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El Futuro de la Ciencia Política

En este texto se hacen una serie de reflexiones muy breves,  autores como Lijphart, Brady, Mansfield, Fiorina, Pipa Norris, Robert Putnam, Hans Daadler, Keohane, entre otros, sobre el ‘futuro‘ de la Ciencia Política. Para todos los autores, representantes de las más diversas metodologías, escuelas, corrientes o ‘sectas’, la disciplina tiene una serie de desafios para comprender nuevos aspectos que trastornan la vida política actual y de las cuales todavía poco se habla, como los efectos de la Guerra (¿decisión política individual o colectiva?), la inmigración y las transformaciones de los sistemas políticos con tradiciones nacionalistas únicas, las brechas entre la investigación politológica y las decisiones políticas entre muchísimos temas más.

Los autores reflexionan a partir de dos preguntas que los editores elaboraron para darle cierta homogeneidad al texto:

1. ¿Cual es la cuestión todavía sin respuesta sobre la cual tu área de la ciencia política debería centrar sus esfuerzos?

2. ¿Cual es la aportación, sustantiva o metodológica, de la ciencia política (o de una de sus subdisciplinas en específico) que le gustaría que fuese más ampliamente conocida en otras disciplinas o por otros politólogos?

Lo interesante son los temas que los autores identifican como las áreas de investigación sobre las cuales la disciplina debería o podría centrarse en el futuro próximo:

i. Igualdad Económica

ii. Equidad de Género

iii. Igualdad Política

iv. Política Comparada

v. Perspectivas en la Ciencia Política

vi. Cultura

vii. Movimientos Sociales

viii. Comportamiento y Actitudes

xix. Elites e Instituciones

Leyendo este texto queda claro que el argumento de Sartori acerca de que ‘ciencia política no va a ninguna parte’ es sólo una buena idea que invita a la polémica y a la reflexión -sólo un grande como él se lo puede permitir-, pero no tiene ninguna base real que lo sustente. Allá quienes acríticamente han retomado su argumento sin reparar en la realidad, asumiendo al Prof. Sartori como profeta y no como científico social.

El INDICE se puede consultar aquí.

Las cosas en su lugar

Se dice que el mercado, el libre mercado, es el mejor sistema para ubicar las cosas en su lugar, empiezo a creer que si es cierto.

Un libro que no es una ‘novela’ es “Elementos de Política” de Benedetto Croce, y del cual hay una nota en éste blog en Clásicos.

