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La Crítica Cómoda: a propósito de los 60 años de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM

La UNAM es un crisol donde conviven más vicios que virtudes. Quien o quienes sobresalen en esa Universidad  (académicos y estudiantes) lo hacen por su esfuerzo personal y no por el esfuerzo de la comunidad. Pero los discursos que en los últimos años han proliferado por parte de sus autoridades (entiéndanse Rectores y Directores) hacen creer a varios sectores de la sociedad que la UNAM es un lugar de libertad e igualdad, que los logros científicos son gracias a la institución, cuando en realidad son gracias a algunas personas que “aguantan” a la institución. Allí si se consuma el dicho: dime de que presumes y te diré de que careces.

Conviene parafrasear las palabras de Guillermo Scheridan: la crítica al interior de la UNAM no puede ejercerse sin arriesgarse a irritar a colegas o afectar intereses, pues en México se entiende que el que se mete con la familia no es buen juez o es un suicida. En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de dicha universidad, se forma parte de la conciencia crítica de la sociedad mexicana, y en efecto, es un lugar dónde una de las primeras cosas que uno aprende es a criticar a los autores que se leen como un primer paso para criticar a los sistemas económicos, políticos y sociales en toda su amplitud. Las discusiones en sus aulas son espacios dónde se pueden expresar opiniones sin cortapisas, y los profesores son uno más, y casi nunca son por sí mismos, el centro de atención. Pero es también la Facultad dónde quizá lo que más falta es la autocrítica. Es un vicio que se ha reforzado por su ausencia.

En el año 2011 la “gloriosa” Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM cumplió 60 años. De su historia, fines, logros, personalidades que han egresado de sus aulas, etc. se ha escrito mucho, pero de la falta de autocrítica que adolece nada o casi nada. Hace algunos meses algunos alumnos pintaron en el pavimento a la entrada de esta facultad “cuna del científico social”. Es factible preguntarse ¿Es posible formar científicos sociales sin autocrítica? Si. La FCPyS lo hace.

Quizá pueda considerarse trivial, pero sus instalaciones son un reflejo de cómo se entiende la sociedad en esa facultad, más aún, cómo se estudia y entiende lo público sin hacer nada por lo público ni respetarlo. La FCPyS está alejada del centro de la UNAM, aislada. Se encuentra  en la periferia de la Ciudad Universitaria, patrimonio de la humanidad. Sus edificios no tienen diseño, son una masa de cemento en medio de un terreno, con huecos que sirven de aulas. Pero tenía hasta hace unos años un espacio de convivencia, dónde lo público se hacía público. Una especie de ágora, pequeña, pero al fin ágora. Esa pequeña plaza servía de centro de discusión, de radicales y moderados. Allí se debatió el cierre o no de la Universidad a mediados de 1999, cuando estalló la peor huelga que ha sufrido la UNAM, la peor porque no se consiguió nada. Pero el espacio existía. Hoy es un mercado. Y no es una metáfora. La FCPyS no se distingue de un mercado de ‘fritangas’ o de esos mercados de comida que se encuentran en algunos centros como en Coyoacán o Tlalpan en el Distrito Federal. Sólo se alcanza a percibir que es una facultad porque se pueden ver a personas con libros y cuadernos, con su lap top o su mochila al hombro, son alumnos y profesores, pero la plaza ya no es esa ágora, es un mercado. Hasta los ‘intelectuales’ tienen necesidades fisiológicas. No son seres que por tener suponer tener una capacidad de pensamiento superior al común de las personas dejen de tener esas necesidades naturales. Ir a uno de los baños de la FCPyS es penoso. Año con año mejorarlos es una demanda de los estudiantes y una promesa que se cumple a medias. Cuando se cumple, esos estudiantes, los futuros científicos sociales comprometidos, con la labor de proponer políticas para resolver los problemas del país, se encargan de arruinar su propio espacio y su propias instalaciones.

