Clásicos: Graham T. Allison

Libros que nunca dejarán de ser indispensables para pensar

Graham T. Allison, Essence of Decision: Explaining the Cuban Missile Crisis, 1971

Este libro, que puede/debe considerarse un clásico en la ciencia política y en las relaciones internacionales trata, como su título lo dice, de las decisiones. Para algunos el caso pudiera quedar sólo en el análisis de la crisis de los misiles de 1962 cuando en ese mundo bipolar, dividido entre “países capitalistas” y “países socialistas” encabezados por EUA y la URSS respectivamente, durante 13 días de octubre, estas potencias pusieron en vilo al mundo y al borde de una guerra nuclear. La especulación de si pudo o no pudo presentarse una confrontación de tales magnitudes sí cabe en este caso pues, como lo muestra el análisis de Allison, en la lógica de la toma de decisiones del Gabinete de Kennedy, de invadir o no Cuba para impedir la instalación de misiles en la isla por parte de la URSS, se presentaban varias alternativas que dependían de las lógicas de pensamiento (racional y organizacional) que variaban en relación a los actores involucrados: los militares, los diplomáticos, los políticos, etc. La confrontación no sucedió, y las potencias llegaron a un acuerdo. ¿Cuáles lógicas se confrontaron y porqué ganó la diplomacia?

Esta obra de Allison debería ser leída no solo por los politólogos, sino sobre todo por los opinólogos que consideran al “gobierno” como un actor racional unificado, y que las decisiones política son siempre verticales. La política es un mundo de constantes negociaciones y regularmente el que tiene la decisión final es el quien menos información tiene a la mano. El príncipe está rodeado de aduladores que pocas veces le dirán la verdad con tal de quedar bien.

Benedetto Croce, Elementi di Politica, 1946

Dar un concepto riguroso de la política pura, y al mismo tiempo, como complemento, un concepto igualmente riguroso de aquel que supera la política y que actúa sobre ella y en ella, la vida moral o la vida de la libertad, es el objetivo de los dos escritos que se ha estimado oportuno elegir dada su jugosa brevedad entre muchos  de Croce que se refieren a éstos argumentos, y reunirlos en éste pequeño volumen.

El autor siempre ha buscado la mayor claridad y cree haberlo conseguido; pero desea que se advierta que él no ha decidido conseguirla vanamente sacrificando con una superficial claridad la dificultad de los conceptos que ha meditado y sobre los cuales el lector (o el disidente, si acaso este texto llega a las escuelas) deberá hacer lo mismo, porque leer es colaborar.

Septiembre 1945, Los editores

(Tomado de la presentación)

Índice

Política “In Nuce”

– El sentido político

– El Estado y la Ética

– Los partidos políticos

– La ciencia empírica de la política

Principio, Ideal, Teoría: Contribución a la teoría filosófica de la Libertad

El-principe

Nicolò Machiavelli, Il Principe, Roma Salerno, 2006, Edizione Nazionale delle Opere.

La editorial Salerno de Roma, ha decidido publicar las Obras Completas de Nicolás Maquiavelo (como lo llamamos en español). Son 21 volumenes cuidadosamente editados bajo la guia de algunos de los más acuiciosos conocedores de la obra maquiaveliana.

Il Principe, está editado bajo el cuidado de Mario Martelli, un filólogo italiano que murió en julio de 2007 un año depués de haberse publicado el libro.

Aunque quien escribe aqui ha revisado el texto -y merece la pena comprarlo si se es un profundo admirador de Machiavelli- es mejor leer el comentario de Francesco Erspamer (escrito en italiano, traducción libre), que señala algunos elementos no pocas veces olvidados cuando se lee este gran clasico del pensamiento político.