Yoani Sánchez: Vivir y escribir en la Habana

Para quienes medianamente navegan por blogs de política, el nombre de Yoani Sánchez no les es extraño. Una chica cubana que desde hace años publica Generación Y de una forma casi heroica, por las dificultades que han creado en su país para acceder a la información. No creo que sea necesario abundar en la coyuntura a la que se ha enfrentado en las últimas fechas (de ello abundan noticias), sino en el contexto en el que se desenvuelve su actividad.
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Para muchos latinoamericanos el sistema socialista de Cuba y Fidel Castro (léase él líder y su grupo), una simbiosis de ideología-personalismo-sistema-idolatría,  representan todavía una opción al capitalismo, no obstante el muro de Berlín haya caído hace ya 20 años y la URSS se haya desintegrado de una forma que nadie se esperaba, mostrando simplemente que el socialismo ‘real’ o no –China aparte- es un sistema insostenible porque contiene contradicciones más graves que las que trató de superar.
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En la actualidad en algunos países quienes sostienen que el socialismo todavía es una opción y la revolución es un camino, son generalmente pequeñoburgueses que cuentan con lo suficiente para no trabajar y permitirse el activismo político como forma de vida, no voltean los ojos a Corea del Norte ni a Libia por ejemplo, algunos todavía llegan a leer los textos marxistas como evangelios, no como tratados sociológicos,  y viven de la crítica predicando entre los conversos. Ya no existen aquellos socialistas que visitaban las fábricas y se reunían con los campesinos, hoy los aún sostenedores de éste sistema gustan sólo criticar desde diarios que sólo leerán sus incondicionales -¿no sería mejor convertir a los herejes?-.  Un trabajador, un obrero o un campesino, antes que pensar en la revolución, piensa en llevar comida a su familia (me adelanto a los críticos: Zapata no era un pobre campesino). Más aún, quienes desean la revolución sólo hablan de dientes para afuera. Quizá el ejemplo más claro es el Sub-comandante Marcos (un ícono para los radical-chic y los turistas revolucionarios), quien hace años en una entrevista al prestigiado y quizá uno de los pocos periodistas serios que ha tenido México, Julio Scherer, le dijo “Yo no soy un revolucionario, soy un rebelde”. Pues si, entre rebeldía y revolución hay un mar de diferencia. Ya lo decía Erasmo de Rotterdam: “La guerra es grata a los inexpertos”. Se podría decir quizá en defensa de Marcos que la rebeldía es el primer paso para la revolución, pero desafortunadamente allí dónde hace falta no existen revolucionarios.
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Creo que Yoani Sánchez no es una revolucionaria, y tampoco creo que haya que inflar su imagen más allá de las justas dimensiones, quizá sea una rebelde, a su modo, y eso habrá que reconocérselo, porque es rebelde sin ese aire que se dan aquellos que en realidad no lo son. Lo que si es cierto, es que ese tipo de rebeldía es el grano de arena que a la larga lleva a la Revolución –no necesariamente violenta-. A través de sus post en Generación Y muestra la vida cotidiana en una Cuba que los seguidores del sistema político allí imperante no desean ver: comida racionada, ausencia de medios de comunicación libres, un grande mercado negro de productos necesarios, las largas filas para el pan, la constante reducción de la calidad de vida, la farsa del “excelente” servicio de salud, etc.
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No repetiré lo que se puede leer en su sitio. Lo paradójico es que no la he conocido a través de internet, sino por la publicación de sus comunicaciones en Internazionale, un semanario italiano que reproduce en sus páginas lo mejor del periodismo internacional. En mayo de 2009 se publicó también en Italia el libro “Cuba Libre. Vivir y escribir en la Habana” (Milano, Rizzoli, 2009) que recoge todos sus posts hasta inicios de éste año y traducidos por Giordano Lupi.
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Yoani Sánchez ha recibido algunos premios en EUA y España, pero el sistema cubano no le ha permitido salir de la isla, y en los últimos meses han endurecido la vigilancia sobre su persona al grado ya de ser agredida físicamente. Cuando un sistema empieza a fenecer, endurece sus actitudes. En México así sucedió desde 1988 hasta 2000, como no recordar la frase del líder sindical Fidel Velázquez quien dijo que si el PRI perdía habría una guerra, pues -parafraseo- “llegamos por las armas y por las armas habrán de sacarnos”. No dudo que en Cuba existan quienes digan lo mismo, si ya la consigna de Fidel Castro que también es el lema de dicha nación no deja opciones (“Patria o Muerte”), entonces los caminos se cierran. Castro en su momento llevó a cabo un cambio necesario, fue (es) un hombre que dio el paso de la rebeldía a la revolución, pero no supo dar el siguiente, que implicaba no personalizar el sistema y sobre todo no limitar las libertades, y quienes ahora tratan de heredar su poder no quieren darlo.
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La lectura de los textos de Yoani Sánchez, que hablan de la cotidianidad, las compras, la TV, la tecnología, etc. muestran lo que ya muchos saben: el embargo de EUA a la isla no ha dañado más que a los ciudadanos cubanos, no a quienes están en el poder. Por ello sorprende que en su carta dirigida a Obama (quien no ha hecho nada por la Paz pero lo concedieron el Nobel) no le haya hecho ninguna pregunta respecto al embargo, siendo que la misma Yoani sufre sus efectos. Sus post, sobre todo muestran una Cuba que sobrevive al socialismo no por convicción sino por aguante, una sociedad cansada que no tiene siquiera muchas fuerzas para protestar. Ojalá no sea así.

Los Simpsons y la Política

Filosofos

Los Simpsons y la Filosofía” (2001) de W. Irwin, M.T. Conard y A. J. Skoble, (trad. it. Isbn Edizioni, 2005) es un interesante y muy buen libro, sin exagerar, – ya traducido al español-. Es una obra que muchos no tratarían como un texto académico pero contiene un trabajo que fué publicado en Political Theory (27), 1999: “Los Simpsons: la familia nuclear y la política atomista” de Paul A. Cantor, así como los otros 17 capítulos de los que está formado el texto contienen análisis serios sobre la filosofía que se puede percebir a través de ésta famosa y exitosa serie.

Es posible que muchos intelectualoides supongan que es una pérdida de tiempo escribir y sobre todo leer un texto de ésta naturaleza. Pero ello sería como haber ignorado a Buonarotti o Sanzio en el Renacimiento. Algunos capítulos tratan algunos aspectos como el antintelectualismo en EUA, pero que se puede aplicar a otras realidades [ Lisa y el antintelectualismo americano de A.J. Skoble.] el moralismo de Marge [ Erion, e Zeccardi] o el comportamiento altruista [Ned Flanders y el amor hacia el prójimo].  Otros autores se centran en discutir algunos aspectos de la serie bajo las premisas de los más reconocidos filósofos de la humanidad: Homero y Aristóteles [R. Halwani], Así habló Bart: Nietzsche y la virtud de la maldad [M.T. Conard], Un marxista (Karl, no Graucho) en Springfield [J. M. Wallace], y “El resto se escribe por sí mismo”: Roland Barthes ve Los Simpsons [D.L.G. Arnold].

