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Por qué (No) Publicar en “Editorial Académica Española”

“La práctica de la ciencia premia de manera excepcional la honradez.
Es característico de la ciencia que cualquier
falta de honestidad conduce inmediatamente al desastre.”

B. F. Skinner (1953-1981) *

La masificación de las publicaciones que promueve la Editorial Académica Española puede convertirse en una bomba de tiempo, pues banaliza la labor editorial al no existir ningún filtro para publicar y conduce a llenar la biblioteca virtual de internet de basura académica sepultando los buenos y malos trabajos bajo un mismo sello. Incluso algunas universidades han empezado a recomendar no hacerlo. Pero para algunos  es quizá la única oportunidad que tienen muchos egresados de los posgrados de publicar, o al menos contar con un ejemplar de su tesis impreso y la posibilidad de que ésta sea comprada por algún interesado en el tema, aunque a un precio extremadamente alto, si consideramos que muchas Universidades han decidido subir a internet las tesis. Los argumentos que presento a continuación deben conducir a los protoautores  a preguntarse cuando les llegue ese famoso correo electrónico o se vean tentados a escribirles a los de EAE: “Hice una buena tesis, ¿Prefiero subirla a internet y que se cite como tal, como una tesis; o prefiero editarla y “publicarla” con EAE -o cualquiera de sus contrapartes- so pena de que quizá nadie me cite o me tome en serio?”

El Contexto

Como seguramente ya le pasó a muchos, la Editorial Académica Española envía mensajes de correo electrónico a  (prácticamente) todos aquellos que han terminado un trabajo de Maestría o Doctorado. Resultaría interesante saber cómo la EAE sabe el título de los trabajos. Se puede deducir  fácilmente lo que hay tras las magníficas ofertas:  una estrategia bien diseñada abusando de la necesidad de quién necesita trabajo.

La EAE contrata a “editores” (si acaso así se les puede llamar a quienes su trabajo es buscar tesis en los catálogos de las bibliotecas y buscar el correo electrónico de los autores) a quienes les paga dependiendo del número de textos que logren que se publiquen bajo ese sello. Los “editores” se dedican a enviar correos electrónicos y a asesorar al “autor” en cómo utilizar la plataforma para publicar. El “autor” hace todo, el texto no pasa por corrector de estilo, ni de ortografía, no tiene diseño interno, todo depende del propio autor. No sólo se puede esperar el famosos correo electrónico de un “prestigiado editor de la EAE” también la misma editorial puede ser contactada por algún interesado directamente. La lógica es la misma. La EAE tiene una serie de acuerdos para que los libros que “publica” se vendan en los portales más útiles para comprarlos, sobre todo en  Amazon.com. Los libros en sí mismos no se imprimen de la forma tradicional, se utiliza el novedoso y ecológico sistema de print on demand. El autor al subirlo en internet a través de ese sistema obtiene un ejemplar de su “obra”, quienes deseen comprarla deberán pagar un precio muy elevado. Si el autor desea tener más ejemplares, puede hacer un pedido especial en el cual se le ofrece cierto descuento dependiendo el volumen.

Qué es EAE

Editorial Académica Española es la filial para lengua Castellana de LAP LAMBERT Academic Publishing GmbH & Co. KG. Hay otras que no se sabe exactamente si pertenecen al mismo grupo, tales como Éditions universitaires européennesVDM Verlag Dr. Mueller, entre muchísimas otras, no son claros sus vínculos pero la lógica de estas empresas editoriales es la misma. Quienes escriben en otras lenguas ya se están ocupando de este tema, incluso a los diversos correos electrónicos inicialmente se creían que era correos no deseados (spam), ahora los famosos correos electrónicos de estas casas editoriales  y en todos los idiomas posibles se les denominan precisamente así: Spam académico.

