Archivo mensual: abril 2010

Adam Przeworski, ‘Nobel’ en Ciencia Política 2010

Le ha sido concedido a Adam Przeworski (Polonia, 1940) el Johan Skytte Prize in Political Science, considerado como el Nobel en Ciencia Política (A falta de uno en la materia en dicho Club y después de haberlo recibido Obama sólo por publicar libros de superación personal, ya no se sabe). Hace un año, comenté en este mismo espacio, sobre el premio (obtenido el año pasado por el Prof. Schmitter).  Dicho premio se otorga a quien ha “hecho una de las mejores contribuciones a la ciencia política”. El comité está conformado por profesores en la disciplina (poco conocidos a nivel mundial) de algunos países de Europa del Norte quienes reciben las nominaciones de los colegas de varias naciones.

Según el acta, Przeworski lo merece por “haber elevado el nivel de los estándares científicos de la relación entre democracia, capitalismo y desarr0llo económico”.

Las aportaciones de Przeworski a la Ciencia Política no sólo están en la teoría y el estudio empírico de la democracia, sino también en el área de la metodología; él pertenece a esa corriente que se puede llamar la ‘Derecha Dura‘ (en términos de G. A. Almond) que promueve el uso de métodos estadísticos y matemáticos en la disciplina, y casi desearían que se asemejara a la Economía. En la entrevista que G. Munck y R. Snyder le hicieron en Passion, Craft and Method in Comparative Politics (2007), no queda duda:

Pregunta: Si observa dónde estaba la política comparada hace treinta años, cuando usted era un joven profesor, en relación a dónde estamos hoy, ¿que es lo que hemos aprendido desde entonces? Respuesta: Déjeme hacer un prefacio a mi respuesta. Una parte de la mejor investigación en política comparada es hecha en éstos días por ECONOMISTAS, entonces los debo incluir en mi respuesta. Daron Acemoglou y James Robinson, Alberto Alesina, Roland Benabou, Jess Benhabib, Torsten Persson y Guido Tabellini, y muchos otros han hecho excelentes aportaciones a la política comparada. Ellos normalmente no saben mucho sobre política, pero abordan cuestiones centrales y dan fundamentales respuestas. Si los incluimos -a los economistas- si, yo creo que tenemos una tremenda acumulación de conocimiento. (p.495)

A pesar de que no comparto del todo la apreciación de Przeworski (sobre todo porque no menciona a D. C. North y a A. O. Hirschman, más conocidos e influyentes que sus amigos que menciona), ha desarrollado algunos elementos de investigación centrales para la ciencia política y el estudio de la democracia; algunas de sus aportaciones se pueden resumir en estos puntos:

1. Los partidos de izquierda pueden tender a abandonar la bandera del socialismo (cuando existía) si la clase trabajadora -su base de electores natural- no logra alcanzar ciertos parámetros de bienestar, adaptando una agenda de reformas dentro de los parámetros del capitalismo.

2. Altos niveles de  desarrollo económico facilitan la estabilidad de la democracia y las transiciones a la misma. (Przeworski, siguió la tesis de Lipset, pero la demostró con datos)

3. Contrariamente a la tesis que alguna vez sustuvo Samuel Huntington (Political Order in Changing Societies, 1968), la economía en sistemas democráticos tiene un mejor desempeño que en los sistemas autoritarios.

4. En metodología, y como señalan los mismos Munck y Snyder, Przeworski es un innovador al ser uno de los promotores de la la aplicación de métodos formales y estadísticos en la política comparada, y uno de los primeros en aplicar la Teoría de la Elección Racional. Przeworski es un firme promotor del uso de la estadística, modelos matemáticos y econométricos en el análisis político. Paradójicamente -y cosa que no ven su seguidores-, poco de ello se ve en sus textos, es decir, no los llena de incomprensibles modelos e indescifrables fórmulas, sino que sólo se ayuda de ellos.

