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La (im)posible Democracia Digital

¿Cual es el Destino de la Democracia? 

Para L. Morlino, no se puede saber. Lo que si podemos saber, afirma, es que actualmente se están presentado o conformando regímenes que pensábamos estaban o habían transitado a la democracia: son los regímenes híbridos. Éstos contienen elementos democráticos (elecciones regulares, sobre todo) y autoritarios (concentración del poder en una sola persona, deficiente control de los políticos, etc.).  Otro problema de la democracia actual es el debilitamiento del voto retrospectivo, el cual permite evaluar los gobiernos. Hoy estamos ante la fuerte presencia del voto prospectivo, que se basa sólo en expectativas, hay que preguntarse que tan efectivo puede ser un gobernante que llega al poder con sólo con una lista de expectativas. ” Pero si me preguntan cual és el destino de la democracia -dice Morlino-, no lo sé”.

“Si yo fuera furbo como Morlino, también respondería que sobre el destino de la democracia, no se. Pero como no soy Morlino,  creo que si puedo decir algo”. Palabras de Giovanni Sartori, star de la politología -llamado así en el diario Il Mattino-, para quien la democracia actual pudiera estar en riesgo. “Hoy por hoy es insustituible y ello porque no existe ningún principio de legitimidad que pueda sustituir el principio de representación democrática como si lo había, por ejemplo, en los años 30 en Europa”. La democracia no es exportable -dice Sartori- (¿que dirán los democracy-promoters de IDEA?), la democracia se elige. Por ello no nos debemos sorprender de los fracasos de EUA en Afganistán e Irak, solo por mencionar.

Sartori en NISA“La única democracia practicable es la democracia representativa”. Y no nos debemos equivocar, la representación tiene un origen bien definido: los representantes representan -valga la redundancia- a la nación, no a los electores. “Y esto es así porque creer que los representantes representan a los electores es volver a la idea de representación medieval, dónde en las asambleas los representantes hablaban en nombre de los señores feudales o de las corporaciones”. Los franceses inventaron precisamente la idea de representación del pueblo, o de la nación, esa idea que es una ilusión, una idea, una figuración -porque nadie puede identificar al pueblo o a la nación, pero se sabe que existen- y que se contrapone a la idea de representar a alguien, es decir, a una parte, como sucedía en el medievo.

“¿Más demos es más democracia?”  No, la democracia representativa se basa en que los electores eligen a una élite. Los electores deben saber a quien eligen, y las élites algo deben saber. “Escribí un libro que no es citado en el mundo académico de la politología porque no lo toman en serio. Sí, es un panfleto, Homovidens, no es un libro politológico, pero da pié a muchas reflexiones”. La democracia está en grave peligro, porque el Homovidens es el que actualmente elige, y ¿sobre qué elige?. Lo que no se ve en la TV no existe. ¿Cómo se puede ver la justicia en la TV? ¿Es posible identificar la igualdad en un programa de TV?. Por ello los electores, el demos, hoy está siendo manipulado por las imágenes y una imagen no permite evaluar los porqués de ella.

“No obstante, la democracia puede funcionar, y ésta es la democracia representativa, la liberal, que se basa en principios, y es un sistema ético-politico, es la Demo-protección; no la autogestión o el Demo-poder, esto sería una degeneración,  y la historia nos ha mostrado su fracaso.”

No hay espacio para preguntas y respuestas, todos se levantan. Me acerco y le digo: “Profesor Sartori. Si, efectivamente usted ha basado sus ideas en la fuerte influencia de la  TV, ¿Pero que decir de la Internet? ¿Es posible la Democracia Digital como algunos teorizan o la desean?” Y Sartori me responde “La democracia es mucho mas que chatear”.

(Obviamente me dijo mas…) 

Coloquio “El Destino de la Democracia. Relativismo y Universalización”, Castell dell’Ovo, Nápoles, 21-23-mayo.

