Archivo mensual: marzo 2009

El Nobel en Ciencia Política

The Johan Skytte Prize in Political Science

Johan-skytte prizeLa Ciencia Política como tal, es una ciencia relativamente joven -se considera que con la Behavorism Revolution inicia su desarrollo- respecto de otras ciencias sociales, además de que todavía no logra consolidar un lenguaje propio sea por los desacuerdos a su interior, sea por la constante colonización -quiza necesaria, quiza no- de otras ciencias sociales a la cual sucumben viejos y jovenes politólogos: el neoinstitucionalismo que viene de la historia económica es un ejemplo de ello, o como Adam Przeworski señaló “son los economistas son los que hacen la mejor ciencia política actual”, por estas y otras mas razones, quiza no se ha considerado crear un Premio Nobel en Ciencia Política. Pero en 1994 se estableció el The Johan Skytte Prize in Political Science en la Universidad de Uppsala en Suecia en honor de Johan Skytte (1577-1645) un político destacado en su época. Consiste en una ceremonia dónde se entrega un monto de 500, 000 coronas suecas (unos 43,000 euros) y una medalla, entre otras cosas. El prestigio del premio reside en que se siguen prácticamente las mismas reglas que para el Nobel, y hasta ahora, -con ciertas excepciones segun se piense-, todos quienes lo han recibido son científicos sociales quienes, se compartan o no sus ideas, son necesarios para la comprensión y el estudio de la política contemporánea.

Desde 1995 el premio se ha otorgado a catorce destacados politólogos, las nominacione se reciben hasta diciembre del año anterior, y en abril de 2009 se conocerá quien lo recibirá este año. Mi voto es por Giovanni Sartori -que por azares del destino ha sido varias veces mencionado en este blog-, ya que el año pasado lo obtuvo un metodólogo de corte cuantitativista por excelencia: Rein Taagepera, Sartori es de la tradición cualitativista, comparativista de la vieja y prestigiada guardia, y en los útimos años ha recibido varios premios y se han publicado obras en su honor (véanse las Novedades en este blog), sólo le faltaría éste que coronaría su carrera.

Año

Nombre

Universidad/País

1995

Robert A. Dahl

Yale-USA

1996

Juan J. Linz

Yale-USA

1997

Arend Lijphart

California-USA

1998

Alex George

Stanford-USA

1999

Elinor Ostrom

Indiana-USA

2000

Fritz W. Scharpf

Max Planck I.-Germany

2001

Brian Barry

Columbia-USA

2002

Sidney Verba

Harvard-USA

2003

Hanna Pitkin

Berkeley-USA

2004

Jean Blondel

IUE-Italy

2005

Robert Keohane

Princeton-USA

2006

Robert Putnam

Harvard-USA

2007

Theda Skocpol

Harvard-USA

2008

Rein Taagepera

California-USA

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Giovanni Sartori, vida privada

Esta no es una noticia propiamente de la Ciencia Política, es mas una suerte de goosip, chisme o como se quiera llamar, interesante sólo por curiosidad. Quiza de la vida privada de Sartori se sabe poco, incluso, en Passion Craft and Method in Comparative Politcs  (2007), de Snyder y G. Munck, hay algunas entrevistas dónde algunos politólogos dejan ver un poco de su vida privada, otros no, como Huntington. Sartori no fué uno de los entrevistados a pesar de que los últimos años de su vida académica la ha desarrollado en EUA (véanse Novedades en este blog). Esta es la entrevista en el diario Il Corriere della Sera  hecha por el periodista Mario Prignano:

5 de marzo de 2009

Sartori«Esto es por lo que me comprometo a los 85 años»

El politólogo de fama internacional cuenta como conoció a Isabella Gherardi, pintora y fotógrafa

Isabella Gherardi y Giovanni Sartori son una nueva pareja. Ella artista, pintora y fotógrafa reconocida dentro y fuera de Italia, autora de etereos, fantasmagóricos desnudos de mujer, todas con ojos grandes y con el pubis obscuro; él un politólogo entre los más leídos y estudiados en el mundo, ferreo censor de los males de las instituciones de la patria, editorialista respetado y temido, Profesor de la Universidad de Florencia, su ciudad, y después en Stanford, Yale, Harvard y en la Columbia University de Nueva York, nueve Doctorados Honoris causa…

 

Sartori: «Diga incluso cuantos años tengo, así estamos bien…»

Pero quizá no es elegante

S: «de todos modos todo está en mis biografías»

Profesor ¿Cómo sucedió?

