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La burocratización de la ciencia ó como hacer que la actividad científica se atrofie

La actividad científica es una tarea que pocos anhelan; dedicarse profesionalmente al desarrollo de la ciencia es una vocación. Ni los incentivos ni los beneficios personales para dedicarse a éstas tareas son materiales; pero, si hay ganancias, son las únicas que se distribuyen de manera amplia e impersonal, pues benefician a sociedades enteras. Es una verdad que los países más desarrollados, pero sobre todo aquellos que tienen mejor calidad de vida, son dónde la actividad científica es socialmente reconocida, por lo que la inversión social (pública y privada) en tales actividades es sustancialmente mayor que en aquellos países dónde la ciencia es menospreciada, incomprendida y/o subvalorada.

En México, según la “Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología” (Enpecyt) de 2015: poco más del 70% de los encuestados señalaron que los mexicanos creen más en la fe que en la ciencia; casi el 50% cree que el desarrollo tecnológico origina una manera de vivir artificial y deshumanizada; más del 75% cree que la homeopatía, la acupuntura y la quiropráctica son medios adecuados para el tratamiento de enfermedades; el 40% cree que algunas personas tienen poderes psíquicos; y casi el 50% cree que los científicos son peligrosos debido al conocimiento que poseen. A pesar de éstos datos, casi el 80% confía en los científicos que trabajan en las universidades y centros de investigación públicos y privados, y casi en la misma medida confían en los médicos, en los escritores e intelectuales; muy por arriba de los líderes religiosos y políticos que tienen más del 70% de desconfianza.

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La información de la “Enpecyt” muestra que en México existe un desconocimiento de lo que hacen los científicos, a pesar de que son bien valorados. Unas de las tareas que deberían ampliarse son las actividades de divulgación. Si la sociedad paga de manera indirecta a través de sus impuestos las actividades científicas, igualmente debería estar más informada de tales actividades y sus resultados. Empero vivimos en un mundo al revés: el gasto público federal para la ciencia, tecnología e innovación que se distribuye en diversas instituciones, incluido el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), se ha reducido aproximadamente un 3% cada año desde 2010; empero el presupuesto para partidos políticos y las instituciones electorales no ha dejado de crecer a pesar del descrédito que padecen, por no hablar de su ineficiencia en una tarea que debería ser menos compleja.

En éste contexto, el Conacyt decidió modificar la plataforma electrónica del Currículum Vitae Único (CVU) que deben llenar año con año todos los investigadores y alumnos de posgrado que reciben recursos gestionados por dicha institución. En su mensaje institucional, el Conacyt se jacta de facilitar la captura de información porque elimina la captura libre. Es sorprendente el nivel de ignorancia de la actividad científica de quienes elaboraron y aprobaron el funcionamiento de ésta nueva plataforma: supone de manera acrítica que los índices Thompson y Scopus son los únicos referentes de la buena ciencia, y en su afán de “seguir estándares internacionales” borraron con un teclado un número significativo de instituciones científicas importantes en las cuáles muchos científicos se han formado pero que los burócratas del Conacyt desconocen. El 10 de julio un grupo de investigadores del CIESAS envió una carta al director del Conacyt señalando las inconsistencias de esa nueva plataforma que no hace más que aumentar el burocratismo al que está sometida la comunidad científica del país, en resumen, los investigadores del CIESAS señalan que esos criterios no son idóneos para dar cuenta de la actividad científica al rigidizar y homogeneizar una actividad que es precisamente heterogénea y abierta para obtener buenos resultados.

Para quienes no están familiarizados con la actividad científica quizá sea un nimiedad “quejarse” por el cambio de una plataforma, empero no lo es. Más aún, en las universidades públicas estatales las tareas científicas están hiperburocratizadas al grado que es factible afirmar que un profesor-investigador pasa igual tiempo o más llenando formatos que investigando ó dedicándose a las actividades de docencia y divulgación: oficios para solicitar un aula para una conferencia, para pedir apoyos para asistir a un congreso, para recursos para publicar un libro, etc., y por lo regular a una ó dos instancias dentro de la misma institución. Casi todos los investigadores deben dedicar tiempo y esfuerzo a llenar al menos tres plataformas que no son compatibles y que tienen estándares diferentes entre una y otra, en las cuáles deben capturar sus actividades de docencia, investigación, divulgación y actividades administrativas, si las tienen.