Desde mi punto de vista (y creo de la politología), el capítulo más interesante es precisamente el de P.A. Cantor, que señala que Los Simpsons es una copia de la familia modelo Estadounidense: un padre, una madre, dos o tres hijos, un empleo mediocre, una hija inteligente en una familia no tan funcional (como en Malcom el de enmedio), un hijo que es un desastre (como Daniel el Travieso). Si recordamos otras series, este modelo se reproduce: Los años Maravillosos, Los Supersonicos, Los Picapiedra, ultimamente en Family Guy.

A nivel político hay quizá más elementos que se han tratado en la serie con más que la ironía:

a) En los Simpsons se han tratado temas tan polémicos y problemáticos para la sociedad y la política estadounidense como la relativa facilidad para adquirir armas en EUA. El capítulo Familia Peligrosa en el cual Marge se va de la casa porque Homero utiliza un arma para todo.

b) Cuando los más inteligentes, organizados en MENSA, toman el poder después de que el Alcalde Quimby huye. Lo que muestra el porqué aunque quiséramos la aristocracia como forma de gobierno, ésta sería un desastre.

c) El tratamiento de los partidos Demócrata y Republicano ha sido siempre con tendencia a favorecer a los primeros. Si bien se han burlado por igual de ambos partidos, como las veces que ha salido Clinton tocando el sax o señalando que ha tenido amoríos incluso con cerdos (en español le dice a Marge que la ley lo obliga a bailar con ella -capítulo en el que Bart se escapa de la escuela y termina en una fiesta de los Quimby-). A Gore lo han puesto como tonto o que sólo se dedica a escribir libros de superación personal. Mientras que los republicanos los ponen como el sector obscuro de la política, aunque las burlas han sido iguales como cuando Bush se muda a Springfield. (en Futurama se repiten los mismos estereotipos, fobias y filias hacia la política).

d) Quizá el episodio mas polémico, al menos para América Latina, fue aquél en el que Rafa Gorgori (Raph Wiggum en inglés) se convierte en candidato tanto de los demócratas como de los republicanos. Tal capítulo hubiera sido sólo uno más a no ser de un diálogo que puso a muchos argentinos con pelos de punta, cuando en el Bar de Moe, Homero pregunta quien quiere abolir la democracia y  Lenny dice “ Realmente me gustaría una dictadura militar como la de Juan Perón. Cuando él te desaparecía, tú te mantenías desaparecido ” y Carl agrega“Además su esposa era Madonna”. Estas frases lo único que hacen es revolver la historia: Perón no fué dictador -o eso dicen los argentinos y cuidado con decir lo contrario-, fué un populista; el no desaparecía a la gente, fueron los militares de la dictadura, y obvio, lo de Madonna es solo una oda a la ignorancia que pudieran tener algunos americanos.

e) En el episodio “El cometa de Bart”, hay algunas referencias hacia la democracia,  pero hay una frase de Homero muy significativa: “El propósito de elegir funcionarios es que nosotros no tengamos que pensar”.

Portada Los SimpsonsMás allá de los buenos ratos que nos hacen pasar, Los Simpsons son una comedia muy inteligente. En a TV estadounidense hay muchas series basura que duran mucho pero mueren por tratar temas de la inmediatez, de la coyuntura (adorada por los opinólogos). Solo pocas podrían sumarse a la irreverencia inteligente y el humor ácido de Los Simpsons,  entre ellas Fraiser (tuvo 11 temporadas, mientras Friends, muy exitosa también, sólo tuvo 10, pero de humor inteligente muy poco).

La transición eterna

Soledad Loaeza: Entre Lo Posible y lo Probable

Si el PRI gobernó durante 71 años, de 1929 a 2000, y si tomamos como origen de la transición 1968, entonces estuvo 32 años en transición!. ¿Es esto lógico? (me pregunto)

Entre lo posible y lo probable

Entre lo posible y lo probable

Los estudios sobre las transición a la democracia u otros regímenes han tenido diversas olas de auge dependiendo los eventos históricos que se han presentado: los procesos de descolonización en Africa en los años 60’s , los “quiebres de las democracias” en America Latina y las transiciones en Grecia, Portugal y España en los años 70’s y principios de los 80’s, luego las democratizaciones en AL en los ochenta y noventa, así como aquellas nuevas democracias que surguieron en Europa del Este después de la caída del Muro de Berlín.

