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Kirchner o la extrema personalización de la política

La muerte de Néstor Kirchner más allá de ser una noticia más, tiene ciertos elementos particulares. No es común que una gran parte de la población de un país lamente la muerte de un ex-presidente. Por regla, el ejercicio del poder desgasta, y en las presidencias latinoamericanas mucho más. Los políticos carismáticos o populistas de la era de la democracia en América Latina son muy diferentes a aquellos clásicos populistas, como Cárdenas, Haya de la Torre, Vargas o Perón. Muchos los trataron de emular, como Salinas, Menem, Fujimori, Bucaram, etc. pero pocos o ninguno de ellos tendrán cortejos fúnebres como el de Kirchner. ¿Porqué?

La popularidad de Kirchner se debe a la conjunción maquiaveliana de fortuna y virtud. En Argentina hay ciertos tópicos que nadie toca y que tienen que ver con la ideología que cimienta el sistema de partidos: Juan Domingo Perón. Todos los políticos son peronistas en mayor o menor medida. Nadie le cuestiona su autoritarismo, su terquedad por el poder, y sobre todo el haber abierto las puertas a los ex-nazis después de la Segunda Guerra Mundial. Estos tópicos incluso los politólogos e historiadores son muy cautos al tratarlos, so pena de ostracismo. No se sabe bien a bien que es el peronismo, pero el Partido Justicialista, la herencia de Perón, está más fragmentado que el PRD en México, y cada corriente interpreta el peronismo a su manera. Kirchner lo hizo al “vencer” a Menem en 2003.

Asumió la presidencia en un contexto de crisis económica, política y social. Los datos del Latinobarómetro muestran que de 2000 a 2003 Argentina fue uno de los países dónde más disminuyó el apoyo a las instituciones políticas: partidos, congreso, elecciones, etc. La población unos meses antes gritaba  “que se vayan todos!”.  Pero después de la tormenta viene la calma. Y Kirchner estaba allí. En qué medida la recuperación de Argentina fue más efecto de las tendencias internacionales que las propias dinámicas y las políticas internas implementadas, no se puede saber con exactitud, pero Kirchner lo aprovechó muy bien. Aprovechó también la posibilidad de gobernar por medio de decretos, como lo hicieron los primeros gobiernos de la tercera ola de democratización en la región. Quizá la política que más lo distinguió fue el haber promovido la abolición de las leyes que impedían juzgar a los militares de la última dictadura argentina. Ello lo ubicó como un líder de izquierda, antes de ello, pocos lo hubieran calificado como tal.

Es paradójico que cuando Kirchner gobernaba, muchos decían que en realidad era su esposa quien lo hacía. De hecho su campaña política levantó más por Cristina que por él mismo. A Kirchner lo conocían sólo en Santa Fé, mientras que su esposa ya lo era a nivel nacional. Cuando ella asumió la presidencia, que la merecía quizá más por méritos propios y no por heredar los aciertos de su esposo, la opinión cambió el argumento, era Néstor Kirchner quien estaba detrás de la presidencia.

¿Porqué tanta atención al momento de su muerte? Las democracias en América Latina, quizá  más que en ninguna otra región del mundo, tienden a endiosar la figura presidencial. Los ciudadanos tienen una fijación con la elección presidencial muy marcada. La aspiración de todo político latinoamericano es ser presidente. Es tal la fuerza “mitológica” de la imagen presidencial, que en muchos casos, apenas terminadas unas elecciones, los opinólogos y la comentocracia en general se dedican a especular en quien sucederá al recién elegido presidente en la próxima elección, o si el recién elegido podrá aspirar a la reelección sin complicaciones. Especulaciones burdas porque la opinología no tiene el mínimo referente empírico de desempeño pero se tiran litros de tinta en ello. (Post próximo: ¿Que tán (in)útil es la opinología?).

