Archivo mensual: agosto 2009

La Ciencia Política en México

logofacLa Ciencia Política en México, a pesar de ser una disciplina que adquirió un status importante prácticamente en los mismos años en que ésta iniciaba a nivel mundial a consolidarse como una verdadera y propia Ciencia, es todavía poco valorada. Un ejemplo de ello: México es uno de los grandes países de América Latina que no cuenta con una Asociación de Ciencia Política. Existió, y quien sabe si existe todavía, un denominado Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública, pero que como muchas otras organizaciones, coptada por estudiosos afines al PRI, sólo era un trampolín para ingresar a la alta burocracia en el país. Bajo ciertas presidencias tuvo una relevancia académica, llegando a publicar algunas revistas y una colección de textos sumamente importantes junto con el Fondo de Cultura Económica (Lecturas de Política y Gobierno ) pero dependió en mucho de las personas que encabezaron la organización y no tanto por el gremio en sí.

En 1951 se fundó en la UNAM la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, y un año después la Licenciatura en Ciencia Política propiamente. Pero la época impulsaba ciertas tendencias, y la Universidad en México se veía, y hoy se considera más, como una institución que debía (debe) crear recursos humanos para el mercado laboral, de allí que se privilegiara más la formación para el trabajo y poco, aunque con éxito,  para la docencia y la investigación. La Ciencia en sí misma sólo ha sido, dentro de la instituciones universitarias, una labor de una élite -utilizando el término en sentido positivo. Es por ello que a la carrera de Ciencia Política  (CP) se le agregó el plus de ‘Administración Pública’. Éste modelo de programa de Licenciatura fué copiado casi literalmente por otras universidades públicas y privadas, como en la Autónoma de Nuevo León y en la Universidad Iberoamericana. Si bien el estudio de la Administración Pública (AP) es una subdisciplina de la CP,  en México se ha tratado  de afirmar, con poco éxito, que “es una ciencia en sí misma”. Quizá esta tendencia tuvo su origen en tratar de emular la tradición de estudios de ésta disciplina que se creó en escuelas como la École Nationale d’Administration en Francia. En síntesis, la Ciencia Política en la UNAM y otras universidades se desarrolló arrastrando un apéndice disciplinario.

(Interesante es que en 1982  en El Colegio de México se haya creado una Licenciatura en Administración Pública. Lo cual sucedió en el contexto de la política de la “Renovación Moral de la Sociedad” que marcó al gobierno de Miguel de la Madrid y que tenía como objetivo reestructurar la administración pública después de que López Portillo permitiera corruptelas sumamente degradantes. La Licenciatura en AP en el Colmex se creó para formar una élite preparada que no estuviera comprometida con el partido, como si lo eran muchos egresados de la misma carrera de la UNAM y la UIA. Después de varios años, y una vez pasada la euforia de la renovación administrativa en el discurso político, una Licenciatura sólo de AP parecía demasiado tecnocrática y ahora se denomina Política y Administración Pública)

Si a eso le sumamos que a pesar de existir ya desde los años 50’s una clara diferenciación entre Ciencia Política, Teoría Política y Filosofía Política, esta no fué siempre bien delimitada, incluso los trabajos empíricos no eran bien apreciados -y en muchos casos lo siguen siendo-, prefiríendose textos de reflexión deductiva con poca relación con la realidad empírica. Ello se debió en mucho a la fuerte influencia que ejercía, primero el Derecho, y luego el estructura-funcionalismo y el marxismo como ‘paradigmas’ dominante en la Universidad, pero fue éste último que obtuvo preponderancia respecto a los otros dos. Sólo basta echar una mirada a los programas de Licenciatura entre los años 60’s y finales de los 80’s: Seminario del Capital I, II,…VI ! (era como estudiar Teología Marxista), materias como Historia de México se llamaban Formación Social Mexicana, o en las materias de Economía la base eran los textos marxistas (algunos profesores incluso hoy todavía se resisten a la pluralidad de otras perspectivas, e incluso siguen enseñando economía basándose solo en textos marxistas).

La Ciencia Política no se concebía como una ciencia independiente, por ello en muchos estudios y trabajos de la época no se distinguía entre sociología, historia y filosofía. Si bien ello no era exclusivo de la CP mexicana, si era muy marcado seguir las ideas de sociólogos antes que de los politólogos, y estudiar más a los sociólogos y filósofos franceses que a los teóricos y cientistas americanos. -Guste o no, la CP contemporánea se consolidó por el impulso que se generó en EUA, ya sea por los mismos estadounidenses o europeos que laboraban y laboran en universidades americanas-.