Existen diversas definiciones de transición, pero todas coinciden mas o menos con aquella de T. Karl y P. Schmitter: “el paso de un régimen a otro”. Tambien se coincide en que una transición es coyuntural, y por lo tanto, dura poco. Lo que sigue es ya otra cosa, la consolidación o no de un régimen. Una transición tiene momentos clave que identifican el antes y el después: la caida del Muro a la reunificación de las dos Alemanias; en España, los acuerdos de Moncloa a las primeras elecciones; en Argentina, la salida de los militares a la elección del primer presidente civil, y así en otros casos.

En México ¿Cuando empezó la transición? ¿Cuando terminó? Sobre ésta última pregunta, no hay duda: una vez que pierde el PRI en el año 200o la presidencia después de haber gobernando por 71 años de forma ininterrumpida.

El problema es identificar el antes, es decir, el momento de inicio de la ruptura. El caso es dificil porque el PRI no era una dictadura. Aunque Vargas Llosa, con la libertad que se puede dar un literato, haya llamado al régimen del PRI como la “Dictadura Perfecta”, ello no es así. Un politólogo por lo menos tendría que forzar la masa de argumentos que contradicen dicha definición antes de aceptarla. Era un autoritarismo civil, sin duda.

Para la profesora de El Colegio de México, Soledad Loeza, los origenes de la “transición” en México, están en 1968.

Aceptar este argumento, así como criticarlo, no es fácil. La autora da buenas razones para suponer que las movilizaciones que dieron origen al 68 mexicano tuvieron un impacto en los procesos políticos posteriores de las décadas subsecuentes. No obstante, todavía quedan dudas:

Si el PRI gobernó durante 71 años, de 1929 a 2000, y si tomamos como origen de la transición 1968, entonces estuvo 32 años en transición!. ¿Es factible afirmar que un sistema es tuvo más de una tercera parte de su existencia en transición? (Otro que asume que México tuvo un proceso de transición de ésta naturaleza, es César Cansino en La Transición Méxicana, 1977-2000)

El problema de este argumento es la temporalidad. La autora parece estar más de acuerdo, en su capítulo “La crisis electoral del 6 de julio de 1988”, que fué precisamente éste año, y no el 68 el inicio de la transición. Sin embargo no lo hace explícito, y por lo tanto, en esta perpectiva, se distorsiona la idea de ‘transición’ en México. Más aún, algunos han seguido esta idea mal entendida.

Ya en el Capítulo “Transición por transición” la autora ofrece una definición que desafortundamente sólo se aplica al caso que ella estudia (México) porque dificilmente podría ser una definición que viaje a otros contextos, en el sentido sartoriano del término:  “El paso de un régimen de partido hegemónico a uno pluripartidista”.

Esta definición también es problemática: ¿Cuantas transiciones en el mundo han tenido esta característica? Seguramente muy pocas (Japón es un caso similar al mexicano, uno de los pocos).  Si un régimen se transforma de un sistema de partidos pluripartidista a uno de partido dominante (que no es lo mismo que hegemónico) ¿Esto no es también una transición?

El libro de la Profesora Loaeza, compuesto por 9 capítulos, es en realidad una recopilación de algunos de sus más significativos trabajos que la autora ha publicado en diversas revistas, la mayoría académicas. El hilo conductor es que la transformación del sistema político mexicano ha sido una consecuencia de cambios en la sociedad, en específico, de un sector que fué creciendo durante la segunda mitad del siglo XX: las clases medias.

El último capítulo, “La desilusión mexicana”, es uno de los poco análisis no cuantitativos sobre las elecciones de 2006 que no cae en argumentos viscerales de parcialidad a favor de uno u otros partidos. (Como algunos de los más respetados profesores de El Colegio de México lo han hecho).  La autora hace una seria reconstrucción de los hechos y en base a una perspectiva histórica, explica -y esto es su mérito- algunas de las posibles respuestas a los porqués de las movilizaciones en contra de un resultado electoral tan cerrado, sobre todo, los elementos estructurales que existen detrás de las formas de hacer política en México que tienden a tener poco respeto por las instituciones de la democracia.

Hace algunos años, Thomas Carothers escribió un excelente artículo en Journal of Democracy: The End of Transition Paradigm, en 2002. Argumentando sobre todo que el centro del paradigma de los transitólogos, es decir, la democracia, había fracasado rotundamente. El profesor Guillermo O’Donnell elaboró una respuesta muy bien fundamentada hacia la crítica de Carothers.

En México hace falta fortalecer el debate sobre ¿que tipo de democracia tenemos? o ¿que tipo de democracia estamos construyendo o queremos?. La transición terminó hace mucho, y recurrir al paradigma de la transición para explicar (quejarse) la democracia en México, no deja ver las cuestiones realmente importantes de la cuestión: la democracia, es así, no es perfecta, se construye a diario.