Giovanni Sartori, vida privada

Esta no es una noticia propiamente de la Ciencia Política, es mas una suerte de goosip, chisme o como se quiera llamar, interesante sólo por curiosidad. Quiza de la vida privada de Sartori se sabe poco, incluso, en Passion Craft and Method in Comparative Politcs  (2007), de Snyder y G. Munck, hay algunas entrevistas dónde algunos politólogos dejan ver un poco de su vida privada, otros no, como Huntington. Sartori no fué uno de los entrevistados a pesar de que los últimos años de su vida académica la ha desarrollado en EUA (véanse Novedades en este blog). Esta es la entrevista en el diario Il Corriere della Sera  hecha por el periodista Mario Prignano:

5 de marzo de 2009

Sartori«Esto es por lo que me comprometo a los 85 años»

El politólogo de fama internacional cuenta como conoció a Isabella Gherardi, pintora y fotógrafa

Isabella Gherardi y Giovanni Sartori son una nueva pareja. Ella artista, pintora y fotógrafa reconocida dentro y fuera de Italia, autora de etereos, fantasmagóricos desnudos de mujer, todas con ojos grandes y con el pubis obscuro; él un politólogo entre los más leídos y estudiados en el mundo, ferreo censor de los males de las instituciones de la patria, editorialista respetado y temido, Profesor de la Universidad de Florencia, su ciudad, y después en Stanford, Yale, Harvard y en la Columbia University de Nueva York, nueve Doctorados Honoris causa…

 

Sartori: «Diga incluso cuantos años tengo, así estamos bien…»

Pero quizá no es elegante

S: «de todos modos todo está en mis biografías»

Profesor ¿Cómo sucedió?

S: «Ah, no me vea a mí. Si usted recuerda, yo sobre mi vida privada solo cuento mentiras»

Esta bien, Isabel ¿Cómo sucedió?

Gherardi: «la primera vez que nos vimos fue hace tres años»

S: «según yo eran treinta» dice levantándose y poniéndose los anteojos

Entonces es verdad que cuenta mentiras!

Isabella Ghirardi hace la cabeza hacia atrás y ríe: «digamos hace algunos años…Fue en la presentación de un libro. Yo tenía la curiosidad de verlo, escuchaba a todas las señoras que chismeaban “Cómo es fascinante el profesor, cómo es fascinante el profesor… Pero allí todo terminó”»

Porque Sartori, como muchos hombres de edad importante, ejercen una fascinación particular sobre las mujeres muy jóvenes que ellos. ¿Usted como se lo explica?

G: «puedo decirle que él me ha fascinado con su inteligencia, su vitalidad, su modo riguroso de pensar, su capacidad de atraerme y mantenerme junto a él con la palabra y la razón». Sin contar sus fulminantes bromas».
S.: «estoy de acuerdo, eh, eh».