Maquiavelo señalaba que a un buen príncipe se le conoce por la gente que le rodea, y recomendaba que éste se rodeara de gente que pensara en el mismo Príncipe antes que en sí mismo (en términos políticos, obvio).  Muchos presidentes de América Latina tienen que lidiar con los egos de sus ministros o secretarios, porque todos quieren sucederlo, y ello implica pensar en sí mismos. Algunos presidentes, prefieren catalizar las aspiraciones seleccionando a unos cuantos y haciéndolos competir por su “bendición”, de ésta forma los hace pensar en él, pues el éxito de su gestión depende del desempeño de sus ministros. (por ejemplo Lula que le heredó el poder a Vilma, o Uribe que le heredó a Juan Manuel Santos).

Kirchner tuvo la fortuna de no heredar el poder a uno de sus ministros, sino a su propia esposa quien no es cualquier política, ello le facilitó las cosas para trascender a quienes lo rodeaban. Se benefició de la fortuna, y lo aprovechó muy bien. Ver a tanta gente despedirlo como si se hubiese muerto el presidente (o la presidenta) en funciones es más que una curiosidad, deja mucho al descubierto a una sociedad que pone todas sus esperanzas en una persona. En el actual momento argentino, en una pareja -como lo hicieron con Juan Domingo y Eva Perón-, cosa que no se volverá a ver seguramente en muchos años.

 

Véase también: Kirchner: política y necrofilia

Adam Przeworski, ‘Nobel’ en Ciencia Política 2010

Le ha sido concedido a Adam Przeworski (Polonia, 1940) el Johan Skytte Prize in Political Science, considerado como el Nobel en Ciencia Política (A falta de uno en la materia en dicho Club y después de haberlo recibido Obama sólo por publicar libros de superación personal, ya no se sabe). Hace un año, comenté en este mismo espacio, sobre el premio (obtenido el año pasado por el Prof. Schmitter).  Dicho premio se otorga a quien ha “hecho una de las mejores contribuciones a la ciencia política”. El comité está conformado por profesores en la disciplina (poco conocidos a nivel mundial) de algunos países de Europa del Norte quienes reciben las nominaciones de los colegas de varias naciones.

Según el acta, Przeworski lo merece por “haber elevado el nivel de los estándares científicos de la relación entre democracia, capitalismo y desarr0llo económico”.

Las aportaciones de Przeworski a la Ciencia Política no sólo están en la teoría y el estudio empírico de la democracia, sino también en el área de la metodología; él pertenece a esa corriente que se puede llamar la ‘Derecha Dura‘ (en términos de G. A. Almond) que promueve el uso de métodos estadísticos y matemáticos en la disciplina, y casi desearían que se asemejara a la Economía. En la entrevista que G. Munck y R. Snyder le hicieron en Passion, Craft and Method in Comparative Politics (2007), no queda duda:

Pregunta: Si observa dónde estaba la política comparada hace treinta años, cuando usted era un joven profesor, en relación a dónde estamos hoy, ¿que es lo que hemos aprendido desde entonces? Respuesta: Déjeme hacer un prefacio a mi respuesta. Una parte de la mejor investigación en política comparada es hecha en éstos días por ECONOMISTAS, entonces los debo incluir en mi respuesta. Daron Acemoglou y James Robinson, Alberto Alesina, Roland Benabou, Jess Benhabib, Torsten Persson y Guido Tabellini, y muchos otros han hecho excelentes aportaciones a la política comparada. Ellos normalmente no saben mucho sobre política, pero abordan cuestiones centrales y dan fundamentales respuestas. Si los incluimos -a los economistas- si, yo creo que tenemos una tremenda acumulación de conocimiento. (p.495)

A pesar de que no comparto del todo la apreciación de Przeworski (sobre todo porque no menciona a D. C. North y a A. O. Hirschman, más conocidos e influyentes que sus amigos que menciona), ha desarrollado algunos elementos de investigación centrales para la ciencia política y el estudio de la democracia; algunas de sus aportaciones se pueden resumir en estos puntos:

1. Los partidos de izquierda pueden tender a abandonar la bandera del socialismo (cuando existía) si la clase trabajadora -su base de electores natural- no logra alcanzar ciertos parámetros de bienestar, adaptando una agenda de reformas dentro de los parámetros del capitalismo.