I) El CVU del Conacyt, que ha sido objeto de varias críticas ya desde su creación, por la rigidez con la que está conformado. Ésta plataforma funciona esencialmente para tres objetivos: para evaluar a los investigadores que desean ingresar al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), a los alumnos que desean estudiar un posgrado con financiamiento del Conacyt y, a los investigadores o grupos de investigación que participan para obtener fondos para financiar proyectos de investigación básica o aplicada. Pero el SNI es como la cárcel, muchos de los que están no deberían estar, y viceversa, muchos no están y deberían de estar. ¿Porqué? La hiperburocratización del CVU del Conacyt y del proceso de evaluación abre muchas ventanas de oportunidad para la deshonestidad intelectual. Con tal de no perder la membresía y el estímulo, se han generado prácticas para engañar al sistema: libros coordinados sin verdadera coordinación, duplicación de publicaciones sin mejoras entre una y otra, constancias ad hoc para aumentar el curriculum, titulación de alumnos de posgrado con bajos estándares con tal de mantener los índices de titulación, etc. Lo más patético son los casos de seudoinvestigadores que han llegado a las instancias judiciales porque no logran la membresía en el SNI. La razón: la evaluación a través del CVU se ha convertido en una especie de álbum de colección, suponiendo que el que tiene más “estampitas” es mejor investigador, lo cual es falso. La homogeneización puede fortalecer este tipo de prácticas porque sigue fomentando el número sobre la calidad, y confunde la calidad con los indicadores bibliométricos. Un libro o artículo también puede ser citado porque es malo, para alertar a la comunidad científica a no leerlo o seguirlo por sus malos resultados, pero el indicador no valora ello.

II) La plataforma del Currículum del Programa para el Desarrollo Profesional Docente, para el Tipo Superior (PRODEP, antes PROMEP), que apoya a los profesores de tiempo completo en su integración a las universidades, para desarrollar proyectos de investigación, para solicitar recursos para hacer un posgrado entre otras a nivel individual, pero también para registrar las actividades de los Cuerpos Académicos (CA). El problema de ésta plataforma es que no es compatible con aquella del CONACYT, lo que implica duplicar el tiempo de un investigador. Al igual que con el SNI, en el PRODEP aparecen diversas prácticas que a los ojos de muchos quizá no sean deshonestas pero poco o nada aportan al desarrollo científico.

III) Finalmente, la plataforma que cada Universidad pública estatal tiene para capturar la productividad de sus profesores a lo largo de cada año para acceder a los estímulos o becas académicas. Los salarios de los profesores-investigadores son bajos y los estímulos son un incentivo para mantenerse en esta carrera. A diferencia de la UNAM dónde la evaluación tiene una temporalidad más amplia, en prácticamente todas las universidades estatales cada año los investigadores deben presentar documentación que demuestre que trabajaron durante ese año para ser evaluados en una plataforma que no es compatible ni con el CVU del Conacyt ni con aquella del PRODEP. En algunas universidades la asignación de los estímulos está sujeta a los vaivenes de la política universitaria interna (cómo sucedió por la corrupción de las últimas administraciones en la Universidad Autónoma de Nayarit ó el caso de la Universidad de Sinaloa, que uno de sus ex-rectores la convirtió en una universidad-partido), pero en general las administraciones universitarias están sujetas a los presupuestos federales y por tanto a someter cada año a sus investigadores a ésta evaluación. Los criterios entre universidades y centros de investigación son diferenciados, derivado de que las burocracias son anticientíficas; solo por poner un ejemplo: mientras en unas universidades y centros de investigación publicar un artículo en una revista indexada en Thomson y Scopus posibilita alcanzar prácticamente la mitad de los estímulos a los que se accederá, en otras un artículo de las mismas características apenas vale lo mismo que presentar tres constancias por asistir a unas conferencias como oyente.