Dicen que los intelectuales son todos vanidosos. ¿Usted se considera vanidoso, Profesor Sartori?
S.:
«¿Yo? Mucho. En el Carnaval me disfrazo siempre de pavo y hago un recorrido».
G.: «Como dice el crítico de arte Achille Bonito Oliva: “La vanidad es la pret à porter del narcisismo”».
S.: «…pero creo que el arma de seducción por excelencia, para un hombre, es la persistencia».
Tomar a la mujer por agotamiento.
G.: «No estoy de acuerdo. Yo no cedería nunca ante una persona que me corteja de manera obsesiva».
Pero de hecho, en su caso, sucedió al contrario, me parece. La iniciativa inició por Isabella.
S.:
«Pero yo nunca he dicho de mi el ser persistente e insitente con las mujeres. Pero tengo muchos amigos que si son así. Además de que muchas mujeres sufren por el tiempo perdido. La admiración lo sustituye».
Y entonces ¿como hace para tener tanto éxito con las mujeres?
S.:
«Mucho, si, mucho. Mi fuerza está en que no me preocupo de mi edad».
Tengo curiosidad de saber que encontró el profesor Sartori en la arquitecta-pintora-fotógrafa Isabella Gherardi, que le ha cambiando la vida.
S.:
«Lo primero es que Isabella tiene su vida y su trabajo (además de ser una gran bella mujer). Yo me aterrorizo de las mujeres que después de traído y educado a sus hijos no saben que hacer. Debo decir que Isabella lee muchísimo. Que ella supiera quién era Samuel Johnson podría no ser extraño; en el fondo Johnson fue una de las personalidades de mayor renombre del Settecento inglés. Pero que hubiera leído su biografía escrita por James Boswell, me dejó impresionado. Un día, después, en la mesa,  le dije que yo era “apoto” e Isabella no puso la cara de admiración que hace en este momento».
Confieso que yo me siento soprendido.
S.:
«Viene del griego antiguo. Significa “aquel que no bebe”. Fue acuñado por Papini y Prezzolini».
Entiendo. Todo esto, sin embargo, cuando sucedió? Después que pasó?
G.:
«El año pasado, en mayo, propuse al Corriere della Sera, en su edición de Florencia, para el cual hago una columna, fotografiar al profesor Sartori junto a otros hombres que según yo encarnan cierta idea de elegancia. Y cuando me encontré cara a cara con él, ¿quiere saber que me dijo? “Señorita, aquí en Florencia no tengo mucho mercado. Pero en Nueva York…”. Y me plantó allí».
S.: «No es que no tuviera mercado en Florencia. Solo que en Nueva York, con un departamento situado en el piso veintisiete y con una vista de casi trescientos sesenta grados, del lado de Central Park, el “mercado” era más amplio».
G.: «Después, en Septiembre, lo encontré nuevamente en Nueva York, a dónde había ido para hacer algunas entrevistas, entre las cuales la suya. Quería escribir un artículo sobre algunos personajes y los objetos más importantes para ellos. Así descubrí que Sartori  tenía una masa extraordinaria a la cual estaba muy afeccionado. Y para fotografiarlo fuí a su casa en Nueva York».
¿Una mesa?
S.:
«Mi mesa de trabajo favorita, un objeto del Settecento, muy angosta y ancha de casi tres metros».
Galeotto fue la mesa, entonces.
G.: «Eh si, quizá todo fue merito de esa mesa. Como sea, terminamos juntos a finales del otoño».
Pero ¿Como viven juntos un politólogo de fama mundial y un artista fuera de los esquemas? ¿Que aprenden uno de otro?
S.:
«Ella me pone patas arriba el día, me mueve todo. Pero pinta cuadros que me encantan y que iluminan la casa. Este de aquí», señala una enorme acuarela de Isabella que parece un autoretrato, con los ojos grades, la boca entre abierta, «es el queme gusta más de todos».
G.: «Somos también de carácter diferente. Él es tranquilo, metódico, racional. Yo soy de un espíritu inquieto, impulsivo, me gusta improvisar. Es ésta diversidad que nos compensa y enriquece».

Vamos de jóvenes-viejos en política, profesor.
S.: «No se salva uno. Evitemos los nombres, pero hoy, tanto a derecha como a la izquierda no veo ninguna personalidad con espesor, ni un estadista in pectore. Nada».
¿Ni siquiera en la historia recientemente pasada ha existido alguien que haya hecho algo bueno?
Mientras el profesor piensa, Isabella dice: «Quizá Craxi, en sus primeros años».
S.: «Craxi era personalmente arrogante y antipático, pero tuvo el merito de emancipar al partido socialista de la posición de súbdito del Pci. Solo que después permaneció enviciado en los mecanismos del dinero y del poder».
Piensa usted también que en Italia exista una dictadura invisible?
S.:
«Históricamente la dictadura siempre ha significado la transformación del entramado institucional, como sucedió con Mussolini y Hitler. Berlusconi, al contrario, no tiene la necesidad de cambiar la Constitución, su estrategia es ocupar todos los puestos de mando. No, su sistema de poder lo definiría sobre todo como una estrategia de un sultanado, con su harem y su corte. Como explico en la última compilación de Laterza, de mis editoriales en el Corriere, que se titula de hecho “Il Sultanato” que será publicado próximamente en marzo».
Y yo que esperaba de terminar la entrevista con un mensaje positivo, profesor ¿Que hacemos?
S.:
«Dejemos que concluya Isabella».
Entonces hablemos ahora de arte. ¿Es posible que la crisis de la cual estamos debatiendo, al final nos ayudará a descubrir el arte en sí mismo y no como un negocio relacionado a los vaivenes del mercado?
G.:
«Yo creo que sí. Y creo que también están terminando ciertos estereotipos de una determinada academia, relacionada a presuntas corrientes artísticas de izquierda y de derecha. Creo, de hecho, que con una de-ideologización y des-mercantilización, el arte será quiza de nuevo la pura expresión del sentimiento y de las ideas».
¿Tienen proyectos para el futuro?
S.:
«Quiere saber si existen aires de matrimonio?
Lo pensaremos en los próximos decenios».