S: «Ah, no me vea a mí. Si usted recuerda, yo sobre mi vida privada solo cuento mentiras»

Esta bien, Isabel ¿Cómo sucedió?

Gherardi: «la primera vez que nos vimos fue hace tres años»

S: «según yo eran treinta» dice levantándose y poniéndose los anteojos

Entonces es verdad que cuenta mentiras!

Isabella Ghirardi hace la cabeza hacia atrás y ríe: «digamos hace algunos años…Fue en la presentación de un libro. Yo tenía la curiosidad de verlo, escuchaba a todas las señoras que chismeaban “Cómo es fascinante el profesor, cómo es fascinante el profesor… Pero allí todo terminó”»

Porque Sartori, como muchos hombres de edad importante, ejercen una fascinación particular sobre las mujeres muy jóvenes que ellos. ¿Usted como se lo explica?

G: «puedo decirle que él me ha fascinado con su inteligencia, su vitalidad, su modo riguroso de pensar, su capacidad de atraerme y mantenerme junto a él con la palabra y la razón». Sin contar sus fulminantes bromas».
S.: «estoy de acuerdo, eh, eh».

Dicen que los intelectuales son todos vanidosos. ¿Usted se considera vanidoso, Profesor Sartori?
S.:
«¿Yo? Mucho. En el Carnaval me disfrazo siempre de pavo y hago un recorrido».
G.: «Como dice el crítico de arte Achille Bonito Oliva: “La vanidad es la pret à porter del narcisismo”».
S.: «…pero creo que el arma de seducción por excelencia, para un hombre, es la persistencia».
Tomar a la mujer por agotamiento.
G.: «No estoy de acuerdo. Yo no cedería nunca ante una persona que me corteja de manera obsesiva».
Pero de hecho, en su caso, sucedió al contrario, me parece. La iniciativa inició por Isabella.
S.:
«Pero yo nunca he dicho de mi el ser persistente e insitente con las mujeres. Pero tengo muchos amigos que si son así. Además de que muchas mujeres sufren por el tiempo perdido. La admiración lo sustituye».
Y entonces ¿como hace para tener tanto éxito con las mujeres?
S.:
«Mucho, si, mucho. Mi fuerza está en que no me preocupo de mi edad».
Tengo curiosidad de saber que encontró el profesor Sartori en la arquitecta-pintora-fotógrafa Isabella Gherardi, que le ha cambiando la vida.
S.:
«Lo primero es que Isabella tiene su vida y su trabajo (además de ser una gran bella mujer). Yo me aterrorizo de las mujeres que después de traído y educado a sus hijos no saben que hacer. Debo decir que Isabella lee muchísimo. Que ella supiera quién era Samuel Johnson podría no ser extraño; en el fondo Johnson fue una de las personalidades de mayor renombre del Settecento inglés. Pero que hubiera leído su biografía escrita por James Boswell, me dejó impresionado. Un día, después, en la mesa,  le dije que yo era “apoto” e Isabella no puso la cara de admiración que hace en este momento».
Confieso que yo me siento soprendido.
S.:
«Viene del griego antiguo. Significa “aquel que no bebe”. Fue acuñado por Papini y Prezzolini».
Entiendo. Todo esto, sin embargo, cuando sucedió? Después que pasó?
G.:
«El año pasado, en mayo, propuse al Corriere della Sera, en su edición de Florencia, para el cual hago una columna, fotografiar al profesor Sartori junto a otros hombres que según yo encarnan cierta idea de elegancia. Y cuando me encontré cara a cara con él, ¿quiere saber que me dijo? “Señorita, aquí en Florencia no tengo mucho mercado. Pero en Nueva York…”. Y me plantó allí».
S.: «No es que no tuviera mercado en Florencia. Solo que en Nueva York, con un departamento situado en el piso veintisiete y con una vista de casi trescientos sesenta grados, del lado de Central Park, el “mercado” era más amplio».
G.: «Después, en Septiembre, lo encontré nuevamente en Nueva York, a dónde había ido para hacer algunas entrevistas, entre las cuales la suya. Quería escribir un artículo sobre algunos personajes y los objetos más importantes para ellos. Así descubrí que Sartori  tenía una masa extraordinaria a la cual estaba muy afeccionado. Y para fotografiarlo fuí a su casa en Nueva York».
¿Una mesa?
S.:
«Mi mesa de trabajo favorita, un objeto del Settecento, muy angosta y ancha de casi tres metros».
Galeotto fue la mesa, entonces.
G.: «Eh si, quizá todo fue merito de esa mesa. Como sea, terminamos juntos a finales del otoño».
Pero ¿Como viven juntos un politólogo de fama mundial y un artista fuera de los esquemas? ¿Que aprenden uno de otro?
S.:
«Ella me pone patas arriba el día, me mueve todo. Pero pinta cuadros que me encantan y que iluminan la casa. Este de aquí», señala una enorme acuarela de Isabella que parece un autoretrato, con los ojos grades, la boca entre abierta, «es el queme gusta más de todos».
G.: «Somos también de carácter diferente. Él es tranquilo, metódico, racional. Yo soy de un espíritu inquieto, impulsivo, me gusta improvisar. Es ésta diversidad que nos compensa y enriquece».