En la mayoría de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a la cuál pertenece México y por lo tanto es comparable, el salario de los científicos en las universidades y centros de investigación es alto y por lo tanto no está sometido a evaluaciones anuales absurdas. Se reconoce que un buen científico requiere tiempo para producir, que un buen resultado científico no se logra “año con año” y que un buen artículo académico puede tardar más de tres años en ser publicado. Se aplican reglas académicas, no burocráticas. Obtener el Doctorado es un proceso académico, en el cuál se debe demostrar capacidad para investigar, y por lo tanto es una habilitación para dedicarse a la vida científica. En México la creación de programas de doctorado sin rigurosidad, peor aún, sin verdadera investigación, la falsa idea del escalafón: licenciatura-maestría-doctorado, ha creado “recursos humanos” que deberán dedicarse a la ciencia pero no tienen la vocación, doctores que cuando se integran a la vida académica se sienten cómodos con la política del papel, del documento, de la constancia de asistencia, y del capítulo en el libro homenaje. Nada de eso sirve a la ciencia, pero sí a las plataformas que capturan la “productividad” académica. A la carta de los investigadores del CIESAS, con argumentos válidos y que deberían tomarse en serio, el Conacyt se limitó a responder burocráticamente [https://goo.gl/sEYKCs] . No es una paradoja sino una pena.

La burocratización implica crear más reglas y modificar y ampliar las existentes, y a más reglas más corrupción. Son tantos los requisitos que se piden para acreditarse como científico que hay personas que, sabiendo el prestigio que da la etiqueta de presentarse como Doctor, profesor o investigador, aprenden a burlarse del sistema precisamente por el amplísimo número de requisitos que antes que ser un mecanismo de evaluación se convierten en una especie de escalafón. Someter la actividad investigadora a procesos de burocratización es contraproducente: la ciencia requiere tiempo y espacio para la reflexión, la actividad investigadora es contraria al sometimiento de llenar formatos en línea que matan el tiempo y no son más que tareas repetitivas que sofocan la inspiración y la capacidad analítica.

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Por qué (No) Publicar en “Editorial Académica Española”

“La práctica de la ciencia premia de manera excepcional la honradez.
Es característico de la ciencia que cualquier
falta de honestidad conduce inmediatamente al desastre.”

B. F. Skinner (1953-1981) *

La masificación de las publicaciones que promueve la Editorial Académica Española puede convertirse en una bomba de tiempo, pues banaliza la labor editorial al no existir ningún filtro para publicar y conduce a llenar la biblioteca virtual de internet de basura académica sepultando los buenos y malos trabajos bajo un mismo sello. Incluso algunas universidades han empezado a recomendar no hacerlo. Pero para algunos  es quizá la única oportunidad que tienen muchos egresados de los posgrados de publicar, o al menos contar con un ejemplar de su tesis impreso y la posibilidad de que ésta sea comprada por algún interesado en el tema, aunque a un precio extremadamente alto, si consideramos que muchas Universidades han decidido subir a internet las tesis. Los argumentos que presento a continuación deben conducir a los protoautores  a preguntarse cuando les llegue ese famoso correo electrónico o se vean tentados a escribirles a los de EAE: “Hice una buena tesis, ¿Prefiero subirla a internet y que se cite como tal, como una tesis; o prefiero editarla y “publicarla” con EAE -o cualquiera de sus contrapartes- so pena de que quizá nadie me cite o me tome en serio?”

El Contexto

Como seguramente ya le pasó a muchos, la Editorial Académica Española envía mensajes de correo electrónico a  (prácticamente) todos aquellos que han terminado un trabajo de Maestría o Doctorado. Resultaría interesante saber cómo la EAE sabe el título de los trabajos. Se puede deducir  fácilmente lo que hay tras las magníficas ofertas:  una estrategia bien diseñada abusando de la necesidad de quién necesita trabajo.

La EAE contrata a “editores” (si acaso así se les puede llamar a quienes su trabajo es buscar tesis en los catálogos de las bibliotecas y buscar el correo electrónico de los autores) a quienes les paga dependiendo del número de textos que logren que se publiquen bajo ese sello. Los “editores” se dedican a enviar correos electrónicos y a asesorar al “autor” en cómo utilizar la plataforma para publicar. El “autor” hace todo, el texto no pasa por corrector de estilo, ni de ortografía, no tiene diseño interno, todo depende del propio autor. No sólo se puede esperar el famosos correo electrónico de un “prestigiado editor de la EAE” también la misma editorial puede ser contactada por algún interesado directamente. La lógica es la misma. La EAE tiene una serie de acuerdos para que los libros que “publica” se vendan en los portales más útiles para comprarlos, sobre todo en  Amazon.com. Los libros en sí mismos no se imprimen de la forma tradicional, se utiliza el novedoso y ecológico sistema de print on demand. El autor al subirlo en internet a través de ese sistema obtiene un ejemplar de su “obra”, quienes deseen comprarla deberán pagar un precio muy elevado. Si el autor desea tener más ejemplares, puede hacer un pedido especial en el cual se le ofrece cierto descuento dependiendo el volumen.