Este es un fragmento de sus conclusiones en Democracy and Market que debieran ser muy bien leídos por los politólogos latinoamericanos de izquierda que sostienen a ciertos líderes autoritarios y populistas disfrazados de demócratas:

“No todos los movimientos antiautoritarios son prodemocráticos; algunos se agrupan bajo el lema de la democracia sólo como el primer paso para acabar devorando tanto a sus oponentes autoritarios como a sus aliados en la lucha contra el antiguo régimen autoritario. La búsqueda del consenso a menudo sólo encubre una nueva tentación autoritaria. Para muchas personas, la democracia representa el desorden, el caos, la anarquía. Como señaló Marx hace casi un siglo y medio, el partido que defiende la dictadura es el partido del orden. Y el miedo a lo desconocido no se limita exclusivamente a las fuerzas vinculadas al antiguo régimen.

La democracia es el reino de la indeterminación; el futuro no está escrito. Los conflictos de valores e intereses son inherentes a todas las sociedades. La democracia es necesaria precisamente porque no podemos ponernos de acuerdo. La democracia es sólo un sistema para elaborar los conflictos sin matarse; una sistema en el cual existen diferencias, conflictos, ganadores y perdedores. La ausencia de conflictos sólo se da en los sistemas autoritarios. Ningún país dónde un mismo partido triunfe dos veces seguidas con el 60 porciento de los votos es una democracia”

Finalmente, habrá que señalar que Przeworski sí esta interesado en la relación entre Democracia y Mercado, la política y la economía, en el cómo las decisiones políticas afectan el desarrollo económico, y el cómo los sistemas socialistas y capitalistas tuvieron resultados diferenciados a partir del contexto político. De allí que sus definiciones y explicaciones no son reduccionistas como algunos lo han criticado, al compararlo con Schumpeter, argumentando que sigue la tendencia a simplificar el rol de la democracia a un mero sistema de elección de gobernantes.

Schumpeter estaba interesado en el funcionamiento del capitalismo y el socialismo como sistemas económicos, y en ese interés , estudió la democracia como una variable independiente, pero ofreciendo una definición de democracia que es metodológicamente operativa:

“El método democrático no significa de ninguna manera, que el pueblo gobierna efectivamente […] la democracia significa tan sólo que el pueblo tiene la oportunidad de aceptar o rechazar los hombres que han de gobernarle […] en un contexto de libre competencia por el caudillaje político”.

Przeworski parte de ésta premisa en el desarrollo de sus investigaciones, más no por ello es un minimalista de la democracia, por así decir.

Algunas de sus obras:

The logic of Comparative Social Inquiry coaut. (1970)

Capitalism ans Social Democracy (1985)

Paper Stones coaut. (1986)

The State and the Economy Under Capitalism (1990)

Democracy and Market (1991)

Democracy and Development (2000)

States and Markets (2003)

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Ciencia y pseudociencia

Nota preeliminar: este post ya lo había pensado, por eso es publicado en este orden, pero el siguiente se referirá al recién galardonado Adam Przeworski con el denominado Nobel de la Ciencia Política, el prestigioso The Johan Skytte Prize In Political Science, obtenido el año pasado por Philippe C. Schmitter y mencionado en este mismo blog.

En la primavera de 1996, la “prestigiada” revista estadounidense Social Text publicó en un número especial dedicado a rebatir críticas al posmodernismo, un artículo de Alan Sokal, Físico de la Universidad de Nueva York, con el pomposo título de Transgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity[1]. Un ensayo que carecía de lógica interna, lleno de citas y de argumentos tomados de aquí y allá, principalmente de la Física, las Matemáticas y la Biología,  extrapolaciones y metáforas que lo hacían incomprensible. El escrito, publicado con honores por los editores, tal vez hubiera pasado como una “gran aportación al pensamiento posmoderno y complejo”, si no fuera porque el propio autor en otro artículo demostró que era una simple y vana broma pero con un sentido muy serio: desenmascarar a aquellos intelectuales que tratan de incidir en el conocimiento científico desde una postura sin lógica ni estructura coherente de pensamiento.

El impacto aún no ha sido asimilado del todo -sobre todo para los editores y referees de la revista- [2], pues cuestionó las ideas de pensadores muy reconocidos, con seguidores por todo el mundo occidental, como Lacan, Lyotard, Baudrillard, etc.