Los desvarios de un ex-politólogo: César Cansino y «La “muerte” de la Ciencia Política»

Por F. Barrientos

Desde sus primeros escritos publicados en la Rivista Italiana di Scienza Politica (1971) y en subsecuentes oportunidades Giovanni Sartori (1984, 1997 y 2004), uno de los fundadores de la Ciencia política moderna, ha esgrimido diversas críticas a los excesos del cuantitativismo en la politología de corte anglosajón, sobre todo aquella que se desarrolla en EUA. En la actualidad la metodología cuantitativa domina gran parte de los programas de estudio de Ciencia Política, sea de grado o de posgrado, sobre todo en las universidades estadounidenses. Durante algunos años en varias universidades donde se enseña Ciencia política, y en algunas todavía, el famoso libro de King, Keohane y Verba, 1994, Designing Social Inquiry -que en su intento por conciliar cualitativismo y cuantitativismo  proponen ser mas cuantitativos al aumentar el número de casos en el análisis politológico- se convirtió en la biblia de la metodología en la Ciencia política. El argumento de Sartori se resume en una recomendación que se puede ampliar a cualquier estudioso de las Ciencias sociales: «Pensar antes de contar». Sartori no se refiere al ‘contar’ como la operación de matemática elemental, sino a todas aquellas técnicas, principalmente estadísticas (sobre todo correlaciones y regresiones) que tratan de buscar la llamada causalidad y las cuales ‘aumentan el numero de casos’ para hacer inferencias descriptivas. Sartori (1984, y no 2004! ) señala “aunque lo sepas medir, si no sabes primero que mides y porqué lo mides, tu saber será insatisfactorio. Por ello pregunto  –dice Sartori a los cuantitativistas-¿Cuanto y de que?”

La tendencia a ‘cuantificar’ y describir los fenómenos políticos con técnicas estadísticas, lo cual se observa cada vez mas en las revistas especializadas de la materia, quizá ha permitido ganar “cientificidad” al estudio de la política, pero ha empobrecido la explicación y la comprensión, que son precisamente los objetivos de la ciencia. Mucho menos ha logrado aumentar la aplicabilidad del conocimiento politológico a la realidad social (véase el Ciencia Política de Cotta, Della Porta y Morlino, 2001:67), tarea que afortunadamente y con éxito se ha desarrollado en la sub-área de las políticas públicas y sobre todo, en los estudios electorales. Sabemos, por ejemplo, los efectos de un sistema electoral sobre el sistema de partidos, que sucede si hay una lista abierta o cerrada, etc.  y si pudieramos, se podría manipular, pero eso no esta en manos de los politólogos, sino de los políticos (¿afortunadamente?, recordemos el Gerrymandering, quien sabe).

Pero la crítica al cuantitativismo y la camisa de fuerza de la metodología politológica contemporánea nació precisamente en Estados Unidos, y ello se puede ver en el excelente libro coordinado por Kristen R. Monroe (2005) Perestroika! The Raucous Rebellion in Political Science, donde se recorre el debate metodológico al interior de la Ciencia política y se proponen alternativas sin perder la cientificidad. La crítica inicia exactamente con el famoso mail firmado por “Perestroika” (2000), quien se dirige sus baterías exactamente hacia la misma área que Sartori ha criticado, la American Political Science Review de la APSA: “¿Porqué todos los artículos de la APSR tienen la misma metodología -estadística o de teoría de juegos- en relación a un ‘simbólico’ artículo de teoría política?…¿Dónde está la historia política, la historia internacional, la sociología política, la metodología interpretativa, el constructivismo, los estudios de área, la teoría crítica y porque no, el posmodernismo?” El argumento central de los autores que escriben y reflexionan a partir del famoso mail en el libro de Monroe es es simple: la ciencia política contemporánea, aquella de los journals norteamericanos, no puede  darse aires de estar científicamente por encima de la política. (Un libro, el cual Cansino  llega a mencionar ya en la edición mexicana de su texto, nunca en la primera)

En La muerte de la Ciencia política (Sudamericana, 2008, 352 pp.), César Cansino retoma sólo el argumento de Sartori  -sin leer a Monroe y demás autores- y trata de ampliarlo a prácticamente toda la Ciencia política. Quizá la expresión correcta sería que infla el argumento. Su titulo promete mucho pero no cumple. Dividido en dos partes, 5 capitulos dedicados a “Los límites de la Ciencia Política”, otros 5 dedicados a “La ciencia política más alla de sus límites”, ademas de un capítulo de conclusiones y un Epílogo, el libro de Cansino parece iniciar bien pero ya en el 5° capítulo: Réquiem por la ciencia política, su argumento pierde coherencia y seriedad. Casi todo el libro es poco analítico y demasiado retorico. Incluso, si somos estrictos, cae en el plagio.