Qué es EAE

Editorial Académica Española es la filial para lengua Castellana de LAP LAMBERT Academic Publishing GmbH & Co. KG. Hay otras que no se sabe exactamente si pertenecen al mismo grupo, tales como Éditions universitaires européennesVDM Verlag Dr. Mueller, entre muchísimas otras, no son claros sus vínculos pero la lógica de estas empresas editoriales es la misma. Quienes escriben en otras lenguas ya se están ocupando de este tema, incluso a los diversos correos electrónicos inicialmente se creían que era correos no deseados (spam), ahora los famosos correos electrónicos de estas casas editoriales  y en todos los idiomas posibles se les denominan precisamente así: Spam académico.

Los beneficios para los autores

La vida académica y la ciencia tienen reglas muy claras, son exigentes y los errores que se cometan tarde o temprano pesan. Como todo, dependen muchos factores. Existen buenos profesores que nunca han publicado, existen malos profesores con muchas publicaciones, pero unos y otros afortunadamente no son mayoría -espero-. Como sea, publicar en y para la academia es muy diferente a publicar para un diario o publicar un libro con meras opiniones. Una publicación académica puede tener un público mucho más reducido que una de difusión o una novela, etc., pero así es la ciencia, elitista. Y así se desarrolla, entre pequeñas élites, la ciencia no es de masas ni mucho menos es democrática. El conocimiento si puede y debe ser abierto y debe incluso llegar a las masas, pero su desarrollo es otra cosa.

Publicar un artículo académico es a veces sumamente complicado. Dejando afuera aquellas publicaciones que son patrimonio de pequeñas mafias académicas (las autopublicaciones, o aquellos editores que sesgan la publicación), un buen artículo debe pasar por el editor, una evaluación de al menos uno o dos dictaminadores, y luego una revisión general. Un libro lleva más o menos la misma lógica, aunque a veces solo pasa por el editor. Pero regularmente el borrador ya ha sido revisado por colegas el área, los resultados han sido presentados en congresos, o incluso algunas partes han sido publicadas como artículos.

Un recién egresado de Maestría o Doctorado está -y debiera- familiarizado con la complejidad de publicar. Aunque no se trata de algo imposible. De hecho, como ha señalado Wendy Lara Belcher, las revistas académicas necesitan más de los autores que los autores de ellas. Sólo hay que ser serios y seguir las normas más elementales de investigación y redacción. Publicar lleva tiempo, pero no es imposible.

Uno de los grandes problemas de las Universidades, sobre todo las públicas, es que publican, y muchas publican buenos libros, pero no saben distribuir los textos. Y es común encontrar sus bodegas repletas de libros que solo vieron la luz algunos ejemplares. Muchos buenos autores se sienten desanimados cuando ven sus libros ya no en las librerías de viejo -eso significa que al menos alguien lo tuvo en sus manos- sino en las bodegas. Y los agentes literarios -de las buenas editoriales- se cotizan cada vez más -precisamente ellos saben lo que implica la existencia de algo como la EAE- y acercarse a ellos se complica.

De allí que el único beneficio que se puede extraer de publicar en la EAE es la difusión. Conviene si el trabajo personalmente se considera que es bueno pero no tanto como para someterlo a una dictaminación, si ya nos aburrió la temática, si sólo se elaboró para obtener el grado -así, literalmente-, o sí de plano se ha tenido muy mala suerte y no se han aceptado los artículos derivados de éste. Conviene si quizá la meta del autor no es ser académico, ni dedicarse a la investigación. Publicar en EAE sirve para el Currículo, como dijera Gabriel Zaid en relación al crecimiento de publicaciones que nadie leerá.

Porqué no es conveniente publicar en EAE

Inicialmente porque los derechos de autor pasan a la Editorial, la cual -repito algo que se dice en otros sitios- su único mérito es haber contactado al autor. Si la tesis o el trabajo de investigación fue financiado por algún organismo público, eso no importa, la EAE legalmente asume los derechos.