Los beneficios para los autores

La vida académica y la ciencia tienen reglas muy claras, son exigentes y los errores que se cometan tarde o temprano pesan. Como todo, dependen muchos factores. Existen buenos profesores que nunca han publicado, existen malos profesores con muchas publicaciones, pero unos y otros afortunadamente no son mayoría -espero-. Como sea, publicar en y para la academia es muy diferente a publicar para un diario o publicar un libro con meras opiniones. Una publicación académica puede tener un público mucho más reducido que una de difusión o una novela, etc., pero así es la ciencia, elitista. Y así se desarrolla, entre pequeñas élites, la ciencia no es de masas ni mucho menos es democrática. El conocimiento si puede y debe ser abierto y debe incluso llegar a las masas, pero su desarrollo es otra cosa.

Publicar un artículo académico es a veces sumamente complicado. Dejando afuera aquellas publicaciones que son patrimonio de pequeñas mafias académicas (las autopublicaciones, o aquellos editores que sesgan la publicación), un buen artículo debe pasar por el editor, una evaluación de al menos uno o dos dictaminadores, y luego una revisión general. Un libro lleva más o menos la misma lógica, aunque a veces solo pasa por el editor. Pero regularmente el borrador ya ha sido revisado por colegas el área, los resultados han sido presentados en congresos, o incluso algunas partes han sido publicadas como artículos.

Un recién egresado de Maestría o Doctorado está -y debiera- familiarizado con la complejidad de publicar. Aunque no se trata de algo imposible. De hecho, como ha señalado Wendy Lara Belcher, las revistas académicas necesitan más de los autores que los autores de ellas. Sólo hay que ser serios y seguir las normas más elementales de investigación y redacción. Publicar lleva tiempo, pero no es imposible.

Uno de los grandes problemas de las Universidades, sobre todo las públicas, es que publican, y muchas publican buenos libros, pero no saben distribuir los textos. Y es común encontrar sus bodegas repletas de libros que solo vieron la luz algunos ejemplares. Muchos buenos autores se sienten desanimados cuando ven sus libros ya no en las librerías de viejo -eso significa que al menos alguien lo tuvo en sus manos- sino en las bodegas. Y los agentes literarios -de las buenas editoriales- se cotizan cada vez más -precisamente ellos saben lo que implica la existencia de algo como la EAE- y acercarse a ellos se complica.

De allí que el único beneficio que se puede extraer de publicar en la EAE es la difusión. Conviene si el trabajo personalmente se considera que es bueno pero no tanto como para someterlo a una dictaminación, si ya nos aburrió la temática, si sólo se elaboró para obtener el grado -así, literalmente-, o sí de plano se ha tenido muy mala suerte y no se han aceptado los artículos derivados de éste. Conviene si quizá la meta del autor no es ser académico, ni dedicarse a la investigación. Publicar en EAE sirve para el Currículo, como dijera Gabriel Zaid en relación al crecimiento de publicaciones que nadie leerá.

Porqué no es conveniente publicar en EAE

Inicialmente porque los derechos de autor pasan a la Editorial, la cual -repito algo que se dice en otros sitios- su único mérito es haber contactado al autor. Si la tesis o el trabajo de investigación fue financiado por algún organismo público, eso no importa, la EAE legalmente asume los derechos.

Ahora bien, si el objetivo del autor es dedicarse a la academia y la investigación, publicar en EAE debe ser producto de un fundamentado razonamiento. Tarde o temprano haber publicado en ese tipo de editoriales va a pesar. Y no porque la lógica de la difusión sea mala. Muy buenos trabajos quedarán sepultados en una masa de malos trabajos. La lógica de la academia tarde o temprano decidirá en qué medida tomar en serio esos trabajos. No porque sean accesibles al público -todas las buenas revistas académicas arbitradas e indexadas están en línea y de manera gratuita- sino porque no hay ningún filtro serio. La EAE y similares están banalizando el trabajo editorial.