Un estudiante de la FCPyS sabe que debe tomar entre 4 y 6 materias por semestre dependiendo de la carrera que estudie. Poco a poco se va acostumbrado que de esos 4 o 6 profesores sólo uno o dos son muy buenos en su área. Quizá algunos de ellos vaya a dar clases la mitad del semestre, porque un gran número de las “vacas sagradas” de las que se enorgullece la facultad sólo se paran en el aula al inicio y si bien les va a los alumnos, al final del curso. Mucho trabajo se deja a los profesores adjuntos, muchos de ellos son alumnos destacados de los últimos semestres de las licenciaturas o algunos del posgrado. Pero en realidad son pocos. La mayoría solo quiere ser adjunto por “el contacto”, para el curriculum, o porque necesita solventar de esa manera el requisito del servicio social sin el cual no puede titularse. Es entonces que el alumno de la gloriosa FCPyS debe aguantar su ignorancia y prepotencia, una especie de patente de corso que el profesor de la materia le otorga para que haga y deshaga en el aula. Y no existe ningún control sobre ello.

Y como sucede en otras universidades, en la UNAM es muy complicado si no inútil criticar a la izquierda mexicana, y en específico a sus Mesías. Más aún, de las filas de la UNAM surgen los “intelectuales orgánicos” que alimentan la ideología -no las ideas, no es lo mismo- de la izquierda. Entonces se hace difícil criticar, esa actividad tan cacareada pero poco santificada en esa Facultad. Pero sería equivocado decir que sólo sucede allí.

La falta de autocrítica es un virus que impera en todas las Universidades Mexicanas, y espero que no en todas las latinoamericanas. En estados de la república conservadores y con electorados tendientes a votar por la derecha, también se busca censurar, acallar y detener la crítica a los partidos de derecha, a la iglesia y al conservadurismo. Ya no digamos en aquellos estados dónde el PRI es mayoría, allí ha renacido la simbiosis con dicho partido, que al igual que en la UNAM, busca a sus ideólogos sin ideas (sí, y no es un error conceptual).

La ausencia de autocrítica es funcional a las actuales reformas al sistema universitario mexicano. El actual gobierno federal en manos del PAN ha preferido subsidiar a las Universidades Privadas en detrimento de las públicas. Y la falta de autocrítica, o más bien, el ejercicio de la crítica cómoda que se practica en las universidades públicas ha hecho pasar esta política de impacto negativo sin ninguna que se levante y haga presión. Eso sí, en algunos años nos estaremos quejando, pero será ya demasiado tarde.

Nota: Me negaba a creerlo. Hace algunos años me comentaron unos colegas que en los años 90’s, en el Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C. (CIDE) con la llegada de un famoso y distinguido académico como Director, se inició un proceso de “des-ideologización” de este Centro de investigación. Las vías fueron dos.La primera, reemplazar a la planta de profesores (muchos venían de Argentina y Uruguay, eran sociólogos o economistas) por nuevos perfiles con Doctorado, principalmente en universidades anglosajonas; esta vía es “normal”, si se quiere decir. Pero la segunda es escandalosa, y me negaba a creerlo hasta ahora que he conocido a más egresados de esos años que me lo confirman: se llevó a cabo una “limpia” de la biblioteca, los libros de marxismo y las teorías de la dependencia fueron destruidos o desechados para dejar espacio a nuevos textos más “actuales”. Algunos han exagerando comentando que los destruyeron e incluso se dice que los quemaron. Lo interesante es encontrar que en el CIDE, un centro elitista y meritocrático, que se ha aislado de las lógicas de las universidades medias y grandes que muchas veces inhiben la innovación, para precisamente dedicarse a hacer ciencia, se lleven a cabo prácticas no científicas parecidas a las de la Santa Inquisición. Si es chisme, se ha hecho grande y allí queda. Si es verdad, debe ser una vergüenza.

NEP y Procusto

procusto1El Número Efectivo de Partidos (NEP o Effective Number of Parties ENP en inglés) se ha convertido prácticamente en un fetiche para muchos politólogos. Se ha llegado a creer que una explicación, un estudio, un análisis sobre partidos y elecciones sólo puede ser serio o científico si tiene cierto aire de ello, y los números simples o porcentajes de votos no son suficientes, es necesario el NEP.

El famoso NEP, desarrollado por R, Taagepera y M. Laaskso y aparecido en su primera versión en 1979 -muchos lo repiten como loros sin saber que fué modificado o mejorado por los mismos autores- se parece mucho al Lecho de Procusto. “El estirador” o Procusto, quien su verdadero nombre era Damastes, hijo de Poseidón, es un personaje de la mitología griega quien tenía una posada cerca de Eulesis, y cuando alguien llegaba a pedir alojamiento lo hacia pasar a una cama o lecho de hierro: si el huesped era más grande que la cama, le cortaba las extremidades; si era mas pequeño, lo estiraba. El objetivo era que el tamaño del individuo se adecuara a la cama. Según algunos, la cama se podía hacer grande o pequeña según los deseos del desgraciado Procusto.  Fué su hermano Teseo quien terminó con su vida, cortándole la cabeza.