Vamos de jóvenes-viejos en política, profesor.
S.: «No se salva uno. Evitemos los nombres, pero hoy, tanto a derecha como a la izquierda no veo ninguna personalidad con espesor, ni un estadista in pectore. Nada».
¿Ni siquiera en la historia recientemente pasada ha existido alguien que haya hecho algo bueno?
Mientras el profesor piensa, Isabella dice: «Quizá Craxi, en sus primeros años».
S.: «Craxi era personalmente arrogante y antipático, pero tuvo el merito de emancipar al partido socialista de la posición de súbdito del Pci. Solo que después permaneció enviciado en los mecanismos del dinero y del poder».
Piensa usted también que en Italia exista una dictadura invisible?
S.:
«Históricamente la dictadura siempre ha significado la transformación del entramado institucional, como sucedió con Mussolini y Hitler. Berlusconi, al contrario, no tiene la necesidad de cambiar la Constitución, su estrategia es ocupar todos los puestos de mando. No, su sistema de poder lo definiría sobre todo como una estrategia de un sultanado, con su harem y su corte. Como explico en la última compilación de Laterza, de mis editoriales en el Corriere, que se titula de hecho “Il Sultanato” que será publicado próximamente en marzo».
Y yo que esperaba de terminar la entrevista con un mensaje positivo, profesor ¿Que hacemos?
S.:
«Dejemos que concluya Isabella».
Entonces hablemos ahora de arte. ¿Es posible que la crisis de la cual estamos debatiendo, al final nos ayudará a descubrir el arte en sí mismo y no como un negocio relacionado a los vaivenes del mercado?
G.:
«Yo creo que sí. Y creo que también están terminando ciertos estereotipos de una determinada academia, relacionada a presuntas corrientes artísticas de izquierda y de derecha. Creo, de hecho, que con una de-ideologización y des-mercantilización, el arte será quiza de nuevo la pura expresión del sentimiento y de las ideas».
¿Tienen proyectos para el futuro?
S.:
«Quiere saber si existen aires de matrimonio?
Lo pensaremos en los próximos decenios».

 

 

 

Los desvarios de un ex-politólogo: César Cansino y «La “muerte” de la Ciencia Política»

Por F. Barrientos

Desde sus primeros escritos publicados en la Rivista Italiana di Scienza Politica (1971) y en subsecuentes oportunidades Giovanni Sartori (1984, 1997 y 2004), uno de los fundadores de la Ciencia política moderna, ha esgrimido diversas críticas a los excesos del cuantitativismo en la politología de corte anglosajón, sobre todo aquella que se desarrolla en EUA. En la actualidad la metodología cuantitativa domina gran parte de los programas de estudio de Ciencia Política, sea de grado o de posgrado, sobre todo en las universidades estadounidenses. Durante algunos años en varias universidades donde se enseña Ciencia política, y en algunas todavía, el famoso libro de King, Keohane y Verba, 1994, Designing Social Inquiry -que en su intento por conciliar cualitativismo y cuantitativismo  proponen ser mas cuantitativos al aumentar el número de casos en el análisis politológico- se convirtió en la biblia de la metodología en la Ciencia política. El argumento de Sartori se resume en una recomendación que se puede ampliar a cualquier estudioso de las Ciencias sociales: «Pensar antes de contar». Sartori no se refiere al ‘contar’ como la operación de matemática elemental, sino a todas aquellas técnicas, principalmente estadísticas (sobre todo correlaciones y regresiones) que tratan de buscar la llamada causalidad y las cuales ‘aumentan el numero de casos’ para hacer inferencias descriptivas. Sartori (1984, y no 2004! ) señala “aunque lo sepas medir, si no sabes primero que mides y porqué lo mides, tu saber será insatisfactorio. Por ello pregunto  –dice Sartori a los cuantitativistas-¿Cuanto y de que?”

