del 70% de los encuestados señalaron que los mexicanos creen más en la fe que en la ciencia; casi el 50% cree que el desarrollo tecnológico origina una manera de vivir artificial y deshumanizada; más del 75% cree que la homeopatía, la acupuntura y la quiropráctica son medios adecuados para el tratamiento de enfermedades; el 40% cree que algunas personas tienen poderes psíquicos; y casi el 50% cree que los científicos son peligrosos debido al conocimiento que poseen. A pesar de éstos datos, casi el 80% confía en los científicos que trabajan en las universidades y centros de investigación públicos y privados, y casi en la misma medida confían en los médicos, en los escritores e intelectuales; muy por arriba de los líderes religiosos y políticos que tienen más del 70% de desconfianza.

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La información de la “Enpecyt” muestra que en México existe un desconocimiento de lo que hacen los científicos, a pesar de que son bien valorados. Unas de las tareas que deberían ampliarse son las actividades de divulgación. Si la sociedad paga de manera indirecta a través de sus impuestos las actividades científicas, igualmente debería estar más informada de tales actividades y sus resultados. Empero vivimos en un mundo al revés: el gasto público federal para la ciencia, tecnología e innovación que se distribuye en diversas instituciones, incluido el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), se ha reducido aproximadamente un 3% cada año desde 2010; empero el presupuesto para partidos políticos y las instituciones electorales no ha dejado de crecer a pesar del descrédito que padecen, por no hablar de su ineficiencia en una tarea que debería ser menos compleja.

En éste contexto, el Conacyt decidió modificar la plataforma electrónica del Currículum Vitae Único (CVU) que deben llenar año con año todos los investigadores y alumnos de posgrado que reciben recursos gestionados por dicha institución. En su mensaje institucional, el Conacyt se jacta de facilitar la captura de información porque elimina la captura libre. Es sorprendente el nivel de ignorancia de la actividad científica de quienes elaboraron y aprobaron el funcionamiento de ésta nueva plataforma: supone de manera acrítica que los índices Thompson y Scopus son los únicos referentes de la buena ciencia, y en su afán de “seguir estándares internacionales” borraron con un teclado un número significativo de instituciones científicas importantes en las cuáles muchos científicos se han formado pero que los burócratas del Conacyt desconocen. El 10 de julio un grupo de investigadores del CIESAS envió una carta al director del Conacyt señalando las inconsistencias de esa nueva plataforma que no hace más que aumentar el burocratismo al que está sometida la comunidad científica del país, en resumen, los investigadores del CIESAS señalan que esos criterios no son idóneos para dar cuenta de la actividad científica al rigidizar y homogeneizar una actividad que es precisamente heterogénea y abierta para obtener buenos resultados.

Para quienes no están familiarizados con la actividad científica quizá sea un nimiedad “quejarse” por el cambio de una plataforma, empero no lo es. Más aún, en las universidades públicas estatales las tareas científicas están hiperburocratizadas al grado que es factible afirmar que un profesor-investigador pasa igual tiempo o más llenando formatos que investigando ó dedicándose a las actividades de docencia y divulgación: oficios para solicitar un aula para una conferencia, para pedir apoyos para asistir a un congreso, para recursos para publicar un libro, etc., y por lo regular a una ó dos instancias dentro de la misma institución. Casi todos los investigadores deben dedicar tiempo y esfuerzo a llenar al menos tres plataformas que no son compatibles y que tienen estándares diferentes entre una y otra, en las cuáles deben capturar sus actividades de docencia, investigación, divulgación y actividades administrativas, si las tienen.