2. Altos niveles de  desarrollo económico facilitan la estabilidad de la democracia y las transiciones a la misma. (Przeworski, siguió la tesis de Lipset, pero la demostró con datos)

3. Contrariamente a la tesis que alguna vez sustuvo Samuel Huntington (Political Order in Changing Societies, 1968), la economía en sistemas democráticos tiene un mejor desempeño que en los sistemas autoritarios.

4. En metodología, y como señalan los mismos Munck y Snyder, Przeworski es un innovador al ser uno de los promotores de la la aplicación de métodos formales y estadísticos en la política comparada, y uno de los primeros en aplicar la Teoría de la Elección Racional. Przeworski es un firme promotor del uso de la estadística, modelos matemáticos y econométricos en el análisis político. Paradójicamente -y cosa que no ven su seguidores-, poco de ello se ve en sus textos, es decir, no los llena de incomprensibles modelos e indescifrables fórmulas, sino que sólo se ayuda de ellos.

Este es un fragmento de sus conclusiones en Democracy and Market que debieran ser muy bien leídos por los politólogos latinoamericanos de izquierda que sostienen a ciertos líderes autoritarios y populistas disfrazados de demócratas:

“No todos los movimientos antiautoritarios son prodemocráticos; algunos se agrupan bajo el lema de la democracia sólo como el primer paso para acabar devorando tanto a sus oponentes autoritarios como a sus aliados en la lucha contra el antiguo régimen autoritario. La búsqueda del consenso a menudo sólo encubre una nueva tentación autoritaria. Para muchas personas, la democracia representa el desorden, el caos, la anarquía. Como señaló Marx hace casi un siglo y medio, el partido que defiende la dictadura es el partido del orden. Y el miedo a lo desconocido no se limita exclusivamente a las fuerzas vinculadas al antiguo régimen.

La democracia es el reino de la indeterminación; el futuro no está escrito. Los conflictos de valores e intereses son inherentes a todas las sociedades. La democracia es necesaria precisamente porque no podemos ponernos de acuerdo. La democracia es sólo un sistema para elaborar los conflictos sin matarse; una sistema en el cual existen diferencias, conflictos, ganadores y perdedores. La ausencia de conflictos sólo se da en los sistemas autoritarios. Ningún país dónde un mismo partido triunfe dos veces seguidas con el 60 porciento de los votos es una democracia”

Finalmente, habrá que señalar que Przeworski sí esta interesado en la relación entre Democracia y Mercado, la política y la economía, en el cómo las decisiones políticas afectan el desarrollo económico, y el cómo los sistemas socialistas y capitalistas tuvieron resultados diferenciados a partir del contexto político. De allí que sus definiciones y explicaciones no son reduccionistas como algunos lo han criticado, al compararlo con Schumpeter, argumentando que sigue la tendencia a simplificar el rol de la democracia a un mero sistema de elección de gobernantes.

Schumpeter estaba interesado en el funcionamiento del capitalismo y el socialismo como sistemas económicos, y en ese interés , estudió la democracia como una variable independiente, pero ofreciendo una definición de democracia que es metodológicamente operativa:

“El método democrático no significa de ninguna manera, que el pueblo gobierna efectivamente […] la democracia significa tan sólo que el pueblo tiene la oportunidad de aceptar o rechazar los hombres que han de gobernarle […] en un contexto de libre competencia por el caudillaje político”.

Przeworski parte de ésta premisa en el desarrollo de sus investigaciones, más no por ello es un minimalista de la democracia, por así decir.

Algunas de sus obras:

The logic of Comparative Social Inquiry coaut. (1970)

Capitalism ans Social Democracy (1985)

Paper Stones coaut. (1986)

The State and the Economy Under Capitalism (1990)

Democracy and Market (1991)

Democracy and Development (2000)

States and Markets (2003)