Una cuestión es procústea cuando lo que se trata es de adaptar la realidad a estándares predefinidos con exactitud, y si esa realidad no se adapta, entonces está equivocada. Argumentos de ésta naturaleza, lo que tratan es de crear uniformidad.

No hay duda que el NEP tiene sus virtudes, quienes las saben comprenderán, es útil y dependiendo los casos de estudio, es necesario, pero hay que hablar de sus vicios, que es de lo que precisamente no se habla.

La objección no es al NEP, sino a su uso indiscriminado, y sobre todo, a su sobrevalorización. ¿Siempre es necesario introducir el NEP en cualquier estudio sobre elecciones? No, seguramente no. Si hay solo dos partidos o tres, y éstos son siempre los que ganan (por ejemplo, ciertos periodos en Inglaterra o en Uruguay), lo que importaría es ver la dinámica de las reglas electorales y otras cuestiones.

Tal uniformización ha llevado a muchos a quebrarse la cabeza tratando de encontrar el NEP en el tiempo, pero sin explicar en realidad mucho.  ¿Que diferencias existen cuando un sistema de partidos presenta un NEP de 1.5 y uno de 1.8? Quizá existe mucha, pero pocos lo saben explicar, o más áun, no lo explican y si lo hacen lo explican mal. ¿Porqué? Porque casi siempre las explicaciones rondan en “la diferencia es de .3” !!¿YYY?!!! Y de allí nada mas. Porque explicar precisamente ese .3 es más complicado, porque se requiere saber un poco de historia -que para los nuevos politólogos no existe, lo que existe es el tiempo-, y eso es para muchos aburrido.

Es preocupante es que los estudios sobre partidos y elecciones, y en general varias áreas de la Ciencia Política, se uniformen con estas y otras técnicas. Ya no digamos aquellos que sólo hacen regresiones y correlaciones estadísticas confundiendo técnica con metodología. Una buena crítica a ese uso indiscriminado de técnicas estadísticas, y en específico a aquellas que buscan a como de lugar la causalidad, se puede leer en “Aligning Ontology and Methodology in Comparative Research” de Peter A. Hall (2003). El objetivo de una técnica es, o debería ser, ayudarnos a comprender mejor el mundo, no a distorsionarnos la mente.

Los desvarios de un ex-politólogo: César Cansino y «La “muerte” de la Ciencia Política»

Por F. Barrientos

Desde sus primeros escritos publicados en la Rivista Italiana di Scienza Politica (1971) y en subsecuentes oportunidades Giovanni Sartori (1984, 1997 y 2004), uno de los fundadores de la Ciencia política moderna, ha esgrimido diversas críticas a los excesos del cuantitativismo en la politología de corte anglosajón, sobre todo aquella que se desarrolla en EUA. En la actualidad la metodología cuantitativa domina gran parte de los programas de estudio de Ciencia Política, sea de grado o de posgrado, sobre todo en las universidades estadounidenses. Durante algunos años en varias universidades donde se enseña Ciencia política, y en algunas todavía, el famoso libro de King, Keohane y Verba, 1994, Designing Social Inquiry -que en su intento por conciliar cualitativismo y cuantitativismo  proponen ser mas cuantitativos al aumentar el número de casos en el análisis politológico- se convirtió en la biblia de la metodología en la Ciencia política. El argumento de Sartori se resume en una recomendación que se puede ampliar a cualquier estudioso de las Ciencias sociales: «Pensar antes de contar». Sartori no se refiere al ‘contar’ como la operación de matemática elemental, sino a todas aquellas técnicas, principalmente estadísticas (sobre todo correlaciones y regresiones) que tratan de buscar la llamada causalidad y las cuales ‘aumentan el numero de casos’ para hacer inferencias descriptivas. Sartori (1984, y no 2004! ) señala “aunque lo sepas medir, si no sabes primero que mides y porqué lo mides, tu saber será insatisfactorio. Por ello pregunto  –dice Sartori a los cuantitativistas-¿Cuanto y de que?”