La tendencia a ‘cuantificar’ y describir los fenómenos políticos con técnicas estadísticas, lo cual se observa cada vez mas en las revistas especializadas de la materia, quizá ha permitido ganar “cientificidad” al estudio de la política, pero ha empobrecido la explicación y la comprensión, que son precisamente los objetivos de la ciencia. Mucho menos ha logrado aumentar la aplicabilidad del conocimiento politológico a la realidad social (véase el Ciencia Política de Cotta, Della Porta y Morlino, 2001:67), tarea que afortunadamente y con éxito se ha desarrollado en la sub-área de las políticas públicas y sobre todo, en los estudios electorales. Sabemos, por ejemplo, los efectos de un sistema electoral sobre el sistema de partidos, que sucede si hay una lista abierta o cerrada, etc.  y si pudieramos, se podría manipular, pero eso no esta en manos de los politólogos, sino de los políticos (¿afortunadamente?, recordemos el Gerrymandering, quien sabe).

Pero la crítica al cuantitativismo y la camisa de fuerza de la metodología politológica contemporánea nació precisamente en Estados Unidos, y ello se puede ver en el excelente libro coordinado por Kristen R. Monroe (2005) Perestroika! The Raucous Rebellion in Political Science, donde se recorre el debate metodológico al interior de la Ciencia política y se proponen alternativas sin perder la cientificidad. La crítica inicia exactamente con el famoso mail firmado por “Perestroika” (2000), quien se dirige sus baterías exactamente hacia la misma área que Sartori ha criticado, la American Political Science Review de la APSA: “¿Porqué todos los artículos de la APSR tienen la misma metodología -estadística o de teoría de juegos- en relación a un ‘simbólico’ artículo de teoría política?…¿Dónde está la historia política, la historia internacional, la sociología política, la metodología interpretativa, el constructivismo, los estudios de área, la teoría crítica y porque no, el posmodernismo?” El argumento central de los autores que escriben y reflexionan a partir del famoso mail en el libro de Monroe es es simple: la ciencia política contemporánea, aquella de los journals norteamericanos, no puede  darse aires de estar científicamente por encima de la política. (Un libro, el cual Cansino  llega a mencionar ya en la edición mexicana de su texto, nunca en la primera)

En La muerte de la Ciencia política (Sudamericana, 2008, 352 pp.), César Cansino retoma sólo el argumento de Sartori  -sin leer a Monroe y demás autores- y trata de ampliarlo a prácticamente toda la Ciencia política. Quizá la expresión correcta sería que infla el argumento. Su titulo promete mucho pero no cumple. Dividido en dos partes, 5 capitulos dedicados a “Los límites de la Ciencia Política”, otros 5 dedicados a “La ciencia política más alla de sus límites”, ademas de un capítulo de conclusiones y un Epílogo, el libro de Cansino parece iniciar bien pero ya en el 5° capítulo: Réquiem por la ciencia política, su argumento pierde coherencia y seriedad. Casi todo el libro es poco analítico y demasiado retorico. Incluso, si somos estrictos, cae en el plagio.

Inicialmente, es necesario decir que no es un libro de Ciencia Política (ni de filosofía o sociología de la ciencia), es un ensayo que trata, y subrayo, trata de hablar de la Ciencia Política de forma general y poco profunda. ¿Cuales son los argumentos del autor? ¿Cuales críticas se le pueden hacer?