En las Ciencias Sociales no existe un “paradigma” dominante, de modo que es fácil encontrar teorías que con ingenua facilidad traspolan ideas y conceptos que son propios de las ciencias naturales y exactas, esto quizá por el rezago del positivismo exacerbado, por los problemas epistemológicos de los que ha adolecido desde que son llamadas ciencias y por el difícil consenso entre quienes estudian la sociedad sobre métodos y teorías que permitan partir desde un punto de vista común. Por otro lado se ha visto con agrado que pensadores y estudiosos de las ciencias naturales y exactas integren sus ideas, teorías y conceptualizaciones con asombrosa facilidad, no solo al estudio de la sociedad, sino también a los pilares fundamentales de las ciencias sociales, como la epistemología y la lógica del o los métodos en estas ciencias. Reitero, no son únicamente los científicos sociales que indiscriminadamente y sin conocimiento preciso sobre las teorías de otras áreas científicas traspolan ideas y citas, sino los científicos de las ciencias exactas los que intervienen en los aspectos metodológicos de las ciencias sociales. No es su intervención en sí lo perjudicial, sino que de la misma forma que los científicos sociales toman de aquí y allá ideas y teorías propias de las ciencias exactas y naturales, estos cometan los mismos errores, ya sea utilizando un lenguaje extremada e innecesariamente complicado que hace sospechar de su “cientificidad” al no poder explicar sus ideas de forma simple[3], o trasponiendo ideas filosóficas con teorías científicas basadas en hechos empíricos. Heinz von Foerster y Steven Weinberg son los tipos ideales, en sentido weberiano, de estas atrocidades.[4] El primero proponiendo una confusa “nueva epistemología” y el otro exacerbando las posibilidades de la ciencia concluyendo con argumentos metafísicos.

La idea de epistemología ha variado en su significado con el pasar de los años y por los problemas a los que se enfrenta la ciencia. Al principio era considerada como una teoría general de los conocimientos, estaba emparentada con las diferentes ramas de la filosofía, pero hoy es una disciplina autónoma, aunque se le sigue asignando el papel de filosofía y de ciencia al mismo tiempo. Trata sobre la verdad y el error, de conocimientos verdaderos y claros de un saber “episteme” frente a un “saber doxa”. Es un conjunto de estructuras instrumentales, de herramientas analíticas, de medios propios para indagar sobre la historia del conocimiento[5]. El “constructivismo radical”, representado por varios pensadores[6], entre ellos Heinz von Foerster, intenta crear una nueva epistemología. Plantea que “la realidad no existe sino que el observador la inventa cotidianamente y que cada construcción de conocimiento es en realidad una afirmación del ser, en este caso, del observador”. Las ideas principales  del “constructivismo radical” se resumen en dos puntos: a) el conocimiento no se recibe pasivamente, ni a través de los sentidos, ni por medio de la comunicación, sino que es construido activamente por el sujeto cognoscente y, b) la función de la cognición no es adaptativa y sirve a la organización del mundo experimental del sujeto, no al descubrimiento de una realidad ontológica subjetiva.

Tales ideas innovadoras desconocen, sin otro argumento que la autoridad de los autores, una constante en el pensamiento moderno: el acto del conocimiento es un vínculo con la realidad. Para el “constructivismo radical”, por el contrario, es un acto de diferenciación activa. El verdadero problema es que la nueva epistemología “constructivista” no distingue entre un observador científico y alguien que utiliza el sentido común. Lo que me interesa señalar es la argumentación innecesariamente compleja y en algunos casos ilógica que propone Foerster en su “nueva epistemología”. Sus ideas rondan en el lenguaje común, metáforas, e incomprensiones básicas de ideas filosóficas. Supone arbitrariamente que quien inventa algo, en este caso la realidad y de sus derivaciones, es responsable de lo que inventa; para lo cual  apela a las ideas de Jean Piaget pero no las menciona o cita al pie de página. Inspirándose en un “metadiálogo” que de forma simplista y sin mas fundamento que las argucias del lenguaje, “descubre” que la ley de la gravedad de Newton, es una mera invención. Recurre al argumento de autoridad al tratar de rebatir la idea occidental de causalidad:  “Este recurso -dice – a una estructura causal en las explicaciones, sigue haciéndose una y otra vez a pesar de la advertencia de Ludwing Wittgenstein: “La creencia en la causalidad es superstición””.[7] Pero Foerster no indica siquiera de donde proviene la cita de Wittgenstein. Foerster supone además que la noción de causalidad, como parte esencial de la ciencia, descansa en la imitación a un silogismo; da como ejemplo lo que los griegos llamaban bárbara, que en efecto, como silogismo, consta de tres proposiciones: dos premisas y una conclusión. Pero su ejemplo no es un silogismo verdadero, ni todas las extrapolaciones que hace; lo que realmente menciona es un sofisma, y es sabido que un sofisma aunque lógicamente estructurado, no es verdadero. Además traspola el funcionamiento de los organismos multicelulares primitivos, con el funcionamiento de las computadoras y recurre de nuevo a una autoridad, pero ahora en el campo de la neurofisiología. Después al teorema matemático McCulloch-Pitts y se remite a experimentos de psicología aplicada, todo para decir que dichos ejemplos y traspolaciones son partes esenciales para su idea del conocimiento, pero no se preocupa por aclarar el porqué son la base de su “nueva epistemología”.

