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El Nobel en Ciencia Política

The Johan Skytte Prize in Political Science

Johan-skytte prizeLa Ciencia Política como tal, es una ciencia relativamente joven -se considera que con la Behavorism Revolution inicia su desarrollo- respecto de otras ciencias sociales, además de que todavía no logra consolidar un lenguaje propio sea por los desacuerdos a su interior, sea por la constante colonización -quiza necesaria, quiza no- de otras ciencias sociales a la cual sucumben viejos y jovenes politólogos: el neoinstitucionalismo que viene de la historia económica es un ejemplo de ello, o como Adam Przeworski señaló “son los economistas son los que hacen la mejor ciencia política actual”, por estas y otras mas razones, quiza no se ha considerado crear un Premio Nobel en Ciencia Política. Pero en 1994 se estableció el The Johan Skytte Prize in Political Science en la Universidad de Uppsala en Suecia en honor de Johan Skytte (1577-1645) un político destacado en su época. Consiste en una ceremonia dónde se entrega un monto de 500, 000 coronas suecas (unos 43,000 euros) y una medalla, entre otras cosas. El prestigio del premio reside en que se siguen prácticamente las mismas reglas que para el Nobel, y hasta ahora, -con ciertas excepciones segun se piense-, todos quienes lo han recibido son científicos sociales quienes, se compartan o no sus ideas, son necesarios para la comprensión y el estudio de la política contemporánea.

Desde 1995 el premio se ha otorgado a catorce destacados politólogos, las nominacione se reciben hasta diciembre del año anterior, y en abril de 2009 se conocerá quien lo recibirá este año. Mi voto es por Giovanni Sartori -que por azares del destino ha sido varias veces mencionado en este blog-, ya que el año pasado lo obtuvo un metodólogo de corte cuantitativista por excelencia: Rein Taagepera, Sartori es de la tradición cualitativista, comparativista de la vieja y prestigiada guardia, y en los útimos años ha recibido varios premios y se han publicado obras en su honor (véanse las Novedades en este blog), sólo le faltaría éste que coronaría su carrera.

Año

Nombre

Universidad/País

1995

Robert A. Dahl

Yale-USA

1996

Juan J. Linz

Yale-USA

1997

Arend Lijphart

California-USA

1998

Alex George

Stanford-USA

1999

Elinor Ostrom

Indiana-USA

2000

Fritz W. Scharpf

Max Planck I.-Germany

2001

Brian Barry

Columbia-USA

2002

Sidney Verba

Harvard-USA

2003

Hanna Pitkin

Berkeley-USA

2004

Jean Blondel

IUE-Italy

2005

Robert Keohane

Princeton-USA

2006

Robert Putnam

Harvard-USA

2007

Theda Skocpol

Harvard-USA

2008

Rein Taagepera

California-USA

Giovanni Sartori, vida privada

Esta no es una noticia propiamente de la Ciencia Política, es mas una suerte de goosip, chisme o como se quiera llamar, interesante sólo por curiosidad. Quiza de la vida privada de Sartori se sabe poco, incluso, en Passion Craft and Method in Comparative Politcs  (2007), de Snyder y G. Munck, hay algunas entrevistas dónde algunos politólogos dejan ver un poco de su vida privada, otros no, como Huntington. Sartori no fué uno de los entrevistados a pesar de que los últimos años de su vida académica la ha desarrollado en EUA (véanse Novedades en este blog). Esta es la entrevista en el diario Il Corriere della Sera  hecha por el periodista Mario Prignano:

5 de marzo de 2009

Sartori«Esto es por lo que me comprometo a los 85 años»

El politólogo de fama internacional cuenta como conoció a Isabella Gherardi, pintora y fotógrafa

Isabella Gherardi y Giovanni Sartori son una nueva pareja. Ella artista, pintora y fotógrafa reconocida dentro y fuera de Italia, autora de etereos, fantasmagóricos desnudos de mujer, todas con ojos grandes y con el pubis obscuro; él un politólogo entre los más leídos y estudiados en el mundo, ferreo censor de los males de las instituciones de la patria, editorialista respetado y temido, Profesor de la Universidad de Florencia, su ciudad, y después en Stanford, Yale, Harvard y en la Columbia University de Nueva York, nueve Doctorados Honoris causa…

 

Sartori: «Diga incluso cuantos años tengo, así estamos bien…»

Pero quizá no es elegante

S: «de todos modos todo está en mis biografías»

Profesor ¿Cómo sucedió?