«No tengo en gran consideración el fetichismo sobre el texto, que ha justificado sobre todo en Italia, el empobrecimiento de los estudios humanisticos (y un desperdicio de finaciamiento público) en actividades tales como la colocación de manuscritos y la catalogación  y ordenamiento de variaciones sin ninguna importancia para llegar publicar profusas ediciones críticas (aunque la crítica pocas veces tiene poco que hacer) y las cuales posteriormente nadie lee y mucho menos estudia: lo que Gianfranco Contini llamó, y para él era un insulto, “filología de masa”. Este Príncipe, que aparece en el ámbito de la edición nacional de las obras de Maquiavelo, es la excepción. Y no solo porque Maquiavelo, obviamente, no es uno de aquellos autores “terciarios” los cuales Contini juzgaba indignos de profundización filológica. Es que el meticuloso trabajo desarrollado por Mario Martelli, estudioso de la literatura del renacimiento acaecido hace algunos meses, lleva, por una vez, a resultados que ampliamente justifican el esfuerzo. De la obra maestra de Maquiavelo se han hecho numerosísimas ediciones: aún hoy es uno de los pocos clásicos de la cultura italiana que se encuantra facilidad en las librerías, tanto en Italia como en el extranjero. El texto que se reproduce es sustancialmente el mismo,  no obstante la la ausencia de un autógrafo y la inatendible primera edición de 1532, por lo tanto póstuma, sobrepuesta ahora a una revisión lingüistica. Al recorrer el aparato crítico se nota que las variantes son poco significativas. ¿Entonces? ¿Que hace a este volumen enorme y muy costoso preferible a cualquier otro ejemplar en circulación? El hecho que Il Principe no era ni una obra literaria ni una tratado teórico o académico: era un ensayo militante (“un manifiesto”, dice Gramsci), que se proponía efectos concretos y por lo tanto sobre los cuales el autor intenta intervenir para cambiar la contingencia política. Martelli parte de algunas clamorosas aporías del texto, analizándolas con atención. ¿Como es que Maquiavelo, habíendose propuesto examinar las razones por las cuales un príncipe pierde por segunda vez un estado conquistado, se sintió con el deberde explicar al lector que habría hablado de Luis XII pero no de Carlos VIII porque el dominio italiano de éste último fué muy breve?  Mientras la obvia explicación, necesaria y suficiente, era que a diferencia de Luis, Carlos había perdido los estados conquistados sólo una vez.  Por no hablar de las célebres páginas sobre César Borgia, en las cuales primero afirma que el Valentino no hizo ningún error y “sólo se opuso a sus designios la brevedad de la vida de Alejandro y su enfermedad”, y poco después se desmiente admitiendo que en realidad equivocó, y como, en la circunstancia de la elección de Julio IIy que por ello ” fué carne de su propia ruina”. La tesis de Martelli, que se desarrolla también en sus estudios precedentes, es que estas y otras contradicciones revelan fragmentos que Machiavelo introdujo en un segundo momento para responder a nuevas exigencias políticas, forzadamente y sin lograr amalgamarlas, y confirma que era la pasión y la urgencia quienes le dictaban. También sobresale el retrato dicronico de una fase de importante de su vida, aquella que sigue después de la expulsión del “gonfaloniere” perpetuo Soderini, cuando lucidamente comprende que, como nunca, en el próximo proceso de saldar cuentas entre las óptimas familias y los Medici, éstos ultimos representaban el mal menor, y que como fuera, el tenía todo para ganar si se fijaba en ellos. Inicialmente pensaba que los tiempos requerían de una ciencia política útil para construir con la astucia, a falta de la fuerza y la espera de la fortuna que no llegaba, un poder y un consenso que ese momento parecía todo menos sólido: el primer esbozo de Il Principe. Pero pocos años después le pareció que improvisamente había llegado justo el momento de la acción: que Lorenzo de Medici, duque de Urbino, sobrino del papa León X e inminente jefe absoluto de Florencia, podría lograr aquello que no pudo hacer Valentino y Alessandro VI: crear un estado que estuviera en grado de competir con los franceses y los españoles. De éste momento nacen las precepitosas modificaciones, entre las cuales estaban aquellas señaladas anteriormente y la agregación del último capitulo, de otro modo no se entiende la incongruente exhortación a liberar Italia de los bárbaros.  Era la gran ocasión, aquella que transforma la ciencia política de un mero ejercicio académico en un programa de intervención, el príncipe, de un pequeño administrador de sus propias sustancias a un “redentor” de un pueblo entero, y el secretario del príncipe, de eminencia gris a la conciencia de aquel pueblo. No se materializó: Lorenzo murió a los veintisiete  en 1519, León X  dos años después, Il Principe fué abandonado y olvidado por Maquiavelo. Esta edición nos permite comprender plenamente que su grandeza no fué sólo la lógica, sino también la pasión, yque existe un tiempo para una y para la otra.»

[Hace algunos años, cuando todavía era estudiante universitario, escribí el ensayo Sobre la Originalidad de Maquiavelo, en el cual, mas o menos, y obvio, con el poco conocimiento de esa época -y aún hoy- que tenía de la obra de Machiavelli, refería que una característica era que, precisamente como señala Erspamer, Il Principe había sido escrito por el impulso de la fuerza de las circunstancias personales y quizá menos por la de racionalizar el ejercicio del poder, cosa que si sucede en Los discursos sobre la primera década de Tito Livio.]

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