I) El CVU del Conacyt, que ha sido objeto de varias críticas ya desde su creación, por la rigidez con la que está conformado. Ésta plataforma funciona esencialmente para tres objetivos: para evaluar a los investigadores que desean ingresar al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), a los alumnos que desean estudiar un posgrado con financiamiento del Conacyt y, a los investigadores o grupos de investigación que participan para obtener fondos para financiar proyectos de investigación básica o aplicada. Pero el SNI es como la cárcel, muchos de los que están no deberían estar, y viceversa, muchos no están y deberían de estar. ¿Porqué? La hiperburocratización del CVU del Conacyt y del proceso de evaluación abre muchas ventanas de oportunidad para la deshonestidad intelectual. Con tal de no perder la membresía y el estímulo, se han generado prácticas para engañar al sistema: libros coordinados sin verdadera coordinación, duplicación de publicaciones sin mejoras entre una y otra, constancias ad hoc para aumentar el curriculum, titulación de alumnos de posgrado con bajos estándares con tal de mantener los índices de titulación, etc. Lo más patético son los casos de seudoinvestigadores que han llegado a las instancias judiciales porque no logran la membresía en el SNI. La razón: la evaluación a través del CVU se ha convertido en una especie de álbum de colección, suponiendo que el que tiene más “estampitas” es mejor investigador, lo cual es falso. La homogeneización puede fortalecer este tipo de prácticas porque sigue fomentando el número sobre la calidad, y confunde la calidad con los indicadores bibliométricos. Un libro o artículo también puede ser citado porque es malo, para alertar a la comunidad científica a no leerlo o seguirlo por sus malos resultados, pero el indicador no valora ello.

II) La plataforma del Currículum del Programa para el Desarrollo Profesional Docente, para el Tipo Superior (PRODEP, antes PROMEP), que apoya a los profesores de tiempo completo en su integración a las universidades, para desarrollar proyectos de investigación, para solicitar recursos para hacer un posgrado entre otras a nivel individual, pero también para registrar las actividades de los Cuerpos Académicos (CA). El problema de ésta plataforma es que no es compatible con aquella del CONACYT, lo que implica duplicar el tiempo de un investigador. Al igual que con el SNI, en el PRODEP aparecen diversas prácticas que a los ojos de muchos quizá no sean deshonestas pero poco o nada aportan al desarrollo científico.

III) Finalmente, la plataforma que cada Universidad pública estatal tiene para capturar la productividad de sus profesores a lo largo de cada año para acceder a los estímulos o becas académicas. Los salarios de los profesores-investigadores son bajos y los estímulos son un incentivo para mantenerse en esta carrera. A diferencia de la UNAM dónde la evaluación tiene una temporalidad más amplia, en prácticamente todas las universidades estatales cada año los investigadores deben presentar documentación que demuestre que trabajaron durante ese año para ser evaluados en una plataforma que no es compatible ni con el CVU del Conacyt ni con aquella del PRODEP. En algunas universidades la asignación de los estímulos está sujeta a los vaivenes de la política universitaria interna (cómo sucedió por la corrupción de las últimas administraciones en la Universidad Autónoma de Nayarit ó el caso de la Universidad de Sinaloa, que uno de sus ex-rectores la convirtió en una universidad-partido), pero en general las administraciones universitarias están sujetas a los presupuestos federales y por tanto a someter cada año a sus investigadores a ésta evaluación. Los criterios entre universidades y centros de investigación son diferenciados, derivado de que las burocracias son anticientíficas; solo por poner un ejemplo: mientras en unas universidades y centros de investigación publicar un artículo en una revista indexada en Thomson y Scopus posibilita alcanzar prácticamente la mitad de los estímulos a los que se accederá, en otras un artículo de las mismas características apenas vale lo mismo que presentar tres constancias por asistir a unas conferencias como oyente.