Steven Weinberg, al igual que Foerster es físico, no pretende crear una nueva epistemología, pero representa un ejemplo claro, de que salirse del mundo conceptual de cada área científica, puede traer consecuencias nocivas. Weinberg fué galardonado con el premio Nobel de Física por enunciar una teoría que reúne a las fuerzas electromagnéticas y débil en un solo concepto, el de la fuerza electrodébil.  Wienberg apeló por la construcción de un supercolisionador super conductor, importante  para hacer las aproximaciones  a una tabla final elemental de las partículas, lo que correspondería a formular una teoría que dé cuenta  de las leyes  que gobiernan las partículas incluidas  en ellas, es decir, una “teoría final”.[8] Esta, sería la formulación más acabada de las partículas y expresaría las leyes de la física sin complicaciones conceptuales.

Pero Weinberg, saliéndose de su área de estudio, diatriba contra otras formas de pensamiento, cree por ejemplo, que de la filosofía no hay nada que aprender y tan solo resulta una “lectura entretenida”. Sus argumentos, representan uno de los errores en los que han caído algunos científicos de finales del siglo XX, al creer que la ciencia ha llegado al final de lo que puede explicar, emprenden dos posturas algo complejas y complicadas: o se empeñan en desacreditar violentamente la filosofía, o deducen un acercamiento a Dios. La investigación teórica en la física, ha llegado a tal grado, que cuando parece que ya no hay nada más allá, los físicos especulan bajo argumentos metafísicos y de sentido común. Tal es el caso de Stephen Hawking, profesor de la Universidad de Cambridge, autor del best seller Historia del Tiempo y del propio Weinberg, que se dan el lujo de hablar sobre religión, sin ni siquiera tomar en cuenta la tradición intelectual teológica y pasando por alto el significado y explicación sociológica de la religión.[9] No es raro encontrar obras de divulgación científica, que digan que los últimos avances en la física están por demostrar la existencia de Dios, pero esto, no pasa de ser una metáfora, tal vez útil para vender, pero no un argumento científico, ni mucho menos una teoría. Estas especulaciones muestran que la influencia del posmodernismo ha sido tal, que con reflexiones como estas, en el futuro no se sabría cuál será la verdad que ayude a desarrollar el conocimiento. Poner a la religión y a la física en un mismo plano (Weinberg), y las cuestiones científicas junto con las del sentido común (Foerster), solo daría cabida al pensamiento sin orientación. El trabajo de Foerster indica él es un sabio erudito en todas las áreas del conocimiento, o un charlatán sin más ni menos. Hoy los saberes son tan amplios y especializados, que una sola persona no los puede dominar desde su perspectiva. El caso de Weinberg representa la problemática a la que se puede enfrentar la Ciencia en general si no sigue, en términos de Imre Lákatos, desarrollando una heurística positiva con criterios válidos que generen el progreso de la ciencia.[10] La era contemporánea, está marcada por los grandes avances en la ciencia y la tecnológica. Esto ha simplificado la vida en muchos aspectos, pero ha complicado los caminos del conocimiento. Dicha complicación es tal vez la que ha llevado a las especulaciones metafísicas y a la proliferación de charlatanes que se hacen pasar por científicos.