S: «Ah, no me vea a mí. Si usted recuerda, yo sobre mi vida privada solo cuento mentiras»

Esta bien, Isabel ¿Cómo sucedió?

Gherardi: «la primera vez que nos vimos fue hace tres años»

S: «según yo eran treinta» dice levantándose y poniéndose los anteojos

Entonces es verdad que cuenta mentiras!

Isabella Ghirardi hace la cabeza hacia atrás y ríe: «digamos hace algunos años…Fue en la presentación de un libro. Yo tenía la curiosidad de verlo, escuchaba a todas las señoras que chismeaban “Cómo es fascinante el profesor, cómo es fascinante el profesor… Pero allí todo terminó”»

Porque Sartori, como muchos hombres de edad importante, ejercen una fascinación particular sobre las mujeres muy jóvenes que ellos. ¿Usted como se lo explica?

G: «puedo decirle que él me ha fascinado con su inteligencia, su vitalidad, su modo riguroso de pensar, su capacidad de atraerme y mantenerme junto a él con la palabra y la razón». Sin contar sus fulminantes bromas».
S.: «estoy de acuerdo, eh, eh».

Dicen que los intelectuales son todos vanidosos. ¿Usted se considera vanidoso, Profesor Sartori?
S.:
«¿Yo? Mucho. En el Carnaval me disfrazo siempre de pavo y hago un recorrido».
G.: «Como dice el crítico de arte Achille Bonito Oliva: “La vanidad es la pret à porter del narcisismo”».
S.: «…pero creo que el arma de seducción por excelencia, para un hombre, es la persistencia».
Tomar a la mujer por agotamiento.
G.: «No estoy de acuerdo. Yo no cedería nunca ante una persona que me corteja de manera obsesiva».
Pero de hecho, en su caso, sucedió al contrario, me parece. La iniciativa inició por Isabella.
S.:
«Pero yo nunca he dicho de mi el ser persistente e insitente con las mujeres. Pero tengo muchos amigos que si son así. Además de que muchas mujeres sufren por el tiempo perdido. La admiración lo sustituye».
Y entonces ¿como hace para tener tanto éxito con las mujeres?
S.:
«Mucho, si, mucho. Mi fuerza está en que no me preocupo de mi edad».
Tengo curiosidad de saber que encontró el profesor Sartori en la arquitecta-pintora-fotógrafa Isabella Gherardi, que le ha cambiando la vida.
S.:
«Lo primero es que Isabella tiene su vida y su trabajo (además de ser una gran bella mujer). Yo me aterrorizo de las mujeres que después de traído y educado a sus hijos no saben que hacer. Debo decir que Isabella lee muchísimo. Que ella supiera quién era Samuel Johnson podría no ser extraño; en el fondo Johnson fue una de las personalidades de mayor renombre del Settecento inglés. Pero que hubiera leído su biografía escrita por James Boswell, me dejó impresionado. Un día, después, en la mesa,  le dije que yo era “apoto” e Isabella no puso la cara de admiración que hace en este momento».
Confieso que yo me siento soprendido.
S.:
«Viene del griego antiguo. Significa “aquel que no bebe”. Fue acuñado por Papini y Prezzolini».
Entiendo. Todo esto, sin embargo, cuando sucedió? Después que pasó?
G.:
«El año pasado, en mayo, propuse al Corriere della Sera, en su edición de Florencia, para el cual hago una columna, fotografiar al profesor Sartori junto a otros hombres que según yo encarnan cierta idea de elegancia. Y cuando me encontré cara a cara con él, ¿quiere saber que me dijo? “Señorita, aquí en Florencia no tengo mucho mercado. Pero en Nueva York…”. Y me plantó allí».
S.: «No es que no tuviera mercado en Florencia. Solo que en Nueva York, con un departamento situado en el piso veintisiete y con una vista de casi trescientos sesenta grados, del lado de Central Park, el “mercado” era más amplio».
G.: «Después, en Septiembre, lo encontré nuevamente en Nueva York, a dónde había ido para hacer algunas entrevistas, entre las cuales la suya. Quería escribir un artículo sobre algunos personajes y los objetos más importantes para ellos. Así descubrí que Sartori  tenía una masa extraordinaria a la cual estaba muy afeccionado. Y para fotografiarlo fuí a su casa en Nueva York».
¿Una mesa?
S.:
«Mi mesa de trabajo favorita, un objeto del Settecento, muy angosta y ancha de casi tres metros».
Galeotto fue la mesa, entonces.
G.: «Eh si, quizá todo fue merito de esa mesa. Como sea, terminamos juntos a finales del otoño».
Pero ¿Como viven juntos un politólogo de fama mundial y un artista fuera de los esquemas? ¿Que aprenden uno de otro?
S.:
«Ella me pone patas arriba el día, me mueve todo. Pero pinta cuadros que me encantan y que iluminan la casa. Este de aquí», señala una enorme acuarela de Isabella que parece un autoretrato, con los ojos grades, la boca entre abierta, «es el queme gusta más de todos».
G.: «Somos también de carácter diferente. Él es tranquilo, metódico, racional. Yo soy de un espíritu inquieto, impulsivo, me gusta improvisar. Es ésta diversidad que nos compensa y enriquece».