La tendencia a ‘cuantificar’ y describir los fenómenos políticos con técnicas estadísticas, lo cual se observa cada vez mas en las revistas especializadas de la materia, quizá ha permitido ganar “cientificidad” al estudio de la política, pero ha empobrecido la explicación y la comprensión, que son precisamente los objetivos de la ciencia. Mucho menos ha logrado aumentar la aplicabilidad del conocimiento politológico a la realidad social (véase el Ciencia Política de Cotta, Della Porta y Morlino, 2001:67), tarea que afortunadamente y con éxito se ha desarrollado en la sub-área de las políticas públicas y sobre todo, en los estudios electorales. Sabemos, por ejemplo, los efectos de un sistema electoral sobre el sistema de partidos, que sucede si hay una lista abierta o cerrada, etc.  y si pudieramos, se podría manipular, pero eso no esta en manos de los politólogos, sino de los políticos (¿afortunadamente?, recordemos el Gerrymandering, quien sabe).

Pero la crítica al cuantitativismo y la camisa de fuerza de la metodología politológica contemporánea nació precisamente en Estados Unidos, y ello se puede ver en el excelente libro coordinado por Kristen R. Monroe (2005) Perestroika! The Raucous Rebellion in Political Science, donde se recorre el debate metodológico al interior de la Ciencia política y se proponen alternativas sin perder la cientificidad. La crítica inicia exactamente con el famoso mail firmado por “Perestroika” (2000), quien se dirige sus baterías exactamente hacia la misma área que Sartori ha criticado, la American Political Science Review de la APSA: “¿Porqué todos los artículos de la APSR tienen la misma metodología -estadística o de teoría de juegos- en relación a un ‘simbólico’ artículo de teoría política?…¿Dónde está la historia política, la historia internacional, la sociología política, la metodología interpretativa, el constructivismo, los estudios de área, la teoría crítica y porque no, el posmodernismo?” El argumento central de los autores que escriben y reflexionan a partir del famoso mail en el libro de Monroe es es simple: la ciencia política contemporánea, aquella de los journals norteamericanos, no puede  darse aires de estar científicamente por encima de la política. (Un libro, el cual Cansino  llega a mencionar ya en la edición mexicana de su texto, nunca en la primera)

En La muerte de la Ciencia política (Sudamericana, 2008, 352 pp.), César Cansino retoma sólo el argumento de Sartori  -sin leer a Monroe y demás autores- y trata de ampliarlo a prácticamente toda la Ciencia política. Quizá la expresión correcta sería que infla el argumento. Su titulo promete mucho pero no cumple. Dividido en dos partes, 5 capitulos dedicados a “Los límites de la Ciencia Política”, otros 5 dedicados a “La ciencia política más alla de sus límites”, ademas de un capítulo de conclusiones y un Epílogo, el libro de Cansino parece iniciar bien pero ya en el 5° capítulo: Réquiem por la ciencia política, su argumento pierde coherencia y seriedad. Casi todo el libro es poco analítico y demasiado retorico. Incluso, si somos estrictos, cae en el plagio.

Inicialmente, es necesario decir que no es un libro de Ciencia Política (ni de filosofía o sociología de la ciencia), es un ensayo que trata, y subrayo, trata de hablar de la Ciencia Política de forma general y poco profunda. ¿Cuales son los argumentos del autor? ¿Cuales críticas se le pueden hacer?

Como hemos señalado, Cansino retoma la crítica de Giovanni Sartori contra la Ciencia Polìtica norteamericana, y la alarga contra la Ciencia política en general, es decir, contra todas las corrientes, y éste es su primer gran error.  Sartori critica una corriente metodológica, y bueno, quien lo conoce un poco más sabe que no ha envejecido -como lo criticaron algunos en Política y Gobierno, 2004-  sino que le encanta crear polémica (por ejemplo muchos han tomado muy en serio Homo videns o La Sociedad Multiétnica, cuando sólo son provocaciones). Cansino lee mal al politólogo italiano y desenvaina su machete para ir contra todos. Quiza con un aire quijotesco, pero con poco ojo crítico. Retoma el argumento pero nunca especifica “contra quienes”, no cita autores realmente cuantitativos. Y ese es el gran error de Cansino. Porque si tomamos por ejemplo la American Political Science Review (pero también varios de los últimos artículos en Política y Gobierno del CIDE) y hacemos un análisis del tipo de artículos publicados veremos que siguen un canon tan estructurado como vacio:  tema, revisión de la literatura existente, datos y large-n, cuantificación, misuración -que puede ser una correlación o una regresión- y conclusiones. Cansino podría haber tomado esto y hacer una buena crítica, pero desvaría el argumento de una forma desconcertante.

