Archivo mensual: febrero 2010

Política y Ciencia Política

La política ignora la ciencia política, y ésta, a su vez, no se preocupa por la política

Godoy, en la Presentación de la Revista Latinoamericana de Ciencias Políticas, 1970: 5

“…en todo pueblo existe una mala disposición y un recelo contra los que ejercen la política, y sospecha que se han realizado como fruto de una confabulación muchas de las medidas benéficas…”

Plutarco, Consejos políticos:813,A

“Hace casi trescientos años se sorprendía Usbek de mucho de lo que veía en Europa: anotaba por ejemplo, como cosa rara, que el ‘Derecho Público’ era una ciencia que enseñaba a los príncipes hasta dónde podían atropellar la justicia sin menoscabo de sus propios interese. Hoy se asombraría, con la misma razón, de que llamemos Filosofía Política o Ciencia Política a un saber que desprecia y casi desconoce los intereses y necesidades de los políticos”

Fernando Escalante, El Principito o al Político del porvenir, 1995: 11

O’Donnell y la Democracia Delegativa

Después de los procesos de transición a la democracia de los años ochenta y noventa del siglo XX varios politólogos -y otros intelectuales- iniciaron un proceso de reflexión y análisis sobre que democracias estaban en proceso de consolidación. Para muchos, sobre todo en el ámbito de la opinión pública (la comentocracia menos informada), en algunos países de América Latina todavía las democracias están en transición. Un absurdo pues las transiciones son por esencia breves, de otra forma estaríamos hablando de un nuevo régimen político.

En ello coinciden varios politólogos, de allí, al notar que las “nuevas democracias” latinoamericanas -pero también en África y Asia- se asemejan poco al “tipo ideal” democrático, se dedicaron entonces a tratar de acuñar un término (o términos) para nombrarlas.

Democracias Delegativas (Guillermo O’Donnell)

Democracias Pobres (Dante Caputo y Jorge Sábato)

Democracias Débiles (Francisco C. Weffort)

Democracias con adjetivos (David Collier)

Leonardo Morlino (et. al.) ha sugerido llamarlos Regímenes Híbridos dado que muchas de las “nuevas democracias” contienen aspectos de su pasado autoritario y elementos democráticos.

Recientemente Guillermo O’Donell, ha hecho una revisión de su concepto. Si bien la idea de democracia delegativa se retomó acríticamente por muchos politólogos, es quizá el concepto de Regímenes Híbridos el que vino a terminar con la discusión. No obstante, y más allá del concepto, para el caso de América Latina, las reflexiones de O’Donnell siguen vigentes. He aquí un fragmento de su nuevo texto y el link de la versión completa:

Revisando la Democracia Delegativa

Guillermo O’Donnell, Enero 2010

Fragmento:

” Las Democracias Delegativas (DD)  suelen surgir de graves crisis, pero no todas estas crisis producen DDs. Pero, ¿qué tipo de crisis? Primero, son crisis a nivel nacional. Segundo, pueden ser de tipo socioeconómico (la mayor parte de los casos) o bien resultado de una prolongada y abarcante situación de guerra interna entre facciones organizadas (Colombia-Uribe) y, a veces, de la combinación de ambos factores (Perú-Fujimori). Tercero, en todos los casos son también profundas crisis políticas, incluso del papel y capacidades del estado; estas crisis ayudan la eclosión de las anteriores y a la vez son realimentadas por ellas.”

Texto completo aquí

Hacer las cosas a la mexicana

Hay muchas frases que los mexicanos gustan de gritar a los cuatro vientos pero quizá la que mejor nos retrata es la que se relaciona con el hacer, con el trabajo que, dependiendo su intensidad, es lo único que ha llevado a sobresalir a otras sociedades: “hacer las cosas a la mexicana”. Una frase clásica que retrata todo el ser mexicano.

¿Qué significa hacer las cosas a la mexicana? Significa hacer las cosas mal o a medias, no poner empeño, hacer que las cosas salgan porque tienen que salir, no porque se desee hacer algo bien. Significa tratar de hacer lo menos y con el menor esfuerzo posible, pero eso sí, exigiendo que se valore ese trabajo a un precio que no lo tiene. Sería injusto decir que no existen trabajadores –en el más amplio sentido del término- mexicanos que no se empeñan en su labor, pero no se trata de individualidades, sino de una cultura.

Es una cultura que permea todos los ámbitos, en algunos más y en otros menos, pero permanece y es parte del mexicano. Ese hacer a la mexicana es un patrimonio intangible del país que debiera ser erradicado.

A la mexicana se viaja en unas cosas que parecen autobuses de pasajeros pero en realidad son para cargar ganado. Es posible que en ningún país del mundo exista un desprecio tan grande por el peatón y un desgano total por eficientar el transporte público.

Pero los mexicanos parecen contentos de transportarse a la mexicana, no protestan porque su calidad de vida se reduzca: la gente invierte en zonas urbanas más del una hora sólo para transportarse de la casa al trabajo, y en la Ciudad de México la media es de 2 horas! Este desprecio por el espacio público lleva a que los mexicanos utilicen más el auto –un símbolo de estatus más que un simple medio de transporte- con sus ya conocidas consecuencias.

Los mexicanos cuando cometen errores no son responsables, para ellos todo hecho que les afecta es un acto del mal, de una fuerza extraña, o la conjunción de sujetos que se confabulan para hacer daño.

En todos los países se tiende a pensar, en mayor o menor medida, que cada nación o cultura es el centro del mundo, que todo gira alrededor: los argentinos, los estadounidenses, los franceses, los chinos… etc. así lo creen. La diferencia con los mexicanos es que lo creen por ignorancia. México no es el centro del mundo, desde lo lejos se le ve como un país con ciertas excentricidades culinarias y centro turístico de grandes pirámides, país de origen de algunos grandes escritores, y refugio de algunos intelectuales geniales, pero no sobresale por su ciencia o por exportar su cultura. No obstante el subdesarrollo, los mexicanos viajan, y lo hacen mucho. Pero para ellos los viajes no ilustran, sólo sirven para adornar el ego.

La inferioridad es venerada como un fin o deseo permanente. Las expresiones más comunes de los mexicanos son como las de un niño de doce años: “denos”, “no han hecho”, “nos han hecho”, “los ricos”, “el gobierno”, “los políticos”, “los poderosos”, “los extranjeros”, “las potencias mundiales”… Todos, sobre todo los políticos y el gobierno, son culpables menos los mexicanos, ellos no son responsables de su subdesarrollo y de su inferioridad. México es un país que no desea crecer.

Versión sintética, la completa se publicará en http://www.centrodeinteligenciapolitica.com/