En México por ejemplo, los académicos que desean ingresar al Sistema Nacional de Investigadores, un programa quizá único en el contexto latinoamericano que valora -no obstante sus sesgos y las críticas que existen- la calidad de quien investiga, están presionados porque se les exige publicar. Pero ¿que pasará cuando todos de repente presenten en sus informes libros publicados en EAE? Seguro habrá una revisión de este sistema y no serán considerados.

Publicar en EAE no es tan grave como obtener un título de la Pacific Western University, u otras seudo-universidades, pero sí puede a la llegar a pesar, resumo algunos porqués de la no conveniencia:

a) No hay ningún filtro serio en el proceso editorial

b) Un buen trabajo quedará sepultado entre tantos malos trabajos

c) El autor seguramente nunca verá ganancias de su obra, y habrá ganado a la larga desprestigio

d) Es la salida fácil a la dificultad de publicar, pero no es la mejor.

Malo para la academia y la investigación, bueno para la difusión

Muchas buenas tesis de maestría y doctorado se quedan en las bibliotecas sin que nadie las lea. Tomemos en cuenta que en muchas universidades, sobre todo de origen latino (francesas, españolas, portuguesas y latinoamericanas) existe una práctica -que afortunadamente empieza a desaparecer- de que esas tesis no pueden ser consultadas. Además de que a diferencia de las universidades sajonas, sus horarios son pésimos, no abren en las tardes, pedir un libro es como pedirles dinero (los bibliotecarios creen que nos hacen un favor), y por lo general se tienen que llenar cierta documentación. La internet ha llevado a que muchas universidades suban a sus páginas las tesis, y éstas puedan ser consultadas, si luego son plagiadas ya es otra cosa, las mismas nuevas tecnologías nos ayudan hoy a saber cuando alguien ha plagiado algo de internet.

Por ello la EAE y todas aquellas otras editoriales similares están aprovechando esta lógica para poner al alcance esos trabajos que bajo otras circunstancias no verían la luz, y si acaso llega a suceder, que los autores obtengan cierta ganancia (aunque ahora nadie me ha comentado de éstas).

El problema es que la difusión de los avances de la ciencia no pueden -repito- banalizarse y perder seriedad. Si EAE y compañia tuvieran un equipo que decide que trabajos son publicados y cuáles no, si los requisitos fueran serios y transparentes, quizá esta buena idea mal implementada tendría a la larga mejores resultados.

Pero de seguir así, de pronto el ciberespacio librero estará lleno de chatarra académica, muchos libros que nadie compra, que nadie lee, pero que que si tienen ISSN.

Nada nuevo bajo el sol

Finalmente, habrá que decir que el problema de los “demasiados libros” -citando a Zaid- no es nuevo. En una obra muy interesante y de agradable lectura “Libros, editores y público en el Mundo Antiguo” de Guglielmo Cavallo cita un epigrama de Ausonio en el siglo IV (!!) que bien cabe en el mundo actual, dónde la internet es una biblioteca enorme, pero no por ello nos hace mas sabios:

Has comprado libros y llenado los estantes, Filomuso: ¿crees que ya estás educado gracias a ellos, que eres culto ya? Si hoy te compras cuerdas, lira y plectro, ¿crees de verdad que mañana te pertenecerá el reino de la música?

La Editorial Académica Española está llenado los estantes virtuales de libros, pero no es una sana labor. Pero este problema, que desde la antigüedad ya se había observado, la misma lógica de la edición y los libros tarde o temprano logra ser expulsada. Los demasiados libros no son un problema, por ello siempre se recomienda leer a los clásicos, el problema es la demasiada ignorancia.

¿Cuántos libros de los que publica la EAE merecerán ser leídos? Entre tantos que supuestamente publica, no se puede ni se podrá saber a ciencia cierta. Y éste es el gran problema. Posiblemente algo que podría ser un clásico si el autor hubiera esperado una mejor oportunidad, terminará siendo un librillo mas sepultado en esa masa virtual de seudolibros.

[Aquí una crítica mas: Acerca de una modalidad editorial espuria]