Critica todo y nada. Pone en el mismo plano el Rational Choice y las Teorías económicas de la democracia con la metodologías que tratan de buscar causalidades a nivel empírico y medir cuatitativamente los resultados. Una es el plano teórico, y otro es metodológico. Incursiona, segun el autor, en la filosofía de la Ciencia, y dice alejarse de aquella que estudia las ciencias naturales, como Khun, pero el autor desconoce que hay muchas mas teorias que pueden explicar el desarrollo de las ciencias y por supuesto las sociales, como Lakatos e incluso en menor medida Popper.

Cansino trata de hacer una “historia interna de la Ciencia política”, con un conjunto de supuestos que el llama Metapolítica (?), una perspectiva que no tienen ninguna respaldo filosófico serio a sus espaldas (sobre todo si tomamos en cuenta que tiene como seis definiciones diferentes). Cansino no dice nada nuevo, el argumento “al que llega” es que la Ciencia política se ha alejado de la Filosofía y la Teoría y en la búsqueda de cientificidad se ha perdido en el dato duro. ¿Menciona el autor estudios de éste tipo? No ¿Profundiza y critica agudamente obras que tengan este defecto? No. Solo las menciona de repaso. E incluso aqui merece decir que al autor le falta ponerse al día en materia bibliográfica. Y si quisieramos compartir su argumento y crítica, textos de tal naturaleza abundan, por ejemplo algunos de Taagepera (2007) y Colomer (2007), pero él ni siquiera los menciona, se circunscribe a artículos polémicos de poca monta.

Para aferrarse a su argumento, trata de criticar la perspectiva de análisis sobre Calidad de la Democracia (capitulo 4 “El conocimiento empírico de lo politico”), pero el principal problema es que sólo menciona que se referira a ello, porque ya a mitad del capítulo habla de cosas que no tienen nada que ver con una crítica a la perspectiva de la Calidad de la Democracia. Dicha teoría efectivamente es criticable, y ya hay algunos que han hecho revisiones atentas de los fallos de sus preceptos teóricos y su tendencia cuantificadora (Mazzuca, 2007). Pero Cansino desconoce en realidad ese debate y sólo señala uno o dos autores al respecto, ni siquiera los principales, y si, señala los preceptos normativos y preescriptivos, pero lo olvida paginas adelante. A partir de esta parte ya no se entiende a donde va el autor: ¿La dimensión simbólica de la política? ¿la Metapolitica como metafisica? Veamos, en el capítitulo 7 “La dimensión simbólica de la Política” señala: “no existe espacio público que preexista la acción democrática, o sea, el verdadero espacio público político se gesta en la acción, y por supuesto, aquel se desvance en la ausencia de éste” (p.163) ¿Que trata de decir Cansino? ¿que la democracia es la acción política? Pero ¿que es el espacio público para Cansino?

Mas adelante escribe: “lo público, quizá, pudiera ser un resplandor siempre acosado por la evanescencia” Si algo necesita la Ciencia, es que quien critique clarifique, no que enrede con argumentos sinsentido.  Ahora, si el objetivo es criticar a la Ciencia política contemporánea en su vertiente cuantitativista,  Cansino responde con la teoría de la política como dispositivo simbólico, una corriente teórica -no metodológica- en la que según Cansino estan Arendt, Castoriadis, Dubiel, Maestre entre otros. Pero quienes conozcan esta perspectiva estarán de acuerdo que es una teoría de orden preescriptivo: a) los ciudadanos deben ser libres e iguales,  b) la política no se reduce a las instituciones y al Estado (eso ya se sabe) , c) la sociedad civil es fuerte y autónoma, por lo que la democracia se inventa constantemente (esto es discutible, pero bueno, son las ideas de los autores). Es decir, si la perspectiva de la Calidad de la Democracia es criticable precisamente porque es preescrptiva, la solución de Cansino  es otra perspectiva preescriptiva. Pero ¿No se trataba de criticar a los cuantitativistas?