Inicialmente, es necesario decir que no es un libro de Ciencia Política (ni de filosofía o sociología de la ciencia), es un ensayo que trata, y subrayo, trata de hablar de la Ciencia Política de forma general y poco profunda. ¿Cuales son los argumentos del autor? ¿Cuales críticas se le pueden hacer?

Como hemos señalado, Cansino retoma la crítica de Giovanni Sartori contra la Ciencia Polìtica norteamericana, y la alarga contra la Ciencia política en general, es decir, contra todas las corrientes, y éste es su primer gran error.  Sartori critica una corriente metodológica, y bueno, quien lo conoce un poco más sabe que no ha envejecido -como lo criticaron algunos en Política y Gobierno, 2004-  sino que le encanta crear polémica (por ejemplo muchos han tomado muy en serio Homo videns o La Sociedad Multiétnica, cuando sólo son provocaciones). Cansino lee mal al politólogo italiano y desenvaina su machete para ir contra todos. Quiza con un aire quijotesco, pero con poco ojo crítico. Retoma el argumento pero nunca especifica “contra quienes”, no cita autores realmente cuantitativos. Y ese es el gran error de Cansino. Porque si tomamos por ejemplo la American Political Science Review (pero también varios de los últimos artículos en Política y Gobierno del CIDE) y hacemos un análisis del tipo de artículos publicados veremos que siguen un canon tan estructurado como vacio:  tema, revisión de la literatura existente, datos y large-n, cuantificación, misuración -que puede ser una correlación o una regresión- y conclusiones. Cansino podría haber tomado esto y hacer una buena crítica, pero desvaría el argumento de una forma desconcertante.

Critica todo y nada. Pone en el mismo plano el Rational Choice y las Teorías económicas de la democracia con la metodologías que tratan de buscar causalidades a nivel empírico y medir cuatitativamente los resultados. Una es el plano teórico, y otro es metodológico. Incursiona, segun el autor, en la filosofía de la Ciencia, y dice alejarse de aquella que estudia las ciencias naturales, como Khun, pero el autor desconoce que hay muchas mas teorias que pueden explicar el desarrollo de las ciencias y por supuesto las sociales, como Lakatos e incluso en menor medida Popper.

Cansino trata de hacer una “historia interna de la Ciencia política”, con un conjunto de supuestos que el llama Metapolítica (?), una perspectiva que no tienen ninguna respaldo filosófico serio a sus espaldas (sobre todo si tomamos en cuenta que tiene como seis definiciones diferentes). Cansino no dice nada nuevo, el argumento “al que llega” es que la Ciencia política se ha alejado de la Filosofía y la Teoría y en la búsqueda de cientificidad se ha perdido en el dato duro. ¿Menciona el autor estudios de éste tipo? No ¿Profundiza y critica agudamente obras que tengan este defecto? No. Solo las menciona de repaso. E incluso aqui merece decir que al autor le falta ponerse al día en materia bibliográfica. Y si quisieramos compartir su argumento y crítica, textos de tal naturaleza abundan, por ejemplo algunos de Taagepera (2007) y Colomer (2007), pero él ni siquiera los menciona, se circunscribe a artículos polémicos de poca monta.

Para aferrarse a su argumento, trata de criticar la perspectiva de análisis sobre Calidad de la Democracia (capitulo 4 “El conocimiento empírico de lo politico”), pero el principal problema es que sólo menciona que se referira a ello, porque ya a mitad del capítulo habla de cosas que no tienen nada que ver con una crítica a la perspectiva de la Calidad de la Democracia. Dicha teoría efectivamente es criticable, y ya hay algunos que han hecho revisiones atentas de los fallos de sus preceptos teóricos y su tendencia cuantificadora (Mazzuca, 2007). Pero Cansino desconoce en realidad ese debate y sólo señala uno o dos autores al respecto, ni siquiera los principales, y si, señala los preceptos normativos y preescriptivos, pero lo olvida paginas adelante. A partir de esta parte ya no se entiende a donde va el autor: ¿La dimensión simbólica de la política? ¿la Metapolitica como metafisica? Veamos, en el capítitulo 7 “La dimensión simbólica de la Política” señala: “no existe espacio público que preexista la acción democrática, o sea, el verdadero espacio público político se gesta en la acción, y por supuesto, aquel se desvance en la ausencia de éste” (p.163) ¿Que trata de decir Cansino? ¿que la democracia es la acción política? Pero ¿que es el espacio público para Cansino?

