Archivo mensual: noviembre 2009

Aborto: cuestión de salud pública, no moral

Desde la perspectiva de la política y el Estado, el aborto no es una cuestión moral, es de salud publica. No se trata si estar de acuerdo o no con el aborto, tal discusión nunca se va a terminar. Hay muchas mujeres que abortan, punto. Si lo hacen por cuestiones de salud o porque fueron violadas tienen todo el derecho; o si lo hacen  porque no tienen dinero,  no quieren tener el hijo, etc. esa es una cuestión personal. Sea por el motivo que sea, el Estado debe procurar que, como cualquier intervención quirúrgica, se haga bajo medidas sanitarias óptimas.

Prohibirlo o penalizarlo no impide su práctica y de hecho aumenta la clandestinidad y el número de mujeres que pierden su vida o sufren secuelas negativas. El aborto no es una práctica que se circunscriba a una clase social, lo hacen mujeres de clases altas como mujeres pobres, católicas o de otras religiones.  La diferencia estriba en que, si está prohibido, unas acuden a un hospital privado y pagan por un buen servicio, mientras otras acuden a practicantes   clandestinos poniendo en riesgo su vida.

Cuando la mujer sufre una violación, o su vida está en riesgo, está en todo su derecho a abortar, como se supone que una buena ley debe permitírselo y médicos con ética deben practicárselo, y en éstos casos o similares, no cabe el argumento ni de conservadores (el derecho a la vida) ni de liberistas (el derecho a decidir). Tan extremo es argumentar que una mujer que aborta es que no está a favor de la vida y que por tanto habría que castigar su conducta, como aquellos que dicen que están en su derecho de hacer lo que quieran. Ambos argumentos pertenecen al ámbito privado y deberían quedarse allí. El Estado y los gobierno lo único que deben asegurar -de nuevo- es que si una mujer tiene o desea practicarse una aborto se haga bajo medidas de salubridad.

En general, decidir por el aborto no es una decisión fácil, son pocas mujeres que se pueden jactar de haberlo practicado sin sufrir consecuencias psicológicas. Si la decisión personal es complicada, el Estado no tiene porqué complicarlo más.

Las sociedades latinoamericanas tienen muchos tabus, y el aborto ha sido uno de ellos (ya no digamos el divorcio o la homosexualidad). Sobre el aborto existen muchos mitos, y uno que esgrimen los más conservadores, apoyados en la iglesia católica, es que la vida comienza desde la concepción. Tabus y mitos de ésta naturaleza difícilmente van a desaparecer. Históricamente, van y vienen.

Si no me equivoco, Voltaire dijo una vez que “la ley ha hecho a ritmo de caracol lo que debería ser  a vuelo de águila”, por ello no debería sorprender a varios ‘juristas’ y ‘estudiosos del derecho’, argumentar que la ley debo proteger al ser humano desde la concepción (una postura de origen católica, que otras religiones como el judaísmo o le hinduísmo no compartirían). Y más aún, argumentan con ejemplos sobre los cuales no existe objeción, como aquellos de ‘¿y si a tí te hubieran abortado?’, y otros similares.

Estos y otros deberían recordar que la idea “el ser humano existe desde la concepción” es muy reciente: durante muchos siglos, la mortalidad infantil era tan alta, que incluso los niños -salvo en las clases altas- no tenían tantos cuidados como en la era contemporánea (XIX y XX). El embarazo era un periodo ambiguo en la vida de las mujeres. Fueron los avances de la medicina que al mismo tiempo trajeron consigo una visión diferente de la infancia y el embarazo.

En el caso de México, pero también en Argentina y Chile -por mencionar-  muchos políticos y “representantes de la sociedad civil” todavía viven en el siglo XIX. Argumentos del tipo “el feto es un ser humano”, como “derecho a decidir” llegan a ser a veces tan extremos en su postura que olvidan lo importante: la salud de la mujer, y por lo tanto, de la sociedad.

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Yoani Sánchez: Vivir y escribir en la Habana