En su libro sólo hay un sin fin de frases y argumentos que él solo entiende y que requerirían un nuevo lenguaje para entenderlo -o quizá quien critica ignora a autores que, siendo tan eruditos, sólo Cansino puede conocer y no otros-. Esas no son ideas, son ocurrencias, como diría en su momento Octavio Paz al criticar al ensayista mexicano Carlos Monsivais. Más aun, el texto de Cansino es un buen ejemplo de lo que Alan Sokal y Jean Bricmont llamaron Imposturas intelectuales (1998), dónde desemascaran a aquellos “pensadores”, que escudándose en verborrea seudointelectual, tratan de convencer, citando autores aqui y alla, sin coherencia ni orden, revolviendo teorías y ciencias sin causa necesaria, y sobre todo con frases vacías pero eso si, que parecen profundas.

Por ejemplo, Cansino nos explica una de las tantas definiciones de lo que es Metapolítica: “vendría a significar ese nuevo dispositivo de análisis que debe dirigirse a datos oblicuos o áreas que presentan como remotas o excéntricas respecto a nomeclaturas tradicionales, así como a asumir una lectura en términos sistémicos de las nuevas interrelaciones, lo cual supone que en las áreas de lo pospolítico no se interseccionan o superponen fuerzas sino también lógicas” (p. 248) ¿Datos oblicuos? ¿Que trató de decir el autor? Sólo el lo sabe. Y más adelante ofrece otra definción: “Metapolítica es quedarse del lado de la sociedad civil, de los imaginarios colectivos, de los espacios públicos en permanente movimiento” (p. 255); ¿Entonces? ¿Que es Metapolítica?

El plagio llega cuando en el Epilogo, en su “Modelo para armar”, copia, sin siquiera citar, las ideas de Gabriel A. Almond de las Mesas Separadas (1990), Cansino dice: “Para proceder con la reconstrucción del pensamiento político latinoamericano de los últimos veinticinco años que me he propuesto aqui, suguiero clasificar a los distintos autores a lo largo de dos dimensiones: una ideológica y otra metodológica” (p. 278). Pero ese modelo no es de él!, es un modelo plagiado tal cual solo aplicado a una región en específico. Lo que resulta sorprendente si tomamos en cuenta que el mismo autor entrevistó a G. A. Almond sobre tal temática  (Cansino, 1999:39-67) y nunca cita en este libro en esa parte, aunque habrá que decir en su defensa que al menos lo incluye en la bibliografía final. Luego señala que Octavio Paz y Mario Vargas Llosa son politólogos! Por lo que se sabe el primero se autoidentificaba como poeta, mientras que el segundo es novelista. Uno y otro por supuesto que, desde su perspectiva analizan la política, pero eso es ser intelectual, no politólogo. Si quisieramos hacer caso a Cansino, entonces hasta los caricaturistas son politólogos, pero las fronteras se desvanecerían y ya no sabríamos quien tiene la razón.

El argumento de Cansino es atractivo, e incluso se puede afirmar que en parte tiene razon, pero el autor se pierde en un mar de ideas con poca seriedad y va de aqui y alla sin poder ver en la obra cierta cohesión argumentativa. Incluso, algunos de sus capítulos (o casi todos) son reelaboraciones de sus artículos publicados en la revista que el fundó: Metapolítica, que dicho sea de paso, empezó por ser una publicación muy seria y terminó siendo una revista en las que en sus páginas no se diferencia entre la cientificidad y mera opinión pasajera poco sustanciosa. Cansino quisiera que en la Ciencia política no se distiguiera entre el lenguaje de la opinión y el lenguaje estructurado que es propio de la ciencia (en eso Sartori es implacable, para él la Ciencia política debe y tiene un propio lenguaje) e incluso propone acercarse a la política por medio de la literatura. Es verdad que la literatura es fuente de inspiración, y no hay duda que obras clásicas y contemporáneas tratan temas políticos de una manera que difícilmente se ceñiría a los cánones de la Ciencia política. Pero por eso es literatura, porque no se puede replicar, sería imposible rehacer o tratar de emular por ejemplo, La fiesta del Chivo de Vargas Llosa, o Fuente Ovejuna de Lope de Vega, que nos enseñan hasta donde puede llegar la corrupción de la sociedad. La ciencia debe por esencia ser replicable. Si el científico López dice que A produce B, el científico Pérez deberá analizar tanto A y B y tener argumentos para afirmar o refutar a su colega López. A Vargas Llosa y a Lópe de Vega jamas se les podrá poner en duda sus argumentos, ideas e imaginación.