Ahora bien, si el objetivo del autor es dedicarse a la academia y la investigación, publicar en EAE debe ser producto de un fundamentado razonamiento. Tarde o temprano haber publicado en ese tipo de editoriales va a pesar. Y no porque la lógica de la difusión sea mala. Muy buenos trabajos quedarán sepultados en una masa de malos trabajos. La lógica de la academia tarde o temprano decidirá en qué medida tomar en serio esos trabajos. No porque sean accesibles al público -todas las buenas revistas académicas arbitradas e indexadas están en línea y de manera gratuita- sino porque no hay ningún filtro serio. La EAE y similares están banalizando el trabajo editorial.

En México por ejemplo, los académicos que desean ingresar al Sistema Nacional de Investigadores, un programa quizá único en el contexto latinoamericano que valora -no obstante sus sesgos y las críticas que existen- la calidad de quien investiga, están presionados porque se les exige publicar. Pero ¿que pasará cuando todos de repente presenten en sus informes libros publicados en EAE? Seguro habrá una revisión de este sistema y no serán considerados.

Publicar en EAE no es tan grave como obtener un título de la Pacific Western University, u otras seudo-universidades, pero sí puede a la llegar a pesar, resumo algunos porqués de la no conveniencia:

a) No hay ningún filtro serio en el proceso editorial

b) Un buen trabajo quedará sepultado entre tantos malos trabajos

c) El autor seguramente nunca verá ganancias de su obra, y habrá ganado a la larga desprestigio

d) Es la salida fácil a la dificultad de publicar, pero no es la mejor.

Malo para la academia y la investigación, bueno para la difusión

Muchas buenas tesis de maestría y doctorado se quedan en las bibliotecas sin que nadie las lea. Tomemos en cuenta que en muchas universidades, sobre todo de origen latino (francesas, españolas, portuguesas y latinoamericanas) existe una práctica -que afortunadamente empieza a desaparecer- de que esas tesis no pueden ser consultadas. Además de que a diferencia de las universidades sajonas, sus horarios son pésimos, no abren en las tardes, pedir un libro es como pedirles dinero (los bibliotecarios creen que nos hacen un favor), y por lo general se tienen que llenar cierta documentación. La internet ha llevado a que muchas universidades suban a sus páginas las tesis, y éstas puedan ser consultadas, si luego son plagiadas ya es otra cosa, las mismas nuevas tecnologías nos ayudan hoy a saber cuando alguien ha plagiado algo de internet.

Por ello la EAE y todas aquellas otras editoriales similares están aprovechando esta lógica para poner al alcance esos trabajos que bajo otras circunstancias no verían la luz, y si acaso llega a suceder, que los autores obtengan cierta ganancia (aunque ahora nadie me ha comentado de éstas).

El problema es que la difusión de los avances de la ciencia no pueden -repito- banalizarse y perder seriedad. Si EAE y compañia tuvieran un equipo que decide que trabajos son publicados y cuáles no, si los requisitos fueran serios y transparentes, quizá esta buena idea mal implementada tendría a la larga mejores resultados.

Pero de seguir así, de pronto el ciberespacio librero estará lleno de chatarra académica, muchos libros que nadie compra, que nadie lee, pero que que si tienen ISSN.

Nada nuevo bajo el sol

Finalmente, habrá que decir que el problema de los “demasiados libros” -citando a Zaid- no es nuevo. En una obra muy interesante y de agradable lectura “Libros, editores y público en el Mundo Antiguo” de Guglielmo Cavallo cita un epigrama de Ausonio en el siglo IV (!!) que bien cabe en el mundo actual, dónde la internet es una biblioteca enorme, pero no por ello nos hace mas sabios:

Has comprado libros y llenado los estantes, Filomuso: ¿crees que ya estás educado gracias a ellos, que eres culto ya? Si hoy te compras cuerdas, lira y plectro, ¿crees de verdad que mañana te pertenecerá el reino de la música?

La Editorial Académica Española está llenado los estantes virtuales de libros, pero no es una sana labor. Pero este problema, que desde la antigüedad ya se había observado, la misma lógica de la edición y los libros tarde o temprano logra ser expulsada. Los demasiados libros no son un problema, por ello siempre se recomienda leer a los clásicos, el problema es la demasiada ignorancia.

