Archivo mensual: enero 2012

La Crítica Cómoda: a propósito de los 60 años de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM

La UNAM es un crisol donde conviven más vicios que virtudes. Quien o quienes sobresalen en esa Universidad  (académicos y estudiantes) lo hacen por su esfuerzo personal y no por el esfuerzo de la comunidad. Pero los discursos que en los últimos años han proliferado por parte de sus autoridades (entiéndanse Rectores y Directores) hacen creer a varios sectores de la sociedad que la UNAM es un lugar de libertad e igualdad, que los logros científicos son gracias a la institución, cuando en realidad son gracias a algunas personas que “aguantan” a la institución. Allí si se consuma el dicho: dime de que presumes y te diré de que careces.

Conviene parafrasear las palabras de Guillermo Scheridan: la crítica al interior de la UNAM no puede ejercerse sin arriesgarse a irritar a colegas o afectar intereses, pues en México se entiende que el que se mete con la familia no es buen juez o es un suicida. En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de dicha universidad, se forma parte de la conciencia crítica de la sociedad mexicana, y en efecto, es un lugar dónde una de las primeras cosas que uno aprende es a criticar a los autores que se leen como un primer paso para criticar a los sistemas económicos, políticos y sociales en toda su amplitud. Las discusiones en sus aulas son espacios dónde se pueden expresar opiniones sin cortapisas, y los profesores son uno más, y casi nunca son por sí mismos, el centro de atención. Pero es también la Facultad dónde quizá lo que más falta es la autocrítica. Es un vicio que se ha reforzado por su ausencia.

En el año 2011 la “gloriosa” Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM cumplió 60 años. De su historia, fines, logros, personalidades que han egresado de sus aulas, etc. se ha escrito mucho, pero de la falta de autocrítica que adolece nada o casi nada. Hace algunos meses algunos alumnos pintaron en el pavimento a la entrada de esta facultad “cuna del científico social”. Es factible preguntarse ¿Es posible formar científicos sociales sin autocrítica? Si. La FCPyS lo hace.

Quizá pueda considerarse trivial, pero sus instalaciones son un reflejo de cómo se entiende la sociedad en esa facultad, más aún, cómo se estudia y entiende lo público sin hacer nada por lo público ni respetarlo. La FCPyS está alejada del centro de la UNAM, aislada. Se encuentra  en la periferia de la Ciudad Universitaria, patrimonio de la humanidad. Sus edificios no tienen diseño, son una masa de cemento en medio de un terreno, con huecos que sirven de aulas. Pero tenía hasta hace unos años un espacio de convivencia, dónde lo público se hacía público. Una especie de ágora, pequeña, pero al fin ágora. Esa pequeña plaza servía de centro de discusión, de radicales y moderados. Allí se debatió el cierre o no de la Universidad a mediados de 1999, cuando estalló la peor huelga que ha sufrido la UNAM, la peor porque no se consiguió nada. Pero el espacio existía. Hoy es un mercado. Y no es una metáfora. La FCPyS no se distingue de un mercado de ‘fritangas’ o de esos mercados de comida que se encuentran en algunos centros como en Coyoacán o Tlalpan en el Distrito Federal. Sólo se alcanza a percibir que es una facultad porque se pueden ver a personas con libros y cuadernos, con su lap top o su mochila al hombro, son alumnos y profesores, pero la plaza ya no es esa ágora, es un mercado. Hasta los ‘intelectuales’ tienen necesidades fisiológicas. No son seres que por tener suponer tener una capacidad de pensamiento superior al común de las personas dejen de tener esas necesidades naturales. Ir a uno de los baños de la FCPyS es penoso. Año con año mejorarlos es una demanda de los estudiantes y una promesa que se cumple a medias. Cuando se cumple, esos estudiantes, los futuros científicos sociales comprometidos, con la labor de proponer políticas para resolver los problemas del país, se encargan de arruinar su propio espacio y su propias instalaciones.