En la mayoría de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a la cuál pertenece México y por lo tanto es comparable, el salario de los científicos en las universidades y centros de investigación es alto y por lo tanto no está sometido a evaluaciones anuales absurdas. Se reconoce que un buen científico requiere tiempo para producir, que un buen resultado científico no se logra “año con año” y que un buen artículo académico puede tardar más de tres años en ser publicado. Se aplican reglas académicas, no burocráticas. Obtener el Doctorado es un proceso académico, en el cuál se debe demostrar capacidad para investigar, y por lo tanto es una habilitación para dedicarse a la vida científica. En México la creación de programas de doctorado sin rigurosidad, peor aún, sin verdadera investigación, la falsa idea del escalafón: licenciatura-maestría-doctorado, ha creado “recursos humanos” que deberán dedicarse a la ciencia pero no tienen la vocación, doctores que cuando se integran a la vida académica se sienten cómodos con la política del papel, del documento, de la constancia de asistencia, y del capítulo en el libro homenaje. Nada de eso sirve a la ciencia, pero sí a las plataformas que capturan la “productividad” académica. A la carta de los investigadores del CIESAS, con argumentos válidos y que deberían tomarse en serio, el Conacyt se limitó a responder burocráticamente [https://goo.gl/sEYKCs] . No es una paradoja sino una pena.

La burocratización implica crear más reglas y modificar y ampliar las existentes, y a más reglas más corrupción. Son tantos los requisitos que se piden para acreditarse como científico que hay personas que, sabiendo el prestigio que da la etiqueta de presentarse como Doctor, profesor o investigador, aprenden a burlarse del sistema precisamente por el amplísimo número de requisitos que antes que ser un mecanismo de evaluación se convierten en una especie de escalafón. Someter la actividad investigadora a procesos de burocratización es contraproducente: la ciencia requiere tiempo y espacio para la reflexión, la actividad investigadora es contraria al sometimiento de llenar formatos en línea que matan el tiempo y no son más que tareas repetitivas que sofocan la inspiración y la capacidad analítica.

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Apuntes para un Gabinete de Curiosidades Politológicas: los jueces impolutos

unnamedUna vez me invitaron a participar en un foro dónde académicos, funcionarios y miembros de la sociedad civil organizada expondrían su puntos de vista sobre la “justicia cotidiana”. Mi primer asombro fue que, no obstante el agradecimiento por ser invitado, no sabía que era eso de “justicia cotidiana”. ¿Acaso se trata de emitir una postura u opinión sobre los linchamientos? -me preguntaba- ¿O es sobre los castigos que día a día puede imponer un padre o una madre a sus hijos o cosas por el estilo?. Una vez que más o menos pude tener una idea del asunto, preparé una breve exposición en la cuál lo único que hice fue presentar de manera gráfica los resultados sobre las percepciones que los ciudadanos tienen sobre la impartición de justicia y sobre los jueces. Los datos no eran muy halagadores para el sistema de justicia. En la mesa había un magistrado y dos abogados, que no podían creer que les estuviera diciendo en su cara que las instituciones de justicia y sus miembros están muy desacreditadas ante los ojos de la sociedad. Una vez que terminé, era el turno del magistrado, quien raudo y veloz se remitió a decir: “Yo no comparto los datos que usted nos ha presentado, porque yo cuando salgo a la calle he preguntado a la gente si confía en mi trabajo en el Tribunal de Justicia todos me dicen que sí, que sí confían”.

Pasado, presente y futuro de la Ciencia Política en México

La Gaceta de Ciencia Política

Fernando Barrientos Del Monte

La ciencia política escudriñada

En este ensayo se reflexiona sobre el desarrollo de la ciencia política en México, las características de su presente y, se delinean algunos de sus retos en el futuro. Éstos últimos están más orientados a manera de sugerencias sobre todo para los actuales politólogos jóvenes y los futuros que deseen incorporarse a la disciplina. Desde hace algunos años inició un periodo de amplia reflexión sobre el devenir de la ciencia política en el mundo, tanto desde una perspectiva histórica como prospectiva. En México no ha sido la excepción, como muestra el amplio análisis de Flores Mariscal (2016), que caracteriza en tres etapas los estudios sobre la ciencia política en México a partir de los años 50 del siglo XX hasta la fecha: inicial, maduración y contemporánea, siendo ésta última la de mayor vigor. Es común que en las principales revistas académicas internacionales…

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Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 28.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 10 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

37 dibujos que te haran ver lo mal que esta el mundo

Crítica Social