[1] “Transgredir las fronteras: Hacia una Hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica”, en: Alan Sokal y Jean Bricmont, Imposturas Intelectuales, (Intellectual impostures Trad. Joan Carles Guix Vlaplana) Barcelona, Paidós, 1999, pp.231-274.

[2] Supra (el libro antes citado, es una ampliación de estas críticas y ha sido menospreciado por los círculos intelectuales ad hoc a las ideas que se critican y aplaudido por quienes ven en la ciencia la forma más acabada del pensamiento humano para conocer su mundo)

[3] Las Ciencias más exactas, aún con sus complicadas teorías, en lo general, siempre pueden explicar con ejemplos simples todo el entramado de sus ideas y teorías. De allí que existan textos de “divulgación” aptos para un público general y no especializado en esas áreas, pero no imposibilitado para informarse y conocer los avances en la Ciencia. Según Hobsbawn, el Químico Rutherford decía que no podía considerarse buena una Física que no pudiese explicarse a una camarera. (en: Eric Hobsbawn, Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica, 1995, p.532)

[4] Y  no vería otra forma de llamarlas.

[5] Francisco R. Dávila Aldás, Teoría, Ciencia y Metodología en la Era de la Modernidad, México, Fontamara, 1996, p. 58-61.

[6] Además de Foerster: Ernest von Glaserfeld, Humberto Maturana y Francisco Varela, por mencionar solo a los más conocidos en Latinoamérica. También debemos incluir a Luhmann y a Edgar Morín.

[7]Heinz von  Foerster, “Por una nueva Epistemología” en: Metapolítica, (8) volumen 2, octubre-diciembre, 1998, p.632

[8]ver: Steven Weinberg, Los tres primeros minutos del Universo, Madrid, Alianza Universidad, 1997 y Segovia, Francisco, “El sueño de Weinberg”,  en: Fractal, numero 9, verano de 1998.

[9] Cfr. Steven Weinberg, “¿Un diseñador del universo?”, en Este país (105), México, diciembre, 1999, pp.50-54

[10] ver: Imre Lákatos, La metodología de los programas de investigación científica, Madrid, Alianza Universidad, 1983.

El Futuro de la Ciencia Política

En este texto se hacen una serie de reflexiones muy breves,  autores como Lijphart, Brady, Mansfield, Fiorina, Pipa Norris, Robert Putnam, Hans Daadler, Keohane, entre otros, sobre el ‘futuro‘ de la Ciencia Política. Para todos los autores, representantes de las más diversas metodologías, escuelas, corrientes o ‘sectas’, la disciplina tiene una serie de desafios para comprender nuevos aspectos que trastornan la vida política actual y de las cuales todavía poco se habla, como los efectos de la Guerra (¿decisión política individual o colectiva?), la inmigración y las transformaciones de los sistemas políticos con tradiciones nacionalistas únicas, las brechas entre la investigación politológica y las decisiones políticas entre muchísimos temas más.

Los autores reflexionan a partir de dos preguntas que los editores elaboraron para darle cierta homogeneidad al texto:

1. ¿Cual es la cuestión todavía sin respuesta sobre la cual tu área de la ciencia política debería centrar sus esfuerzos?

2. ¿Cual es la aportación, sustantiva o metodológica, de la ciencia política (o de una de sus subdisciplinas en específico) que le gustaría que fuese más ampliamente conocida en otras disciplinas o por otros politólogos?

Lo interesante son los temas que los autores identifican como las áreas de investigación sobre las cuales la disciplina debería o podría centrarse en el futuro próximo:

i. Igualdad Económica

ii. Equidad de Género

iii. Igualdad Política

iv. Política Comparada

v. Perspectivas en la Ciencia Política

vi. Cultura

vii. Movimientos Sociales

viii. Comportamiento y Actitudes

xix. Elites e Instituciones

Leyendo este texto queda claro que el argumento de Sartori acerca de que ‘ciencia política no va a ninguna parte’ es sólo una buena idea que invita a la polémica y a la reflexión -sólo un grande como él se lo puede permitir-, pero no tiene ninguna base real que lo sustente. Allá quienes acríticamente han retomado su argumento sin reparar en la realidad, asumiendo al Prof. Sartori como profeta y no como científico social.

El INDICE se puede consultar aquí.