Como hemos señalado, Cansino retoma la crítica de Giovanni Sartori contra la Ciencia Polìtica norteamericana, y la alarga contra la Ciencia política en general, es decir, contra todas las corrientes, y éste es su primer gran error.  Sartori critica una corriente metodológica, y bueno, quien lo conoce un poco más sabe que no ha envejecido -como lo criticaron algunos en Política y Gobierno, 2004-  sino que le encanta crear polémica (por ejemplo muchos han tomado muy en serio Homo videns o La Sociedad Multiétnica, cuando sólo son provocaciones). Cansino lee mal al politólogo italiano y desenvaina su machete para ir contra todos. Quiza con un aire quijotesco, pero con poco ojo crítico. Retoma el argumento pero nunca especifica “contra quienes”, no cita autores realmente cuantitativos. Y ese es el gran error de Cansino. Porque si tomamos por ejemplo la American Political Science Review (pero también varios de los últimos artículos en Política y Gobierno del CIDE) y hacemos un análisis del tipo de artículos publicados veremos que siguen un canon tan estructurado como vacio:  tema, revisión de la literatura existente, datos y large-n, cuantificación, misuración -que puede ser una correlación o una regresión- y conclusiones. Cansino podría haber tomado esto y hacer una buena crítica, pero desvaría el argumento de una forma desconcertante.

Critica todo y nada. Pone en el mismo plano el Rational Choice y las Teorías económicas de la democracia con la metodologías que tratan de buscar causalidades a nivel empírico y medir cuatitativamente los resultados. Una es el plano teórico, y otro es metodológico. Incursiona, segun el autor, en la filosofía de la Ciencia, y dice alejarse de aquella que estudia las ciencias naturales, como Khun, pero el autor desconoce que hay muchas mas teorias que pueden explicar el desarrollo de las ciencias y por supuesto las sociales, como Lakatos e incluso en menor medida Popper.

Cansino trata de hacer una “historia interna de la Ciencia política”, con un conjunto de supuestos que el llama Metapolítica (?), una perspectiva que no tienen ninguna respaldo filosófico serio a sus espaldas (sobre todo si tomamos en cuenta que tiene como seis definiciones diferentes). Cansino no dice nada nuevo, el argumento “al que llega” es que la Ciencia política se ha alejado de la Filosofía y la Teoría y en la búsqueda de cientificidad se ha perdido en el dato duro. ¿Menciona el autor estudios de éste tipo? No ¿Profundiza y critica agudamente obras que tengan este defecto? No. Solo las menciona de repaso. E incluso aqui merece decir que al autor le falta ponerse al día en materia bibliográfica. Y si quisieramos compartir su argumento y crítica, textos de tal naturaleza abundan, por ejemplo algunos de Taagepera (2007) y Colomer (2007), pero él ni siquiera los menciona, se circunscribe a artículos polémicos de poca monta.

Para aferrarse a su argumento, trata de criticar la perspectiva de análisis sobre Calidad de la Democracia (capitulo 4 “El conocimiento empírico de lo politico”), pero el principal problema es que sólo menciona que se referira a ello, porque ya a mitad del capítulo habla de cosas que no tienen nada que ver con una crítica a la perspectiva de la Calidad de la Democracia. Dicha teoría efectivamente es criticable, y ya hay algunos que han hecho revisiones atentas de los fallos de sus preceptos teóricos y su tendencia cuantificadora (Mazzuca, 2007). Pero Cansino desconoce en realidad ese debate y sólo señala uno o dos autores al respecto, ni siquiera los principales, y si, señala los preceptos normativos y preescriptivos, pero lo olvida paginas adelante. A partir de esta parte ya no se entiende a donde va el autor: ¿La dimensión simbólica de la política? ¿la Metapolitica como metafisica? Veamos, en el capítitulo 7 “La dimensión simbólica de la Política” señala: “no existe espacio público que preexista la acción democrática, o sea, el verdadero espacio público político se gesta en la acción, y por supuesto, aquel se desvance en la ausencia de éste” (p.163) ¿Que trata de decir Cansino? ¿que la democracia es la acción política? Pero ¿que es el espacio público para Cansino?

Mas adelante escribe: “lo público, quizá, pudiera ser un resplandor siempre acosado por la evanescencia” Si algo necesita la Ciencia, es que quien critique clarifique, no que enrede con argumentos sinsentido.  Ahora, si el objetivo es criticar a la Ciencia política contemporánea en su vertiente cuantitativista,  Cansino responde con la teoría de la política como dispositivo simbólico, una corriente teórica -no metodológica- en la que según Cansino estan Arendt, Castoriadis, Dubiel, Maestre entre otros. Pero quienes conozcan esta perspectiva estarán de acuerdo que es una teoría de orden preescriptivo: a) los ciudadanos deben ser libres e iguales,  b) la política no se reduce a las instituciones y al Estado (eso ya se sabe) , c) la sociedad civil es fuerte y autónoma, por lo que la democracia se inventa constantemente (esto es discutible, pero bueno, son las ideas de los autores). Es decir, si la perspectiva de la Calidad de la Democracia es criticable precisamente porque es preescrptiva, la solución de Cansino  es otra perspectiva preescriptiva. Pero ¿No se trataba de criticar a los cuantitativistas?