Los pocos trabajos realmente politológicos eran pocos, a pesar de que desde 1955 se fundó la Revista de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales (hoy Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales), por ello un libro como “La Democracia en México” de González Casanova (1963) se convirtió en un clásico, y hoy su lectura es indispensable para comprender el sistema político de la época, (no obstante se considera un estudio sociológico), la misma suerte tuvo “El sistema político mexicano” de Daniel Cosío Villegas -más un ensayo que una análisis empírico-.

No hay duda que la Ciencia Política al inclinarse hacia la Democracia como objeto de estudio, y dejar el estudio del Poder en la Teoría y Filosofía políticas (haciendo caso a Weber, quizá) desarrolló instrumentos analíticos centrados en dicha forma de gobierno. Si México no era una democracia en el sentido estricto, difícilmente se podía desarrollar una ciencia que en otros países había creado instrumentos analíticos centrados en la dinámica de ésta forma de gobierno. Bobbio, Sartori, Dahl, por ejemplo, fueron autores que empezaron a leerse y discutirse hasta mediados de los años ochenta. Pero quizá el obstáculo más importante era la ideologización de la disciplina, por ello la CP que se hacía -quienes se atrevían hacerla fuera de los cánones ideólogicos eran pocos- era poco conocida.

Hoy la situación es diferente. En 1975 apenas dos universidades públicas ofrecían el programa de Licenciatura en Ciencia Política, para 2007 eran 21 universidades entre públicas y privadas. Es una Ciencia que poco a poco se ha ido ganando su lugar, pero se enfrente a otro dilema. Ya no son las posturas ideológicas profundas las que se dirimen a su interior, hoy, al igual que en casi todo el mundo, la CP en México se encuentra en el debate metodológico -que en estricto sentido no existe- entre cuantitativistas y cualitativistas. Si bien es un debate absurdo, porque algunos fenómenos se prestan mejor a cierto tipo de análisis que otros, y la mayoría de los “buenos” estudios politológicos son eclécticos, el ‘debate’ tiene un impacto en la academia. Se han creado centros de Ciencia Política al  -mal- estilo americano, dónde se tiende a hacer CP ‘a la americana’ -léase la corriente cuantitativa, que no es la única- y sus profesores se jactan con arrogancia de haber estudiado en las “mejores” universidades estadounidenses, como si eso fuera garantía para ser un buen científico. La CP en México se hace así en diversas ‘islas’ ideológico-metodológicas: si no se comparte la ideo-metodología, es imposible acercarse a esos centros, o publicar en sus revistas.

Politica y Gobierno CIDE

Un ejemplo de ello es la revista Política y Gobierno del CIDE , que inicialmente tendía a publicar artículos de diversa naturaleza metodológica. Pero en los últimos años, con el afán de hacerse más ‘científica’ (?) ha tendido a publicar más artículos de carácter cuantitativo que cualitativo, entrando en el absurdo camino tendencial de preferir sólo cierto tipo de  artículos sobre otros sólo porque utilizan métodos estadísticos y rechazar aquellos que no. Seguramente los editores no lo reconocerían pero es una tendencia que se observa por sí misma.

Los textos más interesantes que últimamente han tratado el desarrollo de la Ciencia Política en México son:

José Antonio Aguilar Rivera, El enclave y el incendio, Nexos,  Enero, 2009.

Soledad Loaeza, La ciencia política. El pulso del cambio mexicano, Revista de Ciencia Política, 25 (1), 2005.

Alejandro Villagomez y Jennifer Farías, Análisis de la evolución de la matrícula de las licenciaturas en ciencia política y administración pública en México: 1974-2007, Política y Gobierno, XVI (2), 2009. (Un artículo que describe cuantitativamente el aumento de la matrícula en la disciplina, sin embargo, aunque desarrolla tres hipótesis interesantes, es pobre en su análisis cualitativo ya que los autores ignoran muchos otros análisis similares elaborados en la UNAM y en la Universidad Iberoamericana principalmente. Además de que argumentan de que la CP en México es joven: no, la CP en todo el mundo es joven)

Así como en la revista Andamios, 6 (11) de la UACM, Agosto 2009.

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