Mas adelante escribe: “lo público, quizá, pudiera ser un resplandor siempre acosado por la evanescencia” Si algo necesita la Ciencia, es que quien critique clarifique, no que enrede con argumentos sinsentido.  Ahora, si el objetivo es criticar a la Ciencia política contemporánea en su vertiente cuantitativista,  Cansino responde con la teoría de la política como dispositivo simbólico, una corriente teórica -no metodológica- en la que según Cansino estan Arendt, Castoriadis, Dubiel, Maestre entre otros. Pero quienes conozcan esta perspectiva estarán de acuerdo que es una teoría de orden preescriptivo: a) los ciudadanos deben ser libres e iguales,  b) la política no se reduce a las instituciones y al Estado (eso ya se sabe) , c) la sociedad civil es fuerte y autónoma, por lo que la democracia se inventa constantemente (esto es discutible, pero bueno, son las ideas de los autores). Es decir, si la perspectiva de la Calidad de la Democracia es criticable precisamente porque es preescrptiva, la solución de Cansino  es otra perspectiva preescriptiva. Pero ¿No se trataba de criticar a los cuantitativistas?

En su libro sólo hay un sin fin de frases y argumentos que él solo entiende y que requerirían un nuevo lenguaje para entenderlo -o quizá quien critica ignora a autores que, siendo tan eruditos, sólo Cansino puede conocer y no otros-. Esas no son ideas, son ocurrencias, como diría en su momento Octavio Paz al criticar al ensayista mexicano Carlos Monsivais. Más aun, el texto de Cansino es un buen ejemplo de lo que Alan Sokal y Jean Bricmont llamaron Imposturas intelectuales (1998), dónde desemascaran a aquellos “pensadores”, que escudándose en verborrea seudointelectual, tratan de convencer, citando autores aqui y alla, sin coherencia ni orden, revolviendo teorías y ciencias sin causa necesaria, y sobre todo con frases vacías pero eso si, que parecen profundas.

Por ejemplo, Cansino nos explica una de las tantas definiciones de lo que es Metapolítica: “vendría a significar ese nuevo dispositivo de análisis que debe dirigirse a datos oblicuos o áreas que presentan como remotas o excéntricas respecto a nomeclaturas tradicionales, así como a asumir una lectura en términos sistémicos de las nuevas interrelaciones, lo cual supone que en las áreas de lo pospolítico no se interseccionan o superponen fuerzas sino también lógicas” (p. 248) ¿Datos oblicuos? ¿Que trató de decir el autor? Sólo el lo sabe. Y más adelante ofrece otra definción: “Metapolítica es quedarse del lado de la sociedad civil, de los imaginarios colectivos, de los espacios públicos en permanente movimiento” (p. 255); ¿Entonces? ¿Que es Metapolítica?

El plagio llega cuando en el Epilogo, en su “Modelo para armar”, copia, sin siquiera citar, las ideas de Gabriel A. Almond de las Mesas Separadas (1990), Cansino dice: “Para proceder con la reconstrucción del pensamiento político latinoamericano de los últimos veinticinco años que me he propuesto aqui, suguiero clasificar a los distintos autores a lo largo de dos dimensiones: una ideológica y otra metodológica” (p. 278). Pero ese modelo no es de él!, es un modelo plagiado tal cual solo aplicado a una región en específico. Lo que resulta sorprendente si tomamos en cuenta que el mismo autor entrevistó a G. A. Almond sobre tal temática  (Cansino, 1999:39-67) y nunca cita en este libro en esa parte, aunque habrá que decir en su defensa que al menos lo incluye en la bibliografía final. Luego señala que Octavio Paz y Mario Vargas Llosa son politólogos! Por lo que se sabe el primero se autoidentificaba como poeta, mientras que el segundo es novelista. Uno y otro por supuesto que, desde su perspectiva analizan la política, pero eso es ser intelectual, no politólogo. Si quisieramos hacer caso a Cansino, entonces hasta los caricaturistas son politólogos, pero las fronteras se desvanecerían y ya no sabríamos quien tiene la razón.