Vamos de jóvenes-viejos en política, profesor.
S.: «No se salva uno. Evitemos los nombres, pero hoy, tanto a derecha como a la izquierda no veo ninguna personalidad con espesor, ni un estadista in pectore. Nada».
¿Ni siquiera en la historia recientemente pasada ha existido alguien que haya hecho algo bueno?
Mientras el profesor piensa, Isabella dice: «Quizá Craxi, en sus primeros años».
S.: «Craxi era personalmente arrogante y antipático, pero tuvo el merito de emancipar al partido socialista de la posición de súbdito del Pci. Solo que después permaneció enviciado en los mecanismos del dinero y del poder».
Piensa usted también que en Italia exista una dictadura invisible?
S.:
«Históricamente la dictadura siempre ha significado la transformación del entramado institucional, como sucedió con Mussolini y Hitler. Berlusconi, al contrario, no tiene la necesidad de cambiar la Constitución, su estrategia es ocupar todos los puestos de mando. No, su sistema de poder lo definiría sobre todo como una estrategia de un sultanado, con su harem y su corte. Como explico en la última compilación de Laterza, de mis editoriales en el Corriere, que se titula de hecho “Il Sultanato” que será publicado próximamente en marzo».
Y yo que esperaba de terminar la entrevista con un mensaje positivo, profesor ¿Que hacemos?
S.:
«Dejemos que concluya Isabella».
Entonces hablemos ahora de arte. ¿Es posible que la crisis de la cual estamos debatiendo, al final nos ayudará a descubrir el arte en sí mismo y no como un negocio relacionado a los vaivenes del mercado?
G.:
«Yo creo que sí. Y creo que también están terminando ciertos estereotipos de una determinada academia, relacionada a presuntas corrientes artísticas de izquierda y de derecha. Creo, de hecho, que con una de-ideologización y des-mercantilización, el arte será quiza de nuevo la pura expresión del sentimiento y de las ideas».
¿Tienen proyectos para el futuro?
S.:
«Quiere saber si existen aires de matrimonio?
Lo pensaremos en los próximos decenios».