En su libro sólo hay un sin fin de frases y argumentos que él solo entiende y que requerirían un nuevo lenguaje para entenderlo -o quizá quien critica ignora a autores que, siendo tan eruditos, sólo Cansino puede conocer y no otros-. Esas no son ideas, son ocurrencias, como diría en su momento Octavio Paz al criticar al ensayista mexicano Carlos Monsivais. Más aun, el texto de Cansino es un buen ejemplo de lo que Alan Sokal y Jean Bricmont llamaron Imposturas intelectuales (1998), dónde desemascaran a aquellos “pensadores”, que escudándose en verborrea seudointelectual, tratan de convencer, citando autores aqui y alla, sin coherencia ni orden, revolviendo teorías y ciencias sin causa necesaria, y sobre todo con frases vacías pero eso si, que parecen profundas.

Por ejemplo, Cansino nos explica una de las tantas definiciones de lo que es Metapolítica: “vendría a significar ese nuevo dispositivo de análisis que debe dirigirse a datos oblicuos o áreas que presentan como remotas o excéntricas respecto a nomeclaturas tradicionales, así como a asumir una lectura en términos sistémicos de las nuevas interrelaciones, lo cual supone que en las áreas de lo pospolítico no se interseccionan o superponen fuerzas sino también lógicas” (p. 248) ¿Datos oblicuos? ¿Que trató de decir el autor? Sólo el lo sabe. Y más adelante ofrece otra definción: “Metapolítica es quedarse del lado de la sociedad civil, de los imaginarios colectivos, de los espacios públicos en permanente movimiento” (p. 255); ¿Entonces? ¿Que es Metapolítica?

El plagio llega cuando en el Epilogo, en su “Modelo para armar”, copia, sin siquiera citar, las ideas de Gabriel A. Almond de las Mesas Separadas (1990), Cansino dice: “Para proceder con la reconstrucción del pensamiento político latinoamericano de los últimos veinticinco años que me he propuesto aqui, suguiero clasificar a los distintos autores a lo largo de dos dimensiones: una ideológica y otra metodológica” (p. 278). Pero ese modelo no es de él!, es un modelo plagiado tal cual solo aplicado a una región en específico. Lo que resulta sorprendente si tomamos en cuenta que el mismo autor entrevistó a G. A. Almond sobre tal temática  (Cansino, 1999:39-67) y nunca cita en este libro en esa parte, aunque habrá que decir en su defensa que al menos lo incluye en la bibliografía final. Luego señala que Octavio Paz y Mario Vargas Llosa son politólogos! Por lo que se sabe el primero se autoidentificaba como poeta, mientras que el segundo es novelista. Uno y otro por supuesto que, desde su perspectiva analizan la política, pero eso es ser intelectual, no politólogo. Si quisieramos hacer caso a Cansino, entonces hasta los caricaturistas son politólogos, pero las fronteras se desvanecerían y ya no sabríamos quien tiene la razón.

El argumento de Cansino es atractivo, e incluso se puede afirmar que en parte tiene razon, pero el autor se pierde en un mar de ideas con poca seriedad y va de aqui y alla sin poder ver en la obra cierta cohesión argumentativa. Incluso, algunos de sus capítulos (o casi todos) son reelaboraciones de sus artículos publicados en la revista que el fundó: Metapolítica, que dicho sea de paso, empezó por ser una publicación muy seria y terminó siendo una revista en las que en sus páginas no se diferencia entre la cientificidad y mera opinión pasajera poco sustanciosa. Cansino quisiera que en la Ciencia política no se distiguiera entre el lenguaje de la opinión y el lenguaje estructurado que es propio de la ciencia (en eso Sartori es implacable, para él la Ciencia política debe y tiene un propio lenguaje) e incluso propone acercarse a la política por medio de la literatura. Es verdad que la literatura es fuente de inspiración, y no hay duda que obras clásicas y contemporáneas tratan temas políticos de una manera que difícilmente se ceñiría a los cánones de la Ciencia política. Pero por eso es literatura, porque no se puede replicar, sería imposible rehacer o tratar de emular por ejemplo, La fiesta del Chivo de Vargas Llosa, o Fuente Ovejuna de Lope de Vega, que nos enseñan hasta donde puede llegar la corrupción de la sociedad. La ciencia debe por esencia ser replicable. Si el científico López dice que A produce B, el científico Pérez deberá analizar tanto A y B y tener argumentos para afirmar o refutar a su colega López. A Vargas Llosa y a Lópe de Vega jamas se les podrá poner en duda sus argumentos, ideas e imaginación.