¿Cuántos libros de los que publica la EAE merecerán ser leídos? Entre tantos que supuestamente publica, no se puede ni se podrá saber a ciencia cierta. Y éste es el gran problema. Posiblemente algo que podría ser un clásico si el autor hubiera esperado una mejor oportunidad, terminará siendo un librillo mas sepultado en esa masa virtual de seudolibros.

[Aquí una crítica mas: Acerca de una modalidad editorial espuria]

Ciencia y pseudociencia

Nota preeliminar: este post ya lo había pensado, por eso es publicado en este orden, pero el siguiente se referirá al recién galardonado Adam Przeworski con el denominado Nobel de la Ciencia Política, el prestigioso The Johan Skytte Prize In Political Science, obtenido el año pasado por Philippe C. Schmitter y mencionado en este mismo blog.

En la primavera de 1996, la “prestigiada” revista estadounidense Social Text publicó en un número especial dedicado a rebatir críticas al posmodernismo, un artículo de Alan Sokal, Físico de la Universidad de Nueva York, con el pomposo título de Transgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity[1]. Un ensayo que carecía de lógica interna, lleno de citas y de argumentos tomados de aquí y allá, principalmente de la Física, las Matemáticas y la Biología,  extrapolaciones y metáforas que lo hacían incomprensible. El escrito, publicado con honores por los editores, tal vez hubiera pasado como una “gran aportación al pensamiento posmoderno y complejo”, si no fuera porque el propio autor en otro artículo demostró que era una simple y vana broma pero con un sentido muy serio: desenmascarar a aquellos intelectuales que tratan de incidir en el conocimiento científico desde una postura sin lógica ni estructura coherente de pensamiento.

El impacto aún no ha sido asimilado del todo -sobre todo para los editores y referees de la revista- [2], pues cuestionó las ideas de pensadores muy reconocidos, con seguidores por todo el mundo occidental, como Lacan, Lyotard, Baudrillard, etc.

En las Ciencias Sociales no existe un “paradigma” dominante, de modo que es fácil encontrar teorías que con ingenua facilidad traspolan ideas y conceptos que son propios de las ciencias naturales y exactas, esto quizá por el rezago del positivismo exacerbado, por los problemas epistemológicos de los que ha adolecido desde que son llamadas ciencias y por el difícil consenso entre quienes estudian la sociedad sobre métodos y teorías que permitan partir desde un punto de vista común. Por otro lado se ha visto con agrado que pensadores y estudiosos de las ciencias naturales y exactas integren sus ideas, teorías y conceptualizaciones con asombrosa facilidad, no solo al estudio de la sociedad, sino también a los pilares fundamentales de las ciencias sociales, como la epistemología y la lógica del o los métodos en estas ciencias. Reitero, no son únicamente los científicos sociales que indiscriminadamente y sin conocimiento preciso sobre las teorías de otras áreas científicas traspolan ideas y citas, sino los científicos de las ciencias exactas los que intervienen en los aspectos metodológicos de las ciencias sociales. No es su intervención en sí lo perjudicial, sino que de la misma forma que los científicos sociales toman de aquí y allá ideas y teorías propias de las ciencias exactas y naturales, estos cometan los mismos errores, ya sea utilizando un lenguaje extremada e innecesariamente complicado que hace sospechar de su “cientificidad” al no poder explicar sus ideas de forma simple[3], o trasponiendo ideas filosóficas con teorías científicas basadas en hechos empíricos. Heinz von Foerster y Steven Weinberg son los tipos ideales, en sentido weberiano, de estas atrocidades.[4] El primero proponiendo una confusa “nueva epistemología” y el otro exacerbando las posibilidades de la ciencia concluyendo con argumentos metafísicos.