Un estudiante de la FCPyS sabe que debe tomar entre 4 y 6 materias por semestre dependiendo de la carrera que estudie. Poco a poco se va acostumbrado que de esos 4 o 6 profesores sólo uno o dos son muy buenos en su área. Quizá algunos de ellos vaya a dar clases la mitad del semestre, porque un gran número de las “vacas sagradas” de las que se enorgullece la facultad sólo se paran en el aula al inicio y si bien les va a los alumnos, al final del curso. Mucho trabajo se deja a los profesores adjuntos, muchos de ellos son alumnos destacados de los últimos semestres de las licenciaturas o algunos del posgrado. Pero en realidad son pocos. La mayoría solo quiere ser adjunto por “el contacto”, para el curriculum, o porque necesita solventar de esa manera el requisito del servicio social sin el cual no puede titularse. Es entonces que el alumno de la gloriosa FCPyS debe aguantar su ignorancia y prepotencia, una especie de patente de corso que el profesor de la materia le otorga para que haga y deshaga en el aula. Y no existe ningún control sobre ello.

Y como sucede en otras universidades, en la UNAM es muy complicado si no inútil criticar a la izquierda mexicana, y en específico a sus Mesías. Más aún, de las filas de la UNAM surgen los “intelectuales orgánicos” que alimentan la ideología -no las ideas, no es lo mismo- de la izquierda. Entonces se hace difícil criticar, esa actividad tan cacareada pero poco santificada en esa Facultad. Pero sería equivocado decir que sólo sucede allí.

La falta de autocrítica es un virus que impera en todas las Universidades Mexicanas, y espero que no en todas las latinoamericanas. En estados de la república conservadores y con electorados tendientes a votar por la derecha, también se busca censurar, acallar y detener la crítica a los partidos de derecha, a la iglesia y al conservadurismo. Ya no digamos en aquellos estados dónde el PRI es mayoría, allí ha renacido la simbiosis con dicho partido, que al igual que en la UNAM, busca a sus ideólogos sin ideas (sí, y no es un error conceptual).

La ausencia de autocrítica es funcional a las actuales reformas al sistema universitario mexicano. El actual gobierno federal en manos del PAN ha preferido subsidiar a las Universidades Privadas en detrimento de las públicas. Y la falta de autocrítica, o más bien, el ejercicio de la crítica cómoda que se practica en las universidades públicas ha hecho pasar esta política de impacto negativo sin ninguna que se levante y haga presión. Eso sí, en algunos años nos estaremos quejando, pero será ya demasiado tarde.

Nota: Me negaba a creerlo. Hace algunos años me comentaron unos colegas que en los años 90’s, en el Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C. (CIDE) con la llegada de un famoso y distinguido académico como Director, se inició un proceso de “des-ideologización” de este Centro de investigación. Las vías fueron dos.La primera, reemplazar a la planta de profesores (muchos venían de Argentina y Uruguay, eran sociólogos o economistas) por nuevos perfiles con Doctorado, principalmente en universidades anglosajonas; esta vía es “normal”, si se quiere decir. Pero la segunda es escandalosa, y me negaba a creerlo hasta ahora que he conocido a más egresados de esos años que me lo confirman: se llevó a cabo una “limpia” de la biblioteca, los libros de marxismo y las teorías de la dependencia fueron destruidos o desechados para dejar espacio a nuevos textos más “actuales”. Algunos han exagerando comentando que los destruyeron e incluso se dice que los quemaron. Lo interesante es encontrar que en el CIDE, un centro elitista y meritocrático, que se ha aislado de las lógicas de las universidades medias y grandes que muchas veces inhiben la innovación, para precisamente dedicarse a hacer ciencia, se lleven a cabo prácticas no científicas parecidas a las de la Santa Inquisición. Si es chisme, se ha hecho grande y allí queda. Si es verdad, debe ser una vergüenza.

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Gestión Electoral Comparada y Confianza en las Elecciones en América Latina

Como autor de éste blog me disculpo con mis ocasionales lectores por no haber publicado casi ningún post en los últimos meses. Cuestiones del mundo académico me han absorbido gratamente el tiempo. Comparto mi primer libro, ganador del Segundo Lugar del Premio del Instituto Nacional de Administración Pública en México. Se puede comprar en la librería del INAP (www.inap.org.mx).

‎”Gestión Electoral Comparada y Confianza en las Elecciones en América Latina“, México, INAP, 2011. 285 pp. Prólogo de Gianfranco Pasquino, Presentación de José R. Castelazo. Portada diseñada por Rosalba Pérez Cravioto

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Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 11.000 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 4 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.

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