Sorprende que un estudioso como Cansino haya degradado tanto su calidad analítica de esta forma, en este libro se lee a otro autor, muy diferente de aquel que seriamente se toma su profesión como se vió en La ciencia política de fin de siglo (1999) u otros textos que ha publicado. En suma, La Muerte de la Ciencia Política es una colección de decires, de opiniones y algunos momentos de lucidez que desafortundamente son pocos, lo que hace su lectura enfadosa por su pobre profundidad disfrazada de aires de intelectualismo. Un libro que, sobre todo los estudiantes de Ciencia política, deberían leer, para aprender cómo no se hace Ciencia política.

Post Data.  Cansino ha afirmado muchas veces que es discipulo de Giovanni Sartori, que estudió con él y que lo interrogaba constantemente, sin embargo, una revisión del ejemplar original de su tesis de Doctorado Liberalizzazione da un regime autoritario : il caso del Messsico in prospettiva comparata, obtenido en la Universidad de Florencia, y que se guarda en la Biblioteca Nazionale Centrale di Firenze, el señor Cansino señala que fué dirigido por el eminente historiador Marcello Carmagnani de El Colegio de México y por el Prof. Leonardo Morlino de la Universidad de Florencia, pero si Sartori fue su mentor ¿Porqué no está en los agradecimientos? ¿Habría que creerle a Sr. Cansino? Para ser discípulo no es necesario siquiera conocer al pensador, con seguir fielmente sus ideas bastaría, pero gritar a los cuatro vientos que se le conoce con santo y seña es sólo pretensión.

También habría que agregar, que Cansino ganó el Premio que le permitió publicar dicho libro, con un jurado que es ajeno totalmente a la Ciencia política. Repito, ajeno a la Ciencia política, no al debate de las ideas y propuestas políticas, eso no es exclusivo de los politólogos. Pero siendo serios, difícilmente un politólogo podría valorar juiciosamente un texto de ingeniería automotriz, por mucho que le gusten los autos y sepa reparar el suyo. Por ello afirman bien que el texto de Cansino es un ensayo, no un texto de Ciencia política.

Si Cansino ha decretado la muerte de la ciencia política, entonces habría que llamarlo ex-politólogo, pues no se puede ser predicador de una iglesia que ya no existe.

Bibliografía

Almond, G. A. 1988. “Separate tables: Schools and Sects in Political Science”, Almond, G. A. A discipline divided. Schools and sects in Political Science, London: Sage.

Cansino. C. 1999. La ciencia política de fin de siglo, Madrid: Huerga y Fierro.

Cansino. C. 2008. La muerte de la ciencia politica, Buenos Aires: Sudamericana.

Colomer, J. 2007. “What other sciences look like”, European Political Science, 6 (2), junio 2007.

Cotta, M., D. della Porta y L. Morlino.2001.Scienza Politica, Bologna: Il Mulino.

Mazzuca, S. “Reconceptualizing Democratization: Access to Power versus Exersise of Power”, en G. Munck, Regimes and democracy in Latin America, Oxford: Oxford University Press.

Monroe, K. (coord.), Perestroika! The Raoucus Rebbelion in Political Science, New Have: Yale University Press.

Politica y gobierno, XI (2) [Véanse los textos de Sartori, Colomer y Laitin]

Sartori, G. 1971. “La politica comparata: premesse e problemi”, Rivista Italiana di Scienza Politica, I (1).

Sartori, G. 1984. “Dove va la scienza politica”, en L. Graziano, La scienza politica in Italia, Milano: Angeli. [Esta crítica es más estructurada, el mismo Cansino lo tradujo al español y se publico, si no me equivoco, en 1989 el la revista Estudios Politicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, ello demuestra que el argumento de Sartori 2004, no es nuevo]

Sokal Alan, y Jean Bricmont. 1998. Intelectual impostures, London: Prifile Books.

Taagepera, R. 2007. “Why political science is not scientific enough: a symposium” y “Predictive versus posdictive models”, European Political Science, 6 (2), junio 2007.