El argumento de Cansino es atractivo, e incluso se puede afirmar que en parte tiene razon, pero el autor se pierde en un mar de ideas con poca seriedad y va de aqui y alla sin poder ver en la obra cierta cohesión argumentativa. Incluso, algunos de sus capítulos (o casi todos) son reelaboraciones de sus artículos publicados en la revista que el fundó: Metapolítica, que dicho sea de paso, empezó por ser una publicación muy seria y terminó siendo una revista en las que en sus páginas no se diferencia entre la cientificidad y mera opinión pasajera poco sustanciosa. Cansino quisiera que en la Ciencia política no se distiguiera entre el lenguaje de la opinión y el lenguaje estructurado que es propio de la ciencia (en eso Sartori es implacable, para él la Ciencia política debe y tiene un propio lenguaje) e incluso propone acercarse a la política por medio de la literatura. Es verdad que la literatura es fuente de inspiración, y no hay duda que obras clásicas y contemporáneas tratan temas políticos de una manera que difícilmente se ceñiría a los cánones de la Ciencia política. Pero por eso es literatura, porque no se puede replicar, sería imposible rehacer o tratar de emular por ejemplo, La fiesta del Chivo de Vargas Llosa, o Fuente Ovejuna de Lope de Vega, que nos enseñan hasta donde puede llegar la corrupción de la sociedad. La ciencia debe por esencia ser replicable. Si el científico López dice que A produce B, el científico Pérez deberá analizar tanto A y B y tener argumentos para afirmar o refutar a su colega López. A Vargas Llosa y a Lópe de Vega jamas se les podrá poner en duda sus argumentos, ideas e imaginación.

Sorprende que un estudioso como Cansino haya degradado tanto su calidad analítica de esta forma, en este libro se lee a otro autor, muy diferente de aquel que seriamente se toma su profesión como se vió en La ciencia política de fin de siglo (1999) u otros textos que ha publicado. En suma, La Muerte de la Ciencia Política es una colección de decires, de opiniones y algunos momentos de lucidez que desafortundamente son pocos, lo que hace su lectura enfadosa por su pobre profundidad disfrazada de aires de intelectualismo. Un libro que, sobre todo los estudiantes de Ciencia política, deberían leer, para aprender cómo no se hace Ciencia política.

Post Data.  Cansino ha afirmado muchas veces que es discipulo de Giovanni Sartori, que estudió con él y que lo interrogaba constantemente, sin embargo, una revisión del ejemplar original de su tesis de Doctorado Liberalizzazione da un regime autoritario : il caso del Messsico in prospettiva comparata, obtenido en la Universidad de Florencia, y que se guarda en la Biblioteca Nazionale Centrale di Firenze, el señor Cansino señala que fué dirigido por el eminente historiador Marcello Carmagnani de El Colegio de México y por el Prof. Leonardo Morlino de la Universidad de Florencia, pero si Sartori fue su mentor ¿Porqué no está en los agradecimientos? ¿Habría que creerle a Sr. Cansino? Para ser discípulo no es necesario siquiera conocer al pensador, con seguir fielmente sus ideas bastaría, pero gritar a los cuatro vientos que se le conoce con santo y seña es sólo pretensión.

También habría que agregar, que Cansino ganó el Premio que le permitió publicar dicho libro, con un jurado que es ajeno totalmente a la Ciencia política. Repito, ajeno a la Ciencia política, no al debate de las ideas y propuestas políticas, eso no es exclusivo de los politólogos. Pero siendo serios, difícilmente un politólogo podría valorar juiciosamente un texto de ingeniería automotriz, por mucho que le gusten los autos y sepa reparar el suyo. Por ello afirman bien que el texto de Cansino es un ensayo, no un texto de Ciencia política.

Si Cansino ha decretado la muerte de la ciencia política, entonces habría que llamarlo ex-politólogo, pues no se puede ser predicador de una iglesia que ya no existe.

Bibliografía

Almond, G. A. 1988. “Separate tables: Schools and Sects in Political Science”, Almond, G. A. A discipline divided. Schools and sects in Political Science, London: Sage.

Cansino. C. 1999. La ciencia política de fin de siglo, Madrid: Huerga y Fierro.

Cansino. C. 2008. La muerte de la ciencia politica, Buenos Aires: Sudamericana.

Colomer, J. 2007. “What other sciences look like”, European Political Science, 6 (2), junio 2007.

Cotta, M., D. della Porta y L. Morlino.2001.Scienza Politica, Bologna: Il Mulino.

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Monroe, K. (coord.), Perestroika! The Raoucus Rebbelion in Political Science, New Have: Yale University Press.

Politica y gobierno, XI (2) [Véanse los textos de Sartori, Colomer y Laitin]

Sartori, G. 1971. “La politica comparata: premesse e problemi”, Rivista Italiana di Scienza Politica, I (1).

Sartori, G. 1984. “Dove va la scienza politica”, en L. Graziano, La scienza politica in Italia, Milano: Angeli. [Esta crítica es más estructurada, el mismo Cansino lo tradujo al español y se publico, si no me equivoco, en 1989 el la revista Estudios Politicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, ello demuestra que el argumento de Sartori 2004, no es nuevo]

Sokal Alan, y Jean Bricmont. 1998. Intelectual impostures, London: Prifile Books.

Taagepera, R. 2007. “Why political science is not scientific enough: a symposium” y “Predictive versus posdictive models”, European Political Science, 6 (2), junio 2007.