La idea de epistemología ha variado en su significado con el pasar de los años y por los problemas a los que se enfrenta la ciencia. Al principio era considerada como una teoría general de los conocimientos, estaba emparentada con las diferentes ramas de la filosofía, pero hoy es una disciplina autónoma, aunque se le sigue asignando el papel de filosofía y de ciencia al mismo tiempo. Trata sobre la verdad y el error, de conocimientos verdaderos y claros de un saber “episteme” frente a un “saber doxa”. Es un conjunto de estructuras instrumentales, de herramientas analíticas, de medios propios para indagar sobre la historia del conocimiento[5]. El “constructivismo radical”, representado por varios pensadores[6], entre ellos Heinz von Foerster, intenta crear una nueva epistemología. Plantea que “la realidad no existe sino que el observador la inventa cotidianamente y que cada construcción de conocimiento es en realidad una afirmación del ser, en este caso, del observador”. Las ideas principales  del “constructivismo radical” se resumen en dos puntos: a) el conocimiento no se recibe pasivamente, ni a través de los sentidos, ni por medio de la comunicación, sino que es construido activamente por el sujeto cognoscente y, b) la función de la cognición no es adaptativa y sirve a la organización del mundo experimental del sujeto, no al descubrimiento de una realidad ontológica subjetiva.

Tales ideas innovadoras desconocen, sin otro argumento que la autoridad de los autores, una constante en el pensamiento moderno: el acto del conocimiento es un vínculo con la realidad. Para el “constructivismo radical”, por el contrario, es un acto de diferenciación activa. El verdadero problema es que la nueva epistemología “constructivista” no distingue entre un observador científico y alguien que utiliza el sentido común. Lo que me interesa señalar es la argumentación innecesariamente compleja y en algunos casos ilógica que propone Foerster en su “nueva epistemología”. Sus ideas rondan en el lenguaje común, metáforas, e incomprensiones básicas de ideas filosóficas. Supone arbitrariamente que quien inventa algo, en este caso la realidad y de sus derivaciones, es responsable de lo que inventa; para lo cual  apela a las ideas de Jean Piaget pero no las menciona o cita al pie de página. Inspirándose en un “metadiálogo” que de forma simplista y sin mas fundamento que las argucias del lenguaje, “descubre” que la ley de la gravedad de Newton, es una mera invención. Recurre al argumento de autoridad al tratar de rebatir la idea occidental de causalidad:  “Este recurso -dice – a una estructura causal en las explicaciones, sigue haciéndose una y otra vez a pesar de la advertencia de Ludwing Wittgenstein: “La creencia en la causalidad es superstición””.[7] Pero Foerster no indica siquiera de donde proviene la cita de Wittgenstein. Foerster supone además que la noción de causalidad, como parte esencial de la ciencia, descansa en la imitación a un silogismo; da como ejemplo lo que los griegos llamaban bárbara, que en efecto, como silogismo, consta de tres proposiciones: dos premisas y una conclusión. Pero su ejemplo no es un silogismo verdadero, ni todas las extrapolaciones que hace; lo que realmente menciona es un sofisma, y es sabido que un sofisma aunque lógicamente estructurado, no es verdadero. Además traspola el funcionamiento de los organismos multicelulares primitivos, con el funcionamiento de las computadoras y recurre de nuevo a una autoridad, pero ahora en el campo de la neurofisiología. Después al teorema matemático McCulloch-Pitts y se remite a experimentos de psicología aplicada, todo para decir que dichos ejemplos y traspolaciones son partes esenciales para su idea del conocimiento, pero no se preocupa por aclarar el porqué son la base de su “nueva epistemología”.

Steven Weinberg, al igual que Foerster es físico, no pretende crear una nueva epistemología, pero representa un ejemplo claro, de que salirse del mundo conceptual de cada área científica, puede traer consecuencias nocivas. Weinberg fué galardonado con el premio Nobel de Física por enunciar una teoría que reúne a las fuerzas electromagnéticas y débil en un solo concepto, el de la fuerza electrodébil.  Wienberg apeló por la construcción de un supercolisionador super conductor, importante  para hacer las aproximaciones  a una tabla final elemental de las partículas, lo que correspondería a formular una teoría que dé cuenta  de las leyes  que gobiernan las partículas incluidas  en ellas, es decir, una “teoría final”.[8] Esta, sería la formulación más acabada de las partículas y expresaría las leyes de la física sin complicaciones conceptuales.