Sorprende que un estudioso como Cansino haya degradado tanto su calidad analítica de esta forma, en este libro se lee a otro autor, muy diferente de aquel que seriamente se toma su profesión como se vió en La ciencia política de fin de siglo (1999) u otros textos que ha publicado. En suma, La Muerte de la Ciencia Política es una colección de decires, de opiniones y algunos momentos de lucidez que desafortundamente son pocos, lo que hace su lectura enfadosa por su pobre profundidad disfrazada de aires de intelectualismo. Un libro que, sobre todo los estudiantes de Ciencia política, deberían leer, para aprender cómo no se hace Ciencia política.

Post Data.  Cansino ha afirmado muchas veces que es discipulo de Giovanni Sartori, que estudió con él y que lo interrogaba constantemente, sin embargo, una revisión del ejemplar original de su tesis de Doctorado Liberalizzazione da un regime autoritario : il caso del Messsico in prospettiva comparata, obtenido en la Universidad de Florencia, y que se guarda en la Biblioteca Nazionale Centrale di Firenze, el señor Cansino señala que fué dirigido por el eminente historiador Marcello Carmagnani de El Colegio de México y por el Prof. Leonardo Morlino de la Universidad de Florencia, pero si Sartori fue su mentor ¿Porqué no está en los agradecimientos? ¿Habría que creerle a Sr. Cansino? Para ser discípulo no es necesario siquiera conocer al pensador, con seguir fielmente sus ideas bastaría, pero gritar a los cuatro vientos que se le conoce con santo y seña es sólo pretensión.

También habría que agregar, que Cansino ganó el Premio que le permitió publicar dicho libro, con un jurado que es ajeno totalmente a la Ciencia política. Repito, ajeno a la Ciencia política, no al debate de las ideas y propuestas políticas, eso no es exclusivo de los politólogos. Pero siendo serios, difícilmente un politólogo podría valorar juiciosamente un texto de ingeniería automotriz, por mucho que le gusten los autos y sepa reparar el suyo. Por ello afirman bien que el texto de Cansino es un ensayo, no un texto de Ciencia política.

Si Cansino ha decretado la muerte de la ciencia política, entonces habría que llamarlo ex-politólogo, pues no se puede ser predicador de una iglesia que ya no existe.

Bibliografía

Almond, G. A. 1988. “Separate tables: Schools and Sects in Political Science”, Almond, G. A. A discipline divided. Schools and sects in Political Science, London: Sage.

Cansino. C. 1999. La ciencia política de fin de siglo, Madrid: Huerga y Fierro.

Cansino. C. 2008. La muerte de la ciencia politica, Buenos Aires: Sudamericana.

Colomer, J. 2007. “What other sciences look like”, European Political Science, 6 (2), junio 2007.

Cotta, M., D. della Porta y L. Morlino.2001.Scienza Politica, Bologna: Il Mulino.

Mazzuca, S. “Reconceptualizing Democratization: Access to Power versus Exersise of Power”, en G. Munck, Regimes and democracy in Latin America, Oxford: Oxford University Press.

Monroe, K. (coord.), Perestroika! The Raoucus Rebbelion in Political Science, New Have: Yale University Press.

Politica y gobierno, XI (2) [Véanse los textos de Sartori, Colomer y Laitin]

Sartori, G. 1971. “La politica comparata: premesse e problemi”, Rivista Italiana di Scienza Politica, I (1).

Sartori, G. 1984. “Dove va la scienza politica”, en L. Graziano, La scienza politica in Italia, Milano: Angeli. [Esta crítica es más estructurada, el mismo Cansino lo tradujo al español y se publico, si no me equivoco, en 1989 el la revista Estudios Politicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, ello demuestra que el argumento de Sartori 2004, no es nuevo]

Sokal Alan, y Jean Bricmont. 1998. Intelectual impostures, London: Prifile Books.

Taagepera, R. 2007. “Why political science is not scientific enough: a symposium” y “Predictive versus posdictive models”, European Political Science, 6 (2), junio 2007.