Para quienes medianamente navegan por blogs de política, el nombre de Yoani Sánchez no les es extraño. Una chica cubana que desde hace años publica Generación Y de una forma casi heroica, por las dificultades que han creado en su país para acceder a la información. No creo que sea necesario abundar en la coyuntura a la que se ha enfrentado en las últimas fechas (de ello abundan noticias), sino en el contexto en el que se desenvuelve su actividad.
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Para muchos latinoamericanos el sistema socialista de Cuba y Fidel Castro (léase él líder y su grupo), una simbiosis de ideología-personalismo-sistema-idolatría,  representan todavía una opción al capitalismo, no obstante el muro de Berlín haya caído hace ya 20 años y la URSS se haya desintegrado de una forma que nadie se esperaba, mostrando simplemente que el socialismo ‘real’ o no –China aparte- es un sistema insostenible porque contiene contradicciones más graves que las que trató de superar.
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En la actualidad en algunos países quienes sostienen que el socialismo todavía es una opción y la revolución es un camino, son generalmente pequeñoburgueses que cuentan con lo suficiente para no trabajar y permitirse el activismo político como forma de vida, no voltean los ojos a Corea del Norte ni a Libia por ejemplo, algunos todavía llegan a leer los textos marxistas como evangelios, no como tratados sociológicos,  y viven de la crítica predicando entre los conversos. Ya no existen aquellos socialistas que visitaban las fábricas y se reunían con los campesinos, hoy los aún sostenedores de éste sistema gustan sólo criticar desde diarios que sólo leerán sus incondicionales -¿no sería mejor convertir a los herejes?-.  Un trabajador, un obrero o un campesino, antes que pensar en la revolución, piensa en llevar comida a su familia (me adelanto a los críticos: Zapata no era un pobre campesino). Más aún, quienes desean la revolución sólo hablan de dientes para afuera. Quizá el ejemplo más claro es el Sub-comandante Marcos (un ícono para los radical-chic y los turistas revolucionarios), quien hace años en una entrevista al prestigiado y quizá uno de los pocos periodistas serios que ha tenido México, Julio Scherer, le dijo “Yo no soy un revolucionario, soy un rebelde”. Pues si, entre rebeldía y revolución hay un mar de diferencia. Ya lo decía Erasmo de Rotterdam: “La guerra es grata a los inexpertos”. Se podría decir quizá en defensa de Marcos que la rebeldía es el primer paso para la revolución, pero desafortunadamente allí dónde hace falta no existen revolucionarios.
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Creo que Yoani Sánchez no es una revolucionaria, y tampoco creo que haya que inflar su imagen más allá de las justas dimensiones, quizá sea una rebelde, a su modo, y eso habrá que reconocérselo, porque es rebelde sin ese aire que se dan aquellos que en realidad no lo son. Lo que si es cierto, es que ese tipo de rebeldía es el grano de arena que a la larga lleva a la Revolución –no necesariamente violenta-. A través de sus post en Generación Y muestra la vida cotidiana en una Cuba que los seguidores del sistema político allí imperante no desean ver: comida racionada, ausencia de medios de comunicación libres, un grande mercado negro de productos necesarios, las largas filas para el pan, la constante reducción de la calidad de vida, la farsa del “excelente” servicio de salud, etc.
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No repetiré lo que se puede leer en su sitio. Lo paradójico es que no la he conocido a través de internet, sino por la publicación de sus comunicaciones en Internazionale, un semanario italiano que reproduce en sus páginas lo mejor del periodismo internacional. En mayo de 2009 se publicó también en Italia el libro “Cuba Libre. Vivir y escribir en la Habana” (Milano, Rizzoli, 2009) que recoge todos sus posts hasta inicios de éste año y traducidos por Giordano Lupi.
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Yoani Sánchez ha recibido algunos premios en EUA y España, pero el sistema cubano no le ha permitido salir de la isla, y en los últimos meses han endurecido la vigilancia sobre su persona al grado ya de ser agredida físicamente. Cuando un sistema empieza a fenecer, endurece sus actitudes. En México así sucedió desde 1988 hasta 2000, como no recordar la frase del líder sindical Fidel Velázquez quien dijo que si el PRI perdía habría una guerra, pues -parafraseo- “llegamos por las armas y por las armas habrán de sacarnos”. No dudo que en Cuba existan quienes digan lo mismo, si ya la consigna de Fidel Castro que también es el lema de dicha nación no deja opciones (“Patria o Muerte”), entonces los caminos se cierran. Castro en su momento llevó a cabo un cambio necesario, fue (es) un hombre que dio el paso de la rebeldía a la revolución, pero no supo dar el siguiente, que implicaba no personalizar el sistema y sobre todo no limitar las libertades, y quienes ahora tratan de heredar su poder no quieren darlo.
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La lectura de los textos de Yoani Sánchez, que hablan de la cotidianidad, las compras, la TV, la tecnología, etc. muestran lo que ya muchos saben: el embargo de EUA a la isla no ha dañado más que a los ciudadanos cubanos, no a quienes están en el poder. Por ello sorprende que en su carta dirigida a Obama (quien no ha hecho nada por la Paz pero lo concedieron el Nobel) no le haya hecho ninguna pregunta respecto al embargo, siendo que la misma Yoani sufre sus efectos. Sus post, sobre todo muestran una Cuba que sobrevive al socialismo no por convicción sino por aguante, una sociedad cansada que no tiene siquiera muchas fuerzas para protestar. Ojalá no sea así.