Pero Weinberg, saliéndose de su área de estudio, diatriba contra otras formas de pensamiento, cree por ejemplo, que de la filosofía no hay nada que aprender y tan solo resulta una “lectura entretenida”. Sus argumentos, representan uno de los errores en los que han caído algunos científicos de finales del siglo XX, al creer que la ciencia ha llegado al final de lo que puede explicar, emprenden dos posturas algo complejas y complicadas: o se empeñan en desacreditar violentamente la filosofía, o deducen un acercamiento a Dios. La investigación teórica en la física, ha llegado a tal grado, que cuando parece que ya no hay nada más allá, los físicos especulan bajo argumentos metafísicos y de sentido común. Tal es el caso de Stephen Hawking, profesor de la Universidad de Cambridge, autor del best seller Historia del Tiempo y del propio Weinberg, que se dan el lujo de hablar sobre religión, sin ni siquiera tomar en cuenta la tradición intelectual teológica y pasando por alto el significado y explicación sociológica de la religión.[9] No es raro encontrar obras de divulgación científica, que digan que los últimos avances en la física están por demostrar la existencia de Dios, pero esto, no pasa de ser una metáfora, tal vez útil para vender, pero no un argumento científico, ni mucho menos una teoría. Estas especulaciones muestran que la influencia del posmodernismo ha sido tal, que con reflexiones como estas, en el futuro no se sabría cuál será la verdad que ayude a desarrollar el conocimiento. Poner a la religión y a la física en un mismo plano (Weinberg), y las cuestiones científicas junto con las del sentido común (Foerster), solo daría cabida al pensamiento sin orientación. El trabajo de Foerster indica él es un sabio erudito en todas las áreas del conocimiento, o un charlatán sin más ni menos. Hoy los saberes son tan amplios y especializados, que una sola persona no los puede dominar desde su perspectiva. El caso de Weinberg representa la problemática a la que se puede enfrentar la Ciencia en general si no sigue, en términos de Imre Lákatos, desarrollando una heurística positiva con criterios válidos que generen el progreso de la ciencia.[10] La era contemporánea, está marcada por los grandes avances en la ciencia y la tecnológica. Esto ha simplificado la vida en muchos aspectos, pero ha complicado los caminos del conocimiento. Dicha complicación es tal vez la que ha llevado a las especulaciones metafísicas y a la proliferación de charlatanes que se hacen pasar por científicos.


[1] “Transgredir las fronteras: Hacia una Hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica”, en: Alan Sokal y Jean Bricmont, Imposturas Intelectuales, (Intellectual impostures Trad. Joan Carles Guix Vlaplana) Barcelona, Paidós, 1999, pp.231-274.

[2] Supra (el libro antes citado, es una ampliación de estas críticas y ha sido menospreciado por los círculos intelectuales ad hoc a las ideas que se critican y aplaudido por quienes ven en la ciencia la forma más acabada del pensamiento humano para conocer su mundo)

[3] Las Ciencias más exactas, aún con sus complicadas teorías, en lo general, siempre pueden explicar con ejemplos simples todo el entramado de sus ideas y teorías. De allí que existan textos de “divulgación” aptos para un público general y no especializado en esas áreas, pero no imposibilitado para informarse y conocer los avances en la Ciencia. Según Hobsbawn, el Químico Rutherford decía que no podía considerarse buena una Física que no pudiese explicarse a una camarera. (en: Eric Hobsbawn, Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica, 1995, p.532)

[4] Y  no vería otra forma de llamarlas.

[5] Francisco R. Dávila Aldás, Teoría, Ciencia y Metodología en la Era de la Modernidad, México, Fontamara, 1996, p. 58-61.

[6] Además de Foerster: Ernest von Glaserfeld, Humberto Maturana y Francisco Varela, por mencionar solo a los más conocidos en Latinoamérica. También debemos incluir a Luhmann y a Edgar Morín.

[7]Heinz von  Foerster, “Por una nueva Epistemología” en: Metapolítica, (8) volumen 2, octubre-diciembre, 1998, p.632

[8]ver: Steven Weinberg, Los tres primeros minutos del Universo, Madrid, Alianza Universidad, 1997 y Segovia, Francisco, “El sueño de Weinberg”,  en: Fractal, numero 9, verano de 1998.

[9] Cfr. Steven Weinberg, “¿Un diseñador del universo?”, en Este país (105), México, diciembre, 1999, pp.50-54

[10] ver: Imre Lákatos, La metodología de los programas de investigación científica, Madrid